L.C.
Héctor García A.| Codipacs Chilpancingo-Chilapa
¿Y cómo se describe ese descanso?, ¿cómo se
da?, ¿cuáles son las señales de que ese descanso es positivo?.
El descanso positivo no es simplemente
dormir, dejar de trabajar o distraerse. Desde una perspectiva integral, es un
estado en el que la persona reduce la carga física y mental, procesa
adecuadamente sus emociones, recupera su equilibrio interior y vuelve a
conectar su experiencia con un sentido trascendente.
En el cristiano, el descanso
adquiere además una dimensión espiritual: no significa escapar de los
problemas, sino dejar de cargar solo con ellos y aprender a colocarlos
delante de Dios.
Vamos a dar cuatro señales del descanso
positivo:
PRIMERO, la conciencia queda tranquila. Una primera señal de descanso saludable es
experimentar paz interior, no necesariamente ausencia de problemas.
Psicológicamente, una
conciencia tranquila implica que disminuyen la culpa persistente, la rumiación,
el conflicto interno y la necesidad de estar constantemente justificándose. La
persona puede reconocer sus errores sin quedar atrapada en ellos.
Esto es importante: una
conciencia tranquila no significa una conciencia que nunca se equivoca,
sino una conciencia capaz de reconocer, reparar, pedir perdón y continuar.
Desde un punto de vista
cristiano, esta tranquilidad puede relacionarse con la reconciliación: con
Dios, con los demás y consigo mismo. El descanso verdadero aparece cuando la
persona deja de luchar contra aquello que puede entregar a Dios.
Por ejemplo: Si tú descansas y te tomándote
unos buenos whiskys y al otro día no sabes dónde amaneciste, eso lastima la
conciencia y entonces no hay ese descanso positivo.
SEGUNDO, hay una expresión
emocional suficientemente libre. Una persona
emocionalmente descansada puede sentir y expresar lo que le ocurre sin
quedar dominada por ello.
Puede llorar, hablar,
guardar silencio, expresar tristeza, alegría, miedo o frustración. Lo
importante no es expresar absolutamente todo, sino que las emociones no
tengan que permanecer permanentemente reprimidas y que dominen tu conducta.
Aquí hay que evitar otro
error: libertad emocional no significa descargar indiscriminadamente las
emociones sobre los demás. La madurez emocional consiste en reconocer,
nombrar, expresar y regular las emociones.
Desde la perspectiva
neurológica, la recuperación requiere alternar activación y reposo. Un
organismo sometido permanentemente a estrés mantiene elevados los mecanismos de
alerta y reduce la posibilidad de recuperación adecuada.
Espiritualmente, los Salmos
ofrecen un modelo extraordinariamente humano: el creyente puede presentarse
ante Dios con angustia, miedo, indignación, tristeza, gratitud y esperanza. La
oración no exige fingir que estamos bien, en la oración te presentas a Dios tal
cual eres y tal cual estas o te sientes.
Eso significa qué, por ejemplo, poder reírse
con libertad es un signo de que tu cuerpo y tu mente
están descansados y en sintonía, de tal forma que alegrarte y hacerlo
libremente provoca en ti un estado de distensión y libertad.
Cuantas
veces no hemos ecuchado:, "Me hacía falta esta risa”, la cual es señal de
un buen descanso, una expresión emocional libre.
¿Usted con quién se ríe? ¿Con quién ríe a
gusto, que se le mueva, como dicen, que se le mueva la barriga?, ¿Con quién se
ríe usted a gusto?; si usted está triste, ¿usted con quién puede llorar? Muchas
veces ese espacio lo ocupa la familia.
Si usted no tiene con quién reír, si usted
no tiene con quién llorar, ahí tenemos un problema, la conexión emocional
requiere eso para que usted se puede expresar libremente.
TERCERA
señal, la construcción de una historia. ¿A qué nos referimos con
construcción de una historia?
Esta señal es especialmente
profunda. Una persona que ha atravesado una experiencia difícil necesita poder integrarla
dentro de una narrativa coherente. No basta con recordar los
acontecimientos: necesitamos poder responder progresivamente:
- ¿Qué me ocurrió?
- ¿Qué sentí?
- ¿Qué aprendí?
- ¿Qué cambió en mí?
- ¿Qué significado puedo darle?
- ¿Cómo quiero continuar?
Cuando una experiencia queda
fragmentada, puede permanecer como una fuente de angustia y rumiación. Cuando
comienza a integrarse en una historia comprensible, la persona puede pasar de “esto
me está destruyendo” a “esto forma parte de mi historia, pero no
determina completamente quién soy”.
Desde la fe cristiana, esto
adquiere una dimensión adicional: la historia personal puede ser reinterpretada
desde la Providencia, la gracia, el perdón y la esperanza, sin caer en
la afirmación irresponsable de que todo sufrimiento “fue bueno” o que Dios
necesariamente causó cada tragedia.
La fe no elimina la herida;
puede ayudar a darle un horizonte.
Una historia que se va construyendo, es una
conexión social positiva, requiere del participar en actividades con otras
personas, por ejemplo, en espacios deportivos.
Entonces, pertenecen a un club, pertenecen
a un grupo de amigos que juegan fútbol o pertenecen a un grupo de amigos que
tienen algún otro tipo de afición, eso ayuda. Pero recuerde las tres
características. La primera, la conciencia está tranquila. Segunda,
expresión emocional libre. Tercera, estamos construyendo una historia.
Si no tienes eso, por favor, no sueñes con
que tú estás hecho de un barro diferente. Todos lo necesitamos y si no tenemos
este tipo de cosas, muy fácilmente lo que va a suceder es que se empieza a
acumular presión. Y ahí es donde vienen los temas que hemos dicho. Cuando la
persona responde de una manera neurótica, cuando la persona tiene un
agotamiento crónico, cuando la persona empieza a llegar a ese famoso bournout,
que es un estado de agotamiento físico, mental y emocional causado por el
estrés crónico en el trabajo que no se ha manejado bien.
Y CUARTO:
Recupera el sentido de esperanza y capacidad de volver a vivir
El descanso positivo termina
produciendo una recuperación progresiva de la capacidad de mirar hacia
adelante.
La persona vuelve a tener
deseos, proyectos, vínculos, oración, trabajo, servicio y capacidad de
disfrutar. No necesariamente porque todos sus problemas hayan desaparecido,
sino porque ya no ocupan todo el horizonte de su existencia.
Desde la perspectiva
espiritual, aquí aparece una diferencia fundamental entre simple relajación y
descanso cristiano:
relajarse es disminuir la
tensión; descansar en Dios es recuperar la confianza.
El descanso cristiano tiene
entonces una estructura profundamente pascual: reconoce el sufrimiento,
atraviesa la noche y recupera la esperanza.
Concluimos que, el descanso positivo, no es simplemente dejar
de hacer cosas; es permitir que cuerpo, mente, emociones, relaciones y
espíritu recuperen su equilibrio.
Y, para un cristiano, el
descanso alcanza su profundidad cuando deja de ser únicamente “necesito
desconectarme” y se convierte en “necesito volver a colocar mi vida en
las manos de Dios”.

