REMANSO DOMINICAL - XXII Domingo del Tiempo Ordinario A - "El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que tome su cruz y me siga” Mt. 16, 21 – 27 - - MAR ADENTRO - Seminario de Información y Evangelización de la Arquidiócesis de Acapulco

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sábado, 29 de agosto de 2026

REMANSO DOMINICAL - XXII Domingo del Tiempo Ordinario A - "El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que tome su cruz y me siga” Mt. 16, 21 – 27 -



Pbro. Lic. Bulmaro Hernández Morales


INTRODUCCIÓN

En el evangelio del domingo anterior, Pedro, inspirado por Dios, confiesa a Jesús como Mesías. Inmediatamente después, dejándose llevar por su propia inspiración, intenta apartarlo del plan que Dios le ha encomendado. El relato de Mateo 16,21-27, de este Domingo XXII del Tiempo Ordinario del Ciclo A, lo podemos dividir en tres momentos: el anuncio de la pasión; la reacción de Pedro; y las condiciones para seguir a Jesús.


TEXTO DEL EVANGELIO Mt 16, 21-27

En aquel tiempo, comenzó Jesús a anunciar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén para padecer allí mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que tenía que ser condenado a muerte y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y trató de disuadirlo, diciéndole: "No lo permita Dios, Señor; eso no te puede suceder a ti". Pero Jesús se volvió a Pedro y le dijo: "¡Apártate de mí, Satanás, y no intentes hacerme tropezar en mi camino, porque tu modo de pensar no es el de Dios, ¡sino el de los hombres!". Luego Jesús dijo a sus discípulos: "El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que tome su cruz y me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la encontrará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero, si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar uno a cambio para recobrarla? Porque el Hijo del hombre ha de venir rodeado de la gloria de su Padre, en compañía de sus ángeles, y entonces le dará a cada uno lo que merecen sus obras''.


ELEMENTOS PARA SU COMPRENSIÓN

 “Comenzó Jesús a anunciar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén”. Jesús habla ahora a sus discípulos de subir a Jerusalén. Las consecuencias serán: sufrimiento, muerte y resurrección. Los responsables serán las autoridades políticas (ancianos), las religiosas (sumos sacerdotes) e intelectuales (escribas). Estos tres grupos, se pondrán de acuerdo para juzgarlo, hacerlo sufrir y matarlo. Jesús sabe que lo que va a padecer en Jerusalén forma parte del plan de Dios. No es una simple conjetura humana. Por esta razón Jesús anuncia a sus discípulos “que tenía que ir a Jerusalén”, para cumplir con la misión que Dios le ha dado. Una misión que pasa por el sufrimiento, la muerte, pero que termina con la Resurrección. Para la concepción popular del Mesías, como la que podían tener Pedro y los otros, esto resulta inaudito. Sin embargo, la idea de un personaje que salva a su pueblo y triunfa a través del sufrimiento y la muerte no es desconocida al pueblo de Israel. La expresó un profeta anónimo, y su mensaje ha quedado en el c.53 de Isaías sobre el Siervo de Dios.

 “No lo permita Dios, Señor. Eso no te puede suceder a ti”. Lo que no le entra en la cabeza y en el corazón a Pedro es el “padecer mucho” y el “ser ejecutado”. Pedro dejándose llevar por su propio impulso responde con bastante crudeza. Él no está dispuesto a aceptar a un Mesías sufriente. Jesús mira en la reacción de Pedro una grave tentación y peligro. Es por ello que responde de una forma violenta: "¡Apártate de mí, Satanás, y no intentes hacerme tropezar en mi camino, porque tu modo de pensar no es el de Dios, ¡sino el de los hombres!". Los hombres tendemos a rechazar el sufrimiento y la muerte, no los vemos espontáneamente como algo de lo que se pueda sacar algún bien. Dios, en cambio, sabe que eso tan negativo puede producir gran fruto.

 “El que quiera venir conmigo, que renuncie así mismo, que tome su cruz y me siga”. Quien quiera ir de tras de Jesús ha de saber que su seguimiento lleva consigo tres grandes exigencias: negarse a sí mismo (dejar aún lado todo aquello que se oponga a la voluntad de Dios), tomar la propia cruz (aceptar y asumir el sufrimiento que implica ir detrás de Jesús), y, finalmente seguirle. El discípulo de Jesucristo, el cristiano de este siglo ha de estar dispuesto moverse en esta dialéctica. Por lo tanto, seguir a Jesús exige estar dispuestos a la conflictividad y a la cruz. Estar dispuestos a compartir su suerte. Aceptar el riesgo de una vida crucificada como la suya, sabiendo que nos espera la resurrección. ¿No seremos capaces de escuchar hoy la llamada siempre viva de Jesús a seguirlo? 

 “Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará”. “La propuesta es vivir en un nivel superior, pero no con menor intensidad: «La vida se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad. De hecho, los que más disfrutan de la vida son los que dejan la seguridad en la orilla y se apasionan en la misión de comunicar vida a los demás». Cuando la Iglesia convoca a la tarea evangelizadora, no hace más que indicar a los cristianos el verdadero dinamismo de la realización personal: «Aquí descubrimos otra ley profunda de la realidad: que la vida se alcanza y madura a medida que se la entrega para dar vida a los otros” (EG, 10).

DISCERNIMIENTO PERSONAL O COMUNITARIO (Hay tres pasos fundamentales para el discernimiento. Primer paso: “Me escucho; segundo paso: “escucho a los demás”; tercer paso: “escucho a Dios”).

Preguntas:
- ¿Cómo vivo mi camino de seguimiento a Jesús? ¿Soy consciente de que ello exige la conflictividad y la cruz?
- ¿Cómo podemos hacer vida este evangelio en nuestra vida cotidiana?

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