El martes próximo, 8 de septiembre, como desde
hace sesenta años, celebraremos la Jornada Internacional de la Alfabetización.
El lema de este año es: “Alfabetización
para las personas, el planeta y la prosperidad”. Cuando
a una persona se le proporcionan los medios para acceder al saber que nuestros
antepasados han acumulado a lo largo de los tiempos, se le ofrecen mayores
posibilidades de llevar una vida digna, de construir su futuro más fácilmente y
asumir más ampliamente su parte de responsabilidad en la construcción del bien
común en la sociedad. El tema de este año “destaca el
papel de la alfabetización en la promoción de la inclusión, en el apoyo a
futuros sostenibles y a la ampliación de oportunidades para los medios de vida
y el desarrollo económico”.
+ La realización de esta misión humanizadora, la
alfabetización, tiene a la base la entrega comprometida de los maestros. Con
gratitud y admiración hemos de reconocerlo y valorarlo, de modo que “se sientan
estimados y sostenidos en su noble misión de
transmitir conocimientos, valores fundamentales y razones para vivir” (San Juan
Pablo II). La IA puede y ha de ser un apoyo en la labor de enseñanza, pero de
ninguna manera puede sustituir a los maestros. Cada alumno es único,
irrepetible, un centro de infinita dignidad que ha de ser reconocido y
respetado. El buen maestro arraiga y fortalece esta conciencia en cada uno de
ellos. Y esto también en este espacio tan fundamental que nos ocupa, que es la
alfabetización. Mantener en esta etapa el interés del alumno en el aprendizaje
es un gran desafío que sólo el amor pedagógico del maestro puede fortalecer, y
la cercanía del maestro queda en la conciencia del alumno fortaleciendo su
crecimiento.
+ Cerca
de nosotros hay alguna persona que no sabe o casi no sabe leer ni escribir ni
contar. Podemos invitarla y motivarla a tomar uno de los cursos ofrecidos por
el INEA, pero también podemos ofrecernos nosotros a ayudarle a aprender. Enseñar a leer, escribir y los modos
fundamentales de “contar” no es algo que sólo puedan hacer los maestros. De
hecho, lo realizan, como “servicio”, algunos alumnos de nuestras instituciones
educativas, y hemos de reconocer y agradecer su empeño puesto en esta noble
labor. Compartir lo que sabemos y así enseñar a quien no sabe, también está a
nuestro alcance. Hace tiempo, ya casi al final de la celebración del “Año de la
Misericordia”, un catequista compartió en una reunión: “Yo no terminé la
primaria. Mi esposa no sabía leer. Al inicio del año le dije: Te voy a enseñar
a leer. Mi esposa sabe leer”. La alfabetización es un derecho humano
fundamental y un poderoso motor de paz y desarrollo sostenible. En manos de
cada uno hay una tarea para lograrla. No dejemos de hacerla. aunque nos parezca
pequeña.
Un buen
propósito es que no muera con nosotros lo que sabemos hacer para servir y
cuidar a los demás.