Pbro. Alvaro Sánchez Quevedo
Una de las realidades que
constatamos como humanidad, es que los seres humanos a pesar de contar con
muchas habilidades, capacidades, talentos, en el caminar de la vida necesitamos
estar y sentirnos acompañados por otras personas para poder avanzar y lograr
nuestros objetivos y metas.
En el seno de todas las
familias, es necesario entrar en esta dinámica de ser acompañantes y estar
acompañados. Como misión sabemos que los padres de familia tienen esta delicada
tarea, de formar, ayudar, acompañar a sus hijos. Ante esta encomienda tan
natural existen papás que no alcanzan a dimensionar la relevancia que esta
acción tiene en el proceso de madurez de sus hijos. Por otro lado, los hijos en
todo este proceso de desarrollo y su búsqueda de independencia, algunos
presentan ciertas resistencias para dejarse formar y acompañar.
Los dichos populares
encierran en parte la sabiduría de la vida, dice uno de ellos “dos cabezas
piensan mejor que una”, que importante es el cultivar la humildad para
consultar, pedir otra opinión, y no andar por la vida haciendo y decidiendo,
privándose de la riqueza que otras personas nos pueden aportar con su punto de
vista.
Por parte de los padres de
familia es recomendable que sean conscientes que algo básico, fundamental,
importante, es su presencia física dentro de la vida de la familia,
curiosamente los seres humanos sobre todo en las etapas de la infancia,
adolescencia y juventud, para
autoafirmarnos, sentirnos valorados, reconocidos necesitamos que nuestras
figuras paternas estén presentes en momentos concretos de nuestra vida, por
ejemplo: nuestro cumpleaños, cuando tenemos alguna participación en algún
festival de nuestras escuelas, cuando estamos enfermos, cuando hemos tenido
algún logro o éxito, aluna graduación. Es comprensible que en ocasiones por
motivos de trabajo, de algunos compromisos o de salud, para los papás no les
sea posible estar ahí, pero también hay que decirlo que algunos con mucha
ligereza o por pereza, no le dan la debida importancia y con tranquilidad
simplemente no asisten.
Otro momento importante del
acompañamiento de los padres con los hijos, es propiciar espacios de diálogo,
de encuentro donde se esté en la disposición de hablar y de escuchar. Todos los
seres humanos tenemos necesidad de compartir lo que sentimos, pensamos y de lo
que nos acontece, con mayor razón un hijo necesita que papá y mamá “tengan
tiempo” para escucharlos. La etapa de la adolescencia es un poco complicada ya
que la persona tiende a encerrarse en si misma, a reservarse muchas cosas, y a
manifestar más confianza con sus amigos de la misma edad, quien obviamente los
pueden escuchar pero por la falta de experiencia de vida no pueden hacer
grandes aportes que le amplie la visión al adolescente, por ello es invitar a
los padres de familia que se llenen de mucha paciencia, que sepan esperar los
momentos, los espacios, las condiciones para poder entablar un mejor diálogo.
Que recomendable es, que los
papás busquen ayuda con personas que sean ajenas en cierto modo a la dinámica
familiar, para pedir una opinión, un consejo, un punto de vista sobre alguna
situación que se está dando en el hogar. Buscar amigos de confianza, no
solamente en el sentido de que se sientan cómodos al platicar sus asuntos, sino
que sean personas que en su estilo de vida proyecten la vivencia de valores y
principios comunes a los papás. Si se tiene la posibilidad asistir con un
psicólogo, un sacerdote, religiosa, o agente de pastoral que den testimonio de
vida cristiana.
Recordemos que en ocasiones
existen ciertas resistencias o prejuicios para pedir ayuda a los demás, quizás
por el temor de que no se dé la suficiente secrecía y los asuntos familiares
sean ventilados, o por el miedo a que se genere una dependencia que termine en
una manipulación, o en una injerencia fuerte de parte de quien ayuda, que los
papás se sientan invadidos en su intimidad como familia.


