Mtra. Psic. Olga Margarita Rivera O.
| Codipacs Chilpancingo-Chilapa
1 Tes. 5, 23 “El Dios de la paz
los santifique completamente; los conserve íntegros en espíritu, alma y cuerpo,
e irreprochables para cuando venga nuestro Señor Jesucristo”
Son las palabras finales que el apóstol Pablo
dirige a la comunidad cristiana de Tesalónica, y es la única ocasión que
aparece en las cartas esta descripción del ser humano completo; la mención del
cuerpo en esta cita, es quizá, intencional, como haciendo notar que el cuerpo
debe ser también santificado y no considerado como algo despreciable y
secundario.
Partiendo de este punto concreto,
surgen varias cuestiones en las que de pronto no damos la atención debida, por
ejemplo, en alguna ocasión alguien nos ha preguntado ¿Quién eres? Y en
automático respondemos: soy fulano de tal, o decimos soy el hijo de…, el
esposo/a de… pero ¿cuántas veces nos hemos preguntado conscientemente, ¿quién
soy? y si nos hemos hecho esa pregunta ¿qué nos hemos respondido?
Lo que sí se puede decir con certeza
es que tienes un nombre, pero tu nombre no te define como persona, el ser hijo
de, padre de, esposo/a de… tampoco te define como persona y surgen entonces
otras interrogantes ¿qué es lo que hace a la persona humana, ser persona
humana? ¿porqué pablo hace mención al espíritu, alma y cuerpo? ¿será que sólo
soy cuerpo? ¿qué es el alma y qué es el espíritu? ¿qué sucede cuando se
considera que la persona sólo es alma/espíritu y cuerpo no es importante (y
viceversa)?
Afirmar que una persona es un ser
multidimensional, significa que no somos sólo un cuerpo físico;
en su obra “Explícame a la persona”, Ramón Lucas Lucas propone una antropología
integral que reconoce a la persona como un ser con cuerpo, afectivo, racional,
social y espiritual.
Desde esta mirada, cada dimensión
influye de forma recíproca en las demás, por lo que el bienestar integral y
auténtico sólo puede ser alcanzado cuando se atiende a la totalidad de la
persona.
Dimensiones de la persona
Veamos ahora las dimensiones que
conforman integralmente a la persona, desde tres puntos de vista, primero la
visión del teólogo Ramón Lucas, segundo la perspectiva de las teorías
psicológicas y tercero la visión de la Iglesia católica.
Dimensión física: El cuerpo no es un simple instrumento, sino una parte fundamental de la identidad personal.
Lucas señala que el cuidado corporal,
a través de hábitos saludables, alimentación adecuada y ejercicio, es una
responsabilidad ética y personal.
Desde la psicología de la salud, esta
afirmación concuerda con los enfoques biopsicosociales, que reconocen el
impacto directo del estado físico en el equilibrio emocional y mental.
Y la antropología cristiana confirma
esta visión, al afirmar que el cuerpo participa de la dignidad de la imagen de
Dios y está llamado a la resurrección, lo que refuerza la necesidad de un
cuidado integral y respetuoso.
Dimensión emocional: Las emociones forman
parte esencial de la experiencia humana.
Lucas destaca la importancia de
reconocerlas, expresarlas y regularlas de manera sana.
Desde la psicología clínica actual,
específicamente los modelos de regulación emocional, se reconoce que una
adecuada gestión emocional favorece la resiliencia, la empatía y la salud
mental.
En el aspecto cristiano, la educación
emocional se relaciona con los frutos del Espíritu (Gal. 5, 22)
permitiendo que la persona viva sus afectos de forma ordenada y orientada a su
propio bien y al de los que la rodean.
Dimensión mental: Esta dimensión se
manifiesta en la capacidad de razonar, reflexionar, discernir y tomar
decisiones libres.
Lucas recalca la importancia del
desarrollo del pensamiento crítico y la conciencia reflexiva como medios para
el crecimiento personal.
La psicología cognitiva y humanista
respaldan esta postura al indicar que la reevaluación consciente de la
experiencia, facilita los procesos de cambio y maduración personal.
Desde la fe católica, esta capacidad
racional se comprende como un don que permite al ser humano cooperar libremente
con la gracia, discerniendo su proyecto de vida a la luz de la verdad.
Dimensión social: El ser humano es
esencialmente relacional.
Lucas señala que la identidad
personal se construye en el encuentro con los otros, mediante vínculos basados
en el respeto, la comunicación y el apoyo mutuo.
La psicología sistémica y relacional
coincide al afirmar que el bienestar individual está profundamente ligado a la
calidad de las relaciones familiares y comunitarias.
Esta dimensión encuentra un fuerte
respaldo en el Magisterio de la Iglesia, que afirma que la persona se realiza
plenamente en la comunión y la solidaridad, y no en el aislamiento.
Dimensión espiritual: La dimensión espiritual
responde a la búsqueda de sentido, trascendencia y propósito.
Lucas reconoce que esta dimensión
atraviesa todas las demás y orienta la vida hacia un significado final.
Desde la psicología existencial y la
logoterapia, se reconoce que el sentido de la vida es un factor protector
frente al sufrimiento psíquico.
En la antropología cristiana, esta
dimensión se orienta precisamente a la relación con Dios, quien es la fuente
última de sentido y plenitud.
La dignidad de la persona humana
El Concilio Vaticano II, en la
Constitución Pastoral Gaudium et Spes, especialmente en su número 16, reafirma
que la dignidad humana es el centro de la acción pastoral y social de la
Iglesia.
Este documento reconoce los desafíos
que amenazan dicha dignidad (como la injusticia, la pobreza y la violencia) e
invita a una respuesta comprometida y solidaria.
Esta enseñanza se une con la práctica
de la terapéutica, al colocar a la persona como individuo activo de su proceso
de crecimiento, nunca como un objeto de intervención, respetando su conciencia,
libertad, voluntad y responsabilidad.
La persona creada a imagen de Dios
El Catecismo de la Iglesia Católica,
en el número 367, enseña que el ser humano ha sido creado como unidad de cuerpo
y alma, a imagen de Dios.
La diferencia sexual (hombre y mujer)
no limita esta imagen, sino que la expresa en una complementariedad que refleja
la comunión divina.