Pbro. Alvaro Sánchez Quevedo
Dentro de la vida familiar
existen muchos momentos que requieren de un discernimiento adecuado, para que
la decisión que se tome sea para bien de todos los miembros que la conforman,
por ejemplo, si el papá debe cambiar de empleo, si toda la familia tiene que
emigrar a otra ciudad o país, si es conveniente adquirir en ese momento un
nuevo auto, si ya es tiempo que la mamá tome un empleo para ayudar con la
economía de la casa, etc. No se puede elegir a la ligera cualquier opción, ya
que quizás perjudique, dañe y lastime la dinámica que se vive en el hogar.
Varias familias en su
historia lastimosamente han tenido que cargar con sentimientos de culpa, debido
a precipitarse y no pensar bien las cosas, y tomar malas decisiones; son
heridas que algunas veces tardan mucho tiempo en sanar.
Uno de los grandes aportes
que San Ignacio de Loyola hizo no solo a la iglesia sino a nivel universal, es
proporcionarnos elementos claros, concretos, para realizar un buen
discernimiento. El Papa Francisco en una ocasión dijo “Quien discierne no es
vivido por la vida, quien discierne vive”. En ocasiones por pereza espiritual,
por irresponsabilidad histórica, por llevar una vida superficial, en el seno
del hogar no se dedica tiempo para reflexionar, meditar, discernir.
Para discernir, como base se
requiere primeramente tener un buen conocimiento personal, con humildad y
honestidad saber reconocer mis fortalezas y debilidades, que tengo y que me
hace falta, también necesito tener momentos de silencio que faciliten la oración,
la comunicación con Dios que me ayude a percibir con mayor claridad lo que más
conviene “Discernir es escuchar el propio corazón no para hacer lo que Él
quiere, sino para entender lo que Dios quiere decir a través de él (corazón).
De igual importancia es recomendable purificar nuestros deseos desordenados,
nuestras apetencias, ya que se convierten en un obstáculo y no permiten
visualizar el bien Mayor. Dentro del proceso de discernimiento y al concluir,
es necesario estar vigilante, atento a como se va desarrollando nuestra vida
conforme a lo decidido y si estamos siendo fieles a la opción que tomamos.
De una forma sencilla
tratando de compartir los momentos del discernimiento ignaciano, podríamos
señalar 4 etapas:
1.- PREPARATE PARA DECIDIR:
es en parte lo que se conoce como la indiferencia ignaciana, no es que me dé
igual todo, o apatía, es tener la libertad interior para poder escuchar a Dios
sin los apegos, sin los afectos desordenados, es estar libre, no sentirme
condicionado.
2.- RAZÓN Y ORACIÓN: es hacer
un sano equilibrio entre mis encuentros con Dios y el uso de la razón, ya
varios pontífices nos han recordado que la Fe y la Razón no son opuestos, por
el contrario armónicamente se complementan, este momento se puede dar en 3
tiempos: A) cuando Dios habla directo: esto es un poco raro, los ejemplos los
encontramos en la biblia, es cuando San Pablo va camino a Damasco y
directamente Jesús le dice “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”, o cuando
Jesús pasa delante de Mateo y le dice “sígueme”. B) Cuando Dios habla por
Consolaciones y Desolaciones. La consolación es cuando siento Amor a Dios, Paz,
Esperanza. La Desolación es cuando siento inquietud, miedo, alejamiento. C)
Cuando estás en calma: aquí es recomendable hacer una lista donde anotes
convenientes y peligros, pros y contras en un ambiente de oración. Cuando hagas
la lista puedes hacer 3 ejercicios de imaginación que te ayudarán para darte
cuenta de que tan acertada es tu elección. 1er ejercicio: imaginar que, si
viene un desconocido con el mismo problema que el tuyo, que le dirías, que le
aconsejarías. 2º ejercicio: imagínate en el lecho de muerte ¿qué decisión te
hubiera gustado haber tomado? 3er ejercicio: imagínate el día del juicio frente
a Cristo, que decisión te gustaría presentarle.
3.- CONFIRMA LA PAZ: toda
buena elección te da paz, no euforia, no adrenalina del entusiasmo. Paz que
dure días no minutos. La decisión no sólo beneficia una solo área de la vida,
sino todas sus dimensiones. Sta. Teresa decía “el alma reconoce donde está no
por los sentimientos sino por los frutos”.
4.- ACTUA Y VIGILA: ya que
has tomado la decisión, es necesario permanecer vigilante, velar sobre el
corazón. No confiarte simplemente por haber hecho un serio discernimiento, sino
estar al pendiente de cómo se va desarrollando esa decisión. La herramienta para
estar vigilante es el examen de conciencia, el cual merece que le dediquemos
otro momento para hablar más ampliamente sobre él.
Pidamos para que todas las
familias que se reconocen como seguidoras de Jesús, practiquen el
discernimiento, tan necesario en la vida de todo creyente.

