Mons. Leopoldo González González
El martes próximo,
primero de septiembre, celebramos la “XI Jornada Mundial de Oración por el
Cuidado de la Creación”. El Papa Francisco la instituyó con la finalidad de que
fuera para todos “una valiosa oportunidad de renovar la adhesión personal a la
propia vocación de custodios de la creación, elevando a Dios una acción de
gracias por la maravillosa obra que Él ha confiado a nuestro cuidado, invocando
su ayuda para la protección de la creación y su misericordia por los pecados
cometidos contra el mundo en el que vivimos”. Es una invitación a
contemplar el don de la vida y a apreciar esta tierra que la sustenta y que
Dios nos ha confiado.
Las grandes crisis que vivimos en nuestros días, la enorme carga
de sufrimiento humano y el deterioro cada vez mayor de nuestra casa común son
una queja a la que no podemos hacer oídos sordos, son un grito de nuestro mundo
herido que nos reclama sanación y paz.
En su mensaje, el Papa
León XIV nos hace ver que la guerra y el grave deterioro ambiental que sufrimos
están muy conectados: “La guerra deja heridas que se extienden mucho más allá
del campo de batalla. Cobra vidas, desintegra a las familias y fuerza a
millones de personas a abandonar sus hogares, aumentando el miedo, la
injusticia y la división. La guerra además deja una destrucción social y
ecológica que perdura por generaciones”. Y en seguida nos hace ver que guerra y
deterioro ambiental exigen no sólo la responsabilidad de las naciones para
cambiar los instrumentos de muerte en fuentes generadoras de vida, “convertir
las espadas en arados”, “sino también una conversión del corazón que rinda
frutos en una fidelidad más profunda a Dios, en el amor mutuo y en el respeto
por el don de la creación”. Y nos invita a vivir, con la gracia de Dios, una
conversión personal y colectiva más profunda, “un regreso a Dios, que reordene
nuestros deseos, sane nuestras heridas y nos ayude a crecer en la virtud”.
Si volvemos nuestro corazón a Dios, se abren nuevas posibilidades:
“Lo que ha sido utilizado para la destrucción puede ser redirigido hacia la
vida: al cuidado de los pobres, al sustento alimentario de los hambrientos y al
cuidado de la creación. Este es el camino de la auténtica conversión ecológica,
donde los efectos de nuestro encuentro con Jesucristo se hacen evidentes en
nuestra relación con el mundo que nos rodea. La paz entonces comienza en
nuestro corazón y se proyecta hacia nuestras relaciones, nuestras comunidades y
al mundo en su conjunto”. Bien sabemos que no se construye con las armas, éstas
destruyen, la paz se construye con “la verdad, el diálogo, la paciencia, la
bondad, la justicia, la misericordia, la comprensión, el cuidado y el amor. Estos
instrumentos brotan de los corazones formados por el Evangelio y sostenidos por
la gracia de Dios. Sólo estas cualidades poseen el poder de transformar
individuos, renovar comunidades y sanar las heridas de nuestro mundo”.
Este es el llamado que el Papa nos hace: “dejar que nuestros
corazones sean renovados, de tal manera que favorezcamos la paz y el cuidado de
la creación”. Desde nuestro corazón, “convertir las espadas en arados”. Todos,
artesanos de paz.
+ Los invito a unirnos
a la iniciativa ecuménica para vivir “el tiempo de la creación” del 1 de
septiembre al 4 de octubre. Se tengan en
cada parroquia momentos de oración y reflexión en torno al mensaje del Papa. Los
invito a celebrar “la Misa por el Cuidado de la Creación”. Ya se nos ha enviado
el esquema. Les recuerdo a los jóvenes y adolescentes que fueron confirmados,
el compromiso de plantar un árbol o cultivar 5 macetas con plantas comestibles
en su casa.
+++MES DE LA BIBLIA: El martes próximo, con el favor de Dios,
iniciamos el mes de septiembre, en el que la Iglesia nos invita a “desarrollar
en nuestras comunidades, algunas actividades que nos permitan acercarnos mejor
y con más provecho a la Sagrada Escritura”. Ya se nos han hecho llegar a los
Padres subsidios para celebrar este “Mes de la Biblia”: 3 esquemas para la
Entronización de la Palabra de Dios, cinco catequesis y tres esquemas de Hora
Santa. Los invito a vivir este mes más a la escucha de la Palabra de Dios en la
Sagrada Escritura.