Mtra. Psic. Olga Margarita Rivera O.
| Codipacs Chilpancingo-Chilapa
Temas como la salud y la belleza,
lograr un aspecto físico que llame la atención, vivir sin dolores ni
enfermedades hasta una edad avanzada, ocupan hoy un lugar destacado en los
medios de comunicación y en las conversaciones habituales. No es exagerado
decir que el eslogan “gozar de buena salud, ser guapo, rico y eternamente
joven” se ha convertido en la razón de vivir de muchos de los habitantes del
primer mundo.
No es coincidencia que la gente desee
ser guapa y estar sana, esta aspiración no la han generado únicamente las
ingeniosas estrategias publicitarias, sino que responde a necesidades
inherentes al ser humano.
Algunos apuntan a las necesidades
espirituales para, con habilidad hacer de ellas un negocio y justamente esta
publicidad es la más eficaz, pues al conectar los principales deseos
espirituales con objetivos comerciales, ofrecen lo que la gente anhela de
manera consciente o inconsciente: ser feliz, realizarse, encontrar un sentido a
su existencia, ósea, conseguir una alta calidad de vida.
Aunque esta calidad de vida esperada
y deseada depende de diversos factores, el más importante es sin duda la salud.
Que es Salud
Pero ¿qué es la salud? ¿qué tipo de
salud se busca en realidad? ¿sabemos qué es en realidad? ¿no estaremos
comprendiendo la salud como la conservación de una condición ideal de la vida
biológica, a costa de olvidar otras dimensiones del ser humano? ¿acaso el
hombre actual necesita únicamente este tipo de salud?
La definición que alcancemos del
concepto de salud, servirá sin duda, para entender mejor la conciencia que el
hombre contemporáneo tiene de sí mismo, es decir, muy probablemente reflexionar
sobre la salud nos ayudará a comprender al hombre moderno.
En el artículo anterior analizamos el
concepto de salud según la Organización Mundial de la Salud, la cual
precisa que la salud no sólo es la ausencia de enfermedad, sino una
suerte de bienestar general ligado a algo más que la salud física y mental,
pues concierne igualmente al estado del corazón del hombre y de sus relaciones
sociales.
La salud es, por consiguiente, lo
contrario del estado de enfermedad y exige un modo de vida apropiado, así como
la capacidad de controlar los propios pensamientos y emociones.
En esta línea, la enfermedad se
comprende necesariamente de modo distinto; ella es la que provoca el
sufrimiento que el hombre experimenta en el plano físico, mental y espiritual,
y es el sufrimiento concreto el que ayuda a tomar conciencia de la fragilidad
de la naturaleza humana.
No es extraño que los temas de la
enfermedad, el sufrimiento y el dolor se abran paso con dificultad, pues en el
mundo actual, se trata a menudo la vida biológica como la única forma de
existencia posible para el ser humano, y se considera la salud mental como el
bienestar que se percibe casi exclusivamente desde niveles materialistas, hasta
el punto de intentar a toda costa eliminar el dolor y evitar cualquier forma de
sufrimiento, además la muerte biológica
es considerada por muchos como fin absoluto de la existencia humana.
Por estas razones, muchas personas
esperan hoy de la medicina su salvación, que se entiende habitualmente como el
mantenimiento de una buena salud y la prolongación de la vida.
La Salud y la Enfermedad para el
cristiano
La posición del hombre contemporáneo
respecto de la enfermedad, el sufrimiento, la muerte y el papel del médico
afianza sus raíces en unas presunciones antropológicas más amplias, así como en
la esperanza de la humanidad de superar toda enfermedad y de tener una vida
larga, dichosa y sin sufrimiento alguno; sin embargo, no se puede separar el
cuerpo del alma ni de la dimensión espiritual, que es para el hombre más
determinante que la dimensión biológica
El rechazo de la dimensión espiritual
en terapias que se limitan a tratar los niveles biológico y psicológico lleva a
la cosificación de la criatura, que tiene en sí, en su esencia misma, la huella
de Dios.
La medicina actual no dispone de remedios
que garanticen la curación del hombre en su integridad, o sea, en todas sus
dimensiones; los límites de la medicina y intuición de que las terapias que se
limitan a tratar el plano físico o psicosomático no son suficientes ni
eficaces, motivan al hombre a recurrir a “maestros” espirituales o a
“videntes”.
Varios siglos antes de nuestra era,
en la medicina tradicional china, se consideraba al cuerpo humano como un
sistema de partes interdependientes que gozaban de un equilibrio natural; la
enfermedad se entendía como una disfunción de este equilibrio, que podía ser
alterado por numerosos factores, debido por ejemplo a una alimentación
inadecuada, a la falta de ejercicio y de sueño o a unas relaciones sociales
alteradas; la tarea del médico consistía sobre todo en prevenir, es decir, en
impedir el surgimiento y el desarrollo de la enfermedad.
“Cuando el alma está
enferma, el cuerpo no se encuentra bien”, en la antigüedad, el modo de vida
cuando se estaba sano y la manera de cuidarse estando enfermo, mostraban el
nivel cultural de individuo; la bella y la virtud formaban un todo, el
ejercicio físico iba de la mano de la música, la danza y la poesía, además de
servir tanto al cuerpo como al alma. En el tratamiento médico la dieta ocupaba
el primer lugar, a continuación, venían las medicinas, y por último la cirugía.
Todas las grandes religiones del
mundo poseen su propia comprensión del hombre y, en consecuencia, también de la
salud y de la enfermedad; en nuestra cultura, ha sido la religión cristiana la
que ha desempeñado y en gran medida sigue desempeñando un papel destacado.
En el cristianismo es frecuente
interpretar la salud y la enfermedad a la luz de los textos bíblicos y la
tradición espiritual de la Iglesia. Si estudiamos con detenimiento la enseñanza
de la Iglesia, podemos afirmar que, desde las primeras comunidades, la
salud depende de los tres elementos que integran al hombre: el cuerpo, el
alma y el espíritu. Según esto, gozar de buena salud no significa
sólo tener buena apariencia y forma física, sino también estar en una buena
condición psíquica y espiritual.
Ciertamente el cristianismo es una
religión que cura, esta afirmación tiene como base algunas ideas que
encuentran su justificación en la persona y la enseñanza de Jesucristo y en el
conjunto de la tradición patrística, litúrgica y ascética de la Iglesia.
Durante su vida terrena, Dios hecho
hombre no solo anunció la Buena Noticia de la salvación, sino que el mismo curó
enfermedades espirituales, mentales y físicas, Jesús es el salvador, que no
solo salva de un peligro amenazador, sino que también cura a los enfermos.
La salvación no se limita, por lo
tanto, a la esfera física del hombre, sino que afecta igualmente a su dimensión
espiritual.
Las curaciones del Maestro son
excepcionales; de hecho, a veces utiliza la curación como un primer paso hacia
la purificación de los pecados, o viceversa. Los milagros de curación son
signos y anuncios que ofrecen un anticipo de la victoria final sobre el reino
de satanás.
Ahora la pregunta será, ¿Cómo
católico, que puedo hacer para cuidar mi salud?... lo vemos en la próxima
entrega. Paz y Bien.