Mons. Leopoldo González González
+ El próximo martes, 15 de septiembre,
celebraremos a la Virgen María, Nuestra Señora de la Soledad, Patrona de
nuestra Arquidiócesis. Hace poco una persona me decía que al mirar su bendita
imagen e invocarla, se siente muy acompañada, y que eso le hace mucho bien para
vivir la semana. Acostumbremos cada mañana mirar e invocar a la Virgen María,
ella nos ayudará a hacer mucho bien toda la semana.
+ En la visita pastoral a una parroquia, me impresionó el número
de personas solas, sobre todo personas ancianas, a las que desde la pastoral
social atendían, visitándolas y acercándoles alimento. Es un pueblo pequeño,
rural. Qué bueno que hay esa ayuda, les agradecí y busqué fortalecerles en su
servicio, pero me impresionó que tantas personas estuvieran viviendo
solas.
+ Hace años el Papa Francisco nos hablaba de la soledad como del
drama que aún aflige a muchos hombres y mujeres. Nos decía: “Pienso en los
ancianos abandonados incluso por sus seres queridos y sus propios hijos; en los
viudos y viudas; en tantos hombres y mujeres dejados por su propia esposa y por
su propio marido; en tantas personas que de hecho se sienten solas, no
comprendidas y no escuchadas; en los emigrantes y los refugiados que huyen de
la guerra y la persecución; y en tantos jóvenes víctimas de la cultura del
consumo, del usar y tirar, y de la cultura del descarte… Son cada vez más las
personas que se sienten solas, y las que se encierran en el egoísmo, en la
melancolía, en la violencia destructiva y en la esclavitud del placer y del
dios dinero.” Y el Papa León XIV nos ha pedido en reiteradas ocasiones que no
permitamos que se normalicen la soledad y el abandono de las personas.
+ La Virgen María es nuestra Señora de la Soledad, porque nunca
nos deja solos. El Evangelio nos dice que esa fue su manera de actuar. Se dio
cuenta de la soledad en que se encontraba su prima Isabel, y presurosa fue a
ayudarle. Escuchó el llanto del Niño en Belén y lo tomó en brazos estrechándolo
a su pecho. Al pie de la cruz, en la que Jesús parecía completamente solo, ahí
se encuentra ella. Escucha a Jesús y en el discípulo nos acepta a cada uno como
hijos suyos y nos tiene en su amor de Madre. Cuando está a punto de nacer la
Iglesia, a la espera del Espíritu Santo, ahí está ella en oración en medio de
los apóstoles. Y en la historia de nuestra patria, en el Tepeyac, cuando era
muy grande la soledad de nuestros antepasados, nos dice en San Juan Diego: “¿Acaso
no estoy yo aquí que soy tu Madre?”. ¡Cómo se parece la Virgen María a Jesús,
su Hijo, el Buen Samaritano! En ella miramos su cercanía, su compasión y su
ternura. Nunca nos deja solos. Parecernos a la Virgen María nos acerca a
Jesús.
+ ¿Nos sentimos solos? Tengamos en
cuenta esto que nos decía el Papa Francisco: “La soledad se vence no
encerrándose en uno mismo sino invocando al Señor, porque el Señor escucha el
grito del que está solo… La soledad no ofrece salidas; la oración sí,
porque es relación, confianza…”.
+ Miremos más allá de nosotros mismos y descubramos la soledad de
muchas personas. Ahí muy cerca, en nuestra casa. ¿Qué podemos hacer para avivar
la solidez y la fecundidad del amor en nuestro matrimonio? En lo próspero y en
lo adverso, en la salud y en la enfermedad… ¡Cuánta seguridad da esta cercanía!
No descuidemos la calidez de nuestro trato diario en el hogar. Cada mañana saludarnos,
mirarnos a los ojos y preguntar cómo estamos. No olvidar las tres palabras que nos
hacen muy cercanos: gracias, permiso, perdón.
+ Más allá de nuestro hogar, entre familiares, amigos, vecinos,
conocidos, ¿Quiénes están solos? Muchas veces el ser víctima de las violencias
nos hace sentir solos, muy solos. ¿Alguien ha sido víctima de las violencias?
¿Le han asesinado o desparecido algún ser querido? ¿Es víctima del cobro de
cuota o de piso? ¿Qué cercanía podemos vivir con ellos? No dejemos de hacerlo.
Eso nos hace parecidos a la Virgen María, nuestra Madre, la Virgen de la
Soledad. Eso nos permite enjugar las lágrimas que aparecen en sus mejillas en
esta bendita imagen suya.
Pongamos en sus manos nuestra Patria: que
avancemos por caminos de justicia y de paz.