ECCLESIA | COMO RECUPERAR NUESTRA VIDA ESPIRITUAL – LA ORACION DIARIA (6) - MAR ADENTRO - Seminario de Información y Evangelización de la Arquidiócesis de Acapulco

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sábado, 12 de septiembre de 2026

ECCLESIA | COMO RECUPERAR NUESTRA VIDA ESPIRITUAL – LA ORACION DIARIA (6)

 



L.C. Héctor García A.| Codipacs Chilpancingo-Chilapa

Segunda recomendación, la oración diaria y estructurada. Eso es innegociable. La Oración diaria que no dependa de sus funciones y que no dependa de lo que le toque o no le toque hacer.

Estoy en mi día de descanso, descanso en el Señor también o será que “¿descanso del Señor también?”.

El día de descanso no debe convertirse en un segundo día de obligaciones religiosas. La oración diaria debe estructurar la vida, no convertirse en otra fuente de presión.

Existe una pregunta muy profunda detrás del descanso:“Cuando descanso de mis actividades, ¿también estoy descansando de Dios?” La respuesta cristiana es NO.

Podemos descansar de determinadas obligaciones, horarios, responsabilidades laborales y actividades pastorales, pero no necesitamos descansar de nuestra relación con Dios.

Más aún: el descanso puede convertirse en uno de los momentos privilegiados para encontrarnos con Él.

Jesús mismo buscaba momentos de retiro y silencio: “Él se retiraba a lugares solitarios para orar.”(Lc 5,16)

Por tanto, descansar en el Señor no significa trabajar espiritualmente durante el descanso. Significa permitir que incluso el descanso sea vivido en su presencia.

El día de descanso no debería llenarse de obligaciones religiosas adicionales.

No se trata de pensar: “Hoy no trabajo, pero tengo que hacer tres horas de oración para que mi descanso sea verdaderamente cristiano.” Eso puede convertirse en activismo espiritual.

El descanso cristiano tiene otra lógica: “Hoy disminuyo mi actividad para disponerme a recibir.”

Por eso, el día de descanso puede incluir: participación en la Eucaristía; oración personal; lectura pausada del Evangelio; silencio; convivencia familiar; caminar; contemplar la naturaleza; escuchar música; dormir adecuadamente; disfrutar sanamente; agradecer.

Todo ello puede convertirse en descanso vivido delante de Dios.

Una cosa es descansar de las actividades religiosas y aun as cotidianas y otra muy diferente es abandonar la relación con Dios.

UNA VIDA DE ORACIÓN DIARIA Y ESTRUCTURADA

Una vida de oración saludable necesita dos elementos aparentemente contradictorios: estructura y libertad.

La estructura nos ayuda a ser constantes; la libertad evita que la oración se convierta en una obligación mecánica.

Como hacerlo?  Podemos establecer tres momentos fundamentales.

1. Al despertar: comenzar el día con Dios

Los primeros minutos del día tienen un enorme valor psicológico y espiritual. Antes de entrar inmediatamente al teléfono, noticias, problemas y obligaciones, podemos hacer una pausa. Una oración de apenas dos o tres minutos:

“Señor, gracias por este nuevo día. Te entrego mi mente, mi corazón, mi trabajo, mis decisiones y las personas que encontraré. Que hoy pueda hacer el bien y evitar el mal. Quédate conmigo.” Psicológicamente, esto ayuda a establecer una intención consciente para el día. Espiritualmente, cambia la perspectiva: no comienzo el día solo; comienzo el día delante de Dios.

2. Durante el día: pequeñas pausas de presencia de Dios

Una vida de oración no puede reducirse a una hora determinada. Podemos incorporar pequeñas pausas:

Antes de comenzar una tarea: “Señor, acompáñame.”

Ante una decisión difícil: “Dame sabiduría.”

Cuando aparece ansiedad o preocupación: “Señor, pongo esto en tus manos.”

Antes de responder con enojo: “Dame dominio de mí mismo.”

Son oraciones de pocos segundos, pero no sustituyen la oración profunda, pero mantienen una conciencia habitual de la presencia de Dios.

3. Al terminar el día: examen y acción de gracias

Aquí podemos recuperar la primera señal del descanso positivo que desarrollamos anteriormente: la conciencia tranquila.

Antes de dormir, dedicar entre 5 y 10 minutos:

Primero: agradecer: ¿Qué recibí hoy?

Segundo: revisar: ¿Qué hice bien?

Tercero: reconocer: ¿Dónde fallé?

Cuarto: reparar: ¿Hay algo que debo corregir mañana?

Quinto: entregar: ¿Qué preocupación necesito poner en manos de Dios?

Podemos terminar: “Señor, gracias por este día. Perdóname por aquello en lo que fallé. Gracias por aquello que pude hacer bien. Lo que no puedo resolver esta noche, lo pongo en tus manos. Dame descanso y prepara mi corazón para mañana.”

Esto permite cerrar el día en paz.

Tercera recomendación, hacer una lectura espiritual. Hay que alimentar la mente y el corazón, hay que darle algo a la cabecita, también hay que darle inspiración al corazón… pero d eso hablaremos la próxima semana.

 

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