Pbro. Alvaro Sánchez Quevedo
Uno de los libros
más famosos y leídos a lo largo de la historia es “El Principito” escrito por Antoine
de Saint-Exupéry, el cual narra como un piloto que sufre un accidente en el
desierto del Sahara, conoce a un niño misterioso, el Principito, proveniente
del asteroide B-612, con él cual mantiene una interesante conversación que revela
la vida de este peculiar príncipe en su pequeño planeta donde cuidaba de tres
volcanes y de una rosa única y caprichosa.
A lo largo del
interesante libro, nos encontramos con algunas frases que vale la pena
detenernos un poco sobre ellas para que nos ayuden a iluminar la vida de las
familias; son muchas y muy interesantes, por cuestión de espacio comentaremos
solo tres:
"Lo
esencial es invisible a los ojos."
Es quizás esta frase,
pronunciada por el zorro al Principito, quien resume una de las enseñanzas más
profundas del libro y por lo mismo es la más popular. Lo verdaderamente
importante en la vida no se ve con los ojos, sino que se percibe con el corazón.
A pesar de llevar muchos siglos como humanidad, al ser humano le cuesta trabajo
asimilar este principio básico, las cosas que importan, las trascendentales,
las que le dan un sentido a la vida, no son captadas por los ojos, es el
interior de la persona quien atesora, aquilata, se da cuenta de lo realmente
valioso. Vivimos en una cultura de la imagen y de la apariencia, que en la
misma familia se puede caer en el error de jugar a este falso juego, haciendo a
un lado la naturaleza espiritual y trascendente que tenemos todas las personas.
"Todas
las personas grandes han sido niños antes. Pero pocas lo recuerdan."
Una de las
limitantes que poseemos muchos adultos, entre ellos algunos que son padres de
familia, es la amnesia que tenemos de nuestra propia infancia al momento de
querer educar y acompañar a un niño/a, actitudes de rigidez, incomprensión,
intolerancia, exigencia, que sólo manifiestan la ausente empatía por esta etapa
tan agradable que todos los seres humanos tenemos. Por ejemplo, algunos papás impulsivamente
exigen a sus hijos de 6 o 7 años, una responsabilidad de un niño de 12 o 13
años, que no decir del tremendo olvido de la etapa de la adolescencia, donde a
veces papá o mamá pide un comportamiento adulto y exige una atención de parte
de sus hijos como si tuvieran 20 años.
Además, algunos
papás no incluyen las actividades lúdicas en la familia, o si se dan, no
participan, argumentando que no tienen tiempo, que hay mucho trabajo o lo peor,
que es una pérdida de tiempo. Recordemos que el jugar es muy importante en
todas las etapas de la vida, y beneficia mucho a fortalecer la confianza, cercanía,
en los miembros de un hogar.
"El
amor no consiste en mirar al otro, sino en mirar juntos en la misma
dirección."
La sabiduría del Principito
en esta frase nos recuerda una de las dimensiones que tiene nuestra capacidad
de amar, como el amor no es solo contemplativo, sino que implica por así
decirlo una complicidad, una amistad, mirar juntos en la misma dirección. El
amor no es posesión es compartir, en ocasiones cuantas parejas atraviesan por
muchas dificultades y se lastiman mucho en la convivencia del día a día, debido
a que perciben que su esposo/a es posesión suya, o que, si decidió estar con él,
con ella, no puede compartir su tiempo con amigos, familiares, compañeros de
trabajo, o en la parroquia que pueda prestar algún servicio.
Cuando se realiza
el sacramento del matrimonio, uno de los signos en el rito es la entrega de las
arras, las cuales son símbolo de todo lo que van a compartir en la vida, no
solamente la mesa, el mismo techo, la habitación, los hijos, sino también los
proyectos, las metas, los buenos momentos, la diversión, la enfermedad, las
situaciones no tan fáciles. Que agradable resulta el observar a muchas familias
que cuando emprenden un negocio, se les ve a todos los miembros involucrados, o
cuando uno de ellos está atravesando por una enfermedad complicada, todos
apoyan, acompañan, ayudan a que el momento sea más llevadero.
Este bonito libro
del Principito es una buena lectura recomendada para toda edad, ojalá que en
muchos hogares los niños y adolescentes puedan tener acceso a este clásica e
imperdible escrito.