ECCLESIA | EL DESCANSO POSITIVO, FORTALECEN LA SALUD MENTAL Y ESPIRITUAL DEL CRISTIANO (3) - MAR ADENTRO - Seminario de Información y Evangelización de la Arquidiócesis de Acapulco

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sábado, 22 de agosto de 2026

ECCLESIA | EL DESCANSO POSITIVO, FORTALECEN LA SALUD MENTAL Y ESPIRITUAL DEL CRISTIANO (3)

 



L.C. Héctor García A.| Codipacs Chilpancingo-Chilapa


¿Y cómo se describe ese descanso?, ¿cómo se da?, ¿cuáles son las señales de que ese descanso es positivo?.

El descanso positivo no es simplemente dormir, dejar de trabajar o distraerse. Desde una perspectiva integral, es un estado en el que la persona reduce la carga física y mental, procesa adecuadamente sus emociones, recupera su equilibrio interior y vuelve a conectar su experiencia con un sentido trascendente.

En el cristiano, el descanso adquiere además una dimensión espiritual: no significa escapar de los problemas, sino dejar de cargar solo con ellos y aprender a colocarlos delante de Dios.

Vamos a dar cuatro señales del descanso positivo:

PRIMERO, la conciencia queda tranquila. Una primera señal de descanso saludable es experimentar paz interior, no necesariamente ausencia de problemas.

Psicológicamente, una conciencia tranquila implica que disminuyen la culpa persistente, la rumiación, el conflicto interno y la necesidad de estar constantemente justificándose. La persona puede reconocer sus errores sin quedar atrapada en ellos.

Esto es importante: una conciencia tranquila no significa una conciencia que nunca se equivoca, sino una conciencia capaz de reconocer, reparar, pedir perdón y continuar.

Desde un punto de vista cristiano, esta tranquilidad puede relacionarse con la reconciliación: con Dios, con los demás y consigo mismo. El descanso verdadero aparece cuando la persona deja de luchar contra aquello que puede entregar a Dios.

Por ejemplo: Si tú descansas y te tomándote unos buenos whiskys y al otro día no sabes dónde amaneciste, eso lastima la conciencia y entonces no hay ese descanso positivo.




SEGUNDO, hay una expresión emocional suficientemente libre. Una persona emocionalmente descansada puede sentir y expresar lo que le ocurre sin quedar dominada por ello.

Puede llorar, hablar, guardar silencio, expresar tristeza, alegría, miedo o frustración. Lo importante no es expresar absolutamente todo, sino que las emociones no tengan que permanecer permanentemente reprimidas y que dominen tu conducta.

Aquí hay que evitar otro error: libertad emocional no significa descargar indiscriminadamente las emociones sobre los demás. La madurez emocional consiste en reconocer, nombrar, expresar y regular las emociones.

Desde la perspectiva neurológica, la recuperación requiere alternar activación y reposo. Un organismo sometido permanentemente a estrés mantiene elevados los mecanismos de alerta y reduce la posibilidad de recuperación adecuada.

Espiritualmente, los Salmos ofrecen un modelo extraordinariamente humano: el creyente puede presentarse ante Dios con angustia, miedo, indignación, tristeza, gratitud y esperanza. La oración no exige fingir que estamos bien, en la oración te presentas a Dios tal cual eres y tal cual estas o te sientes.

Eso significa qué, por ejemplo, poder reírse con libertad es un signo de que tu cuerpo y tu mente están descansados y en sintonía, de tal forma que alegrarte y hacerlo libremente provoca en ti un estado de distensión y libertad.

Cuantas veces no hemos ecuchado:, "Me hacía falta esta risa”, la cual es señal de un buen descanso, una expresión emocional libre.

¿Usted con quién se ríe? ¿Con quién ríe a gusto, que se le mueva, como dicen, que se le mueva la barriga?, ¿Con quién se ríe usted a gusto?; si usted está triste, ¿usted con quién puede llorar? Muchas veces ese espacio lo ocupa la familia.

Si usted no tiene con quién reír, si usted no tiene con quién llorar, ahí tenemos un problema, la conexión emocional requiere eso para que usted se puede expresar libremente.

TERCERA señal, la construcción de una historia. ¿A qué nos referimos con construcción de una historia?

Esta señal es especialmente profunda. Una persona que ha atravesado una experiencia difícil necesita poder integrarla dentro de una narrativa coherente. No basta con recordar los acontecimientos: necesitamos poder responder progresivamente:

  • ¿Qué me ocurrió?
  • ¿Qué sentí?
  • ¿Qué aprendí?
  • ¿Qué cambió en mí?
  • ¿Qué significado puedo darle?
  • ¿Cómo quiero continuar?

Cuando una experiencia queda fragmentada, puede permanecer como una fuente de angustia y rumiación. Cuando comienza a integrarse en una historia comprensible, la persona puede pasar de “esto me está destruyendo” a “esto forma parte de mi historia, pero no determina completamente quién soy”.

Desde la fe cristiana, esto adquiere una dimensión adicional: la historia personal puede ser reinterpretada desde la Providencia, la gracia, el perdón y la esperanza, sin caer en la afirmación irresponsable de que todo sufrimiento “fue bueno” o que Dios necesariamente causó cada tragedia.

La fe no elimina la herida; puede ayudar a darle un horizonte.

Una historia que se va construyendo, es una conexión social positiva, requiere del participar en actividades con otras personas, por ejemplo, en espacios deportivos.

Entonces, pertenecen a un club, pertenecen a un grupo de amigos que juegan fútbol o pertenecen a un grupo de amigos que tienen algún otro tipo de afición, eso ayuda. Pero recuerde las tres características. La primera, la conciencia está tranquila. Segunda, expresión emocional libre. Tercera, estamos construyendo una historia.

Si no tienes eso, por favor, no sueñes con que tú estás hecho de un barro diferente. Todos lo necesitamos y si no tenemos este tipo de cosas, muy fácilmente lo que va a suceder es que se empieza a acumular presión. Y ahí es donde vienen los temas que hemos dicho. Cuando la persona responde de una manera neurótica, cuando la persona tiene un agotamiento crónico, cuando la persona empieza a llegar a ese famoso bournout, que es un estado de agotamiento físico, mental y emocional causado por el estrés crónico en el trabajo que no se ha manejado bien.

Y CUARTO: Recupera el sentido de esperanza y capacidad de volver a vivir

El descanso positivo termina produciendo una recuperación progresiva de la capacidad de mirar hacia adelante.

La persona vuelve a tener deseos, proyectos, vínculos, oración, trabajo, servicio y capacidad de disfrutar. No necesariamente porque todos sus problemas hayan desaparecido, sino porque ya no ocupan todo el horizonte de su existencia.

Desde la perspectiva espiritual, aquí aparece una diferencia fundamental entre simple relajación y descanso cristiano:

relajarse es disminuir la tensión; descansar en Dios es recuperar la confianza.

El descanso cristiano tiene entonces una estructura profundamente pascual: reconoce el sufrimiento, atraviesa la noche y recupera la esperanza.

Concluimos que, el descanso positivo, no es simplemente dejar de hacer cosas; es permitir que cuerpo, mente, emociones, relaciones y espíritu recuperen su equilibrio.

Y, para un cristiano, el descanso alcanza su profundidad cuando deja de ser únicamente “necesito desconectarme” y se convierte en “necesito volver a colocar mi vida en las manos de Dios”.

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