HACIA UNA MADUREZ PSICOLOGICA Y ESPIRITUAL 2026| CUIDAR EL CORAZÓN ESPIRITUAL DEL HOMBRE (3) - MAR ADENTRO - Seminario de Información y Evangelización de la Arquidiócesis de Acapulco

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domingo, 20 de septiembre de 2026

HACIA UNA MADUREZ PSICOLOGICA Y ESPIRITUAL 2026| CUIDAR EL CORAZÓN ESPIRITUAL DEL HOMBRE (3)

 



Uno de los temas más frecuentes de las enseñanzas recogidas por la Filocalia es la curación del corazón. El corazón constituye el centro espiritual de la persona y el lugar donde se realiza la inhabitación de Dios, además, juega un papel unificador entre la esfera espiritual y la esfera física del hombre.

Quien se proponga examinar lo que sucede en el corazón, ha de tener en cuenta que éste se encuentra expuesto tanto a la acción de Dios, como a la influencia del maligno, es decir, tanto a los pensamientos buenos como a los malos; estos últimos son los que conducen a la enfermedad y, en casos extremos, a la muerte espiritual.

Purificar el corazón de todos los males es, por tanto, una condición indispensable para transformar al hombre por medio del combate espiritual, la vigilancia del corazón, la atención y el cuidado, a fin de no permitir que entren en él imágenes y pensamientos destructivos. Desde el principio, los Padres de la Iglesia han hecho hincapié en la necesidad de esforzarse durante el tiempo de la meditación para que el cuerpo mantenga una actitud correcta y para que respire de manera adecuada; gracias a este ejercicio se consigue apaciguar el corazón, poner en juego las distintas dimensiones del hombre y abrirlas a la presencia de Dios.

Y para lograr esto veremos algunas condiciones que el corazón necesita para alcanzar abrirse a Dios:

1.- UN CORAZÓN PENSANTE

Según la comprensión bíblica, el corazón es el lugar donde interaccionan dos formas de “energía” que influy6en de forma decisiva en la vida espiritual:  la gracia y la ilusión; ambas formas de “energía” dan lugar a tres clases de fervor: la primera está provocada por la gracia, la segunda por la ilusión o el pecado, y la tercera “por el exceso de sangre”, lo cual hace alusión al temperamento fogoso.

La energía de la gracia es el fuego espiritual que, durante cierto tiempo calienta y purifica el alma, apacigua toda clase de tentaciones y sujeta los instintos del cuerpo; esta energía llena el corazón de alegría y bienestar; los signos de su presencia son las lágrimas, el arrepentimiento, la humildad, el autodominio, el silencio, la paciencia y la modestia.

Cualidades completamente opuestas caracterizan la fuerza de la ilusión, que es un deseo pecaminoso; ella inflama esos pensamientos del alma que suscitan los deseos del placer sensual y la conducen a un estado de caos interior y de indolencia, su objetivo es tomar posesión del alma para que esta, al concentrarse en saciar deseos concupiscentes, rechace la gracia.

San Gregorio Palamas enseñaba que los pensamientos nacen en el intelecto, luego se transforman en pasión e influyen en el corazón. El hombre que no cumple la voluntad de Dios, aun cuando sea creyente, verá como su corazón se transforma en un “taller de malos pensamientos” que lo contaminan por medio de la codicia.

San Gregorio el Sinaíta dice: “en el corazón del que emprende el camino espiritual actúan dos fuerzas: el bien y el mal ¿A qué se debe que el hombre tenga buenos y malos pensamientos? No a que el Espíritu Santo y el demonio cohabiten en el corazón del hombre, sino a que “este ni ha tomado de verdad conciencia de la bondad del Señor ni la ha experimentado”

Cuando el hombre se ha abierto a la bondad de Dios y ha progresado en la práctica de las virtudes, su corazón se vuelve hacia el bien y se hace semejante a una fuente pura. Según San Diádoco de Fótice, la gracia y el pecado no pueden cohabitar en un mismo corazón. Satán nunca logró conocer la verdadera luz, que no brilla en él; por consiguiente, el hombre, después de oír hablar del poder y de los milagros del Hijo de Dios, debería disipar las tinieblas de su corazón.

El objetivo que el diablo se esfuerza por lograr es empujar al hombre a infringir los mandamientos de Dios insinuando malos pensamientos en su corazón, su estrategia consiste en llevar al hombre, una vez que ha acogido estos pensamientos, a expresar en palabras y en actos eso que ha tomado forma en él.

Discernir los pensamientos que aparecen en el corazón es extremadamente importante en la vida espiritual, algunos pensamientos proceden del enemigo y son malos, y otros vienen de nosotros mismos.

2.- UN CORAZÓN PURIFICADO

En el camino del conocimiento de Dios, resulta extremadamente importante purificar el corazón de toda concupiscencia, esta purificación supone un combate despiadado e incesante; para triunfar en esta lucha, resulta indispensable perseverar en la vigilancia del corazón y saber discernir entre los diferentes pensamientos que se presentan.

Gracias a la presencia del Espíritu Santo, que transforma completamente el cuerpo y el alma del hombre, es posible entonces “despojar por entero los sentidos y el centro espiritual de la persona, de las actividades naturales ligadas a las cosas conocidas por los sentidos y accesibles por el intelecto.

Los sentidos presentan al ser humano la variedad de imágenes de las cosas materiales, el que se concentre en ellas se confundirá.

San Hesiquio el Sinaíta señaló que los pensamientos entran en el corazón bajo la forma de representaciones vinculadas con un objeto conocido de los sentidos, por tanto, el corazón debe en primer lugar purificarse de todos los pensamientos imaginativos, para que el corazón puro, liberado por completo, sea iluminado.

3.- UN CORAZÓN VIGILADO Y VIGILANTE

Para los Padres de la Iglesia, la vigilancia del corazón constituye la clave del trabajo espiritual ¿en qué consiste para los Padres esta particular forma de vigilancia que consideran fundamental? En la obra titulada “Tres modos de oración”, atribuida a San Simeón el Nuevo Teólogo, este asceta elabora una lista de distintos términos para definir la vigilancia del corazón: custodia, apaciguamiento, atención, examen de los pensamientos. Todos los Padres llegan a ellos a partir de su experiencia de aquello que les ha sucedido en el terreno de su propio corazón.

San Isaías el Solitario está convencido de la necesidad de vigilar el corazón mientras uno vive en esta tierra, o sea, en el cuerpo, pues el hombre, hasta su último suspiro, no puede prever que concupiscencia vendrá a atacarlo. Vigilar el corazón supone romper con el mal y averiguar cómo los pecados y las pasiones se transforman en concupiscencia. San Nicéforo el Eremita afirma que resulta muy difícil perseverar en la radicalidad, de manera que es fundamental aspirar a ella con todas nuestras fuerzas, para conservar el corazón sin pecado. En la práctica hay que esforzarse en la vigilancia tanto del cuerpo, como del alma, pues, así como el cuerpo se mancha por unas relaciones sexuales impuras con otro cuerpo, el alma también lo hace por la unión con el mal y con los pensamientos impuros.

Conviene, por tanto, seguir este consejo de San Simeón Metafrasto: “vigila tu corazón con diligencia, pues la vida tiene allí su fuente”, para que esto sea posible, hay que unir la vigilancia del corazón con la escucha de la Palabra divina, tenemos que desarrollar y entrenar nuestro corazón para que no nos engañen unos pensamientos que conducen a la rebeldía, la rebelión o la arrogancia.

Si el ser humano no se acuerda continuamente de Dios y adquiere un sólido conocimiento para discernir la naturaleza de los pensamientos, será capaz de identificar los que quieren penetrar en él y pueden mancharlo; discernir los malos pensamientos es, por utilizar la imagen que propone Mateo en su Evangelio, como pillar a los ladrones dentro de la casa que pretenden robar.

San Juan Casiano advierte de que, si la casa del corazón no está vigilada, se llena de malos pensamientos, de imágenes impuras y de toda clase de pecados. La vigilancia del corazón, además de mencionarse en el Nuevo Testamento también esta presente en el Antiguo Testamento, el corazón e3s uno de los temas principales de los salmos, no debe extrañar, por tanto, que los Padres de la Iglesia hayan citado con predilección los salmos, que constituían una parte importante de su relación cotidiana con Dios.

4.- UN CORAZÓN ATENTO

Perseverar en ola atención tiene gran importancia de frente al proceso de purificación del corazón. ¿Qué es la atención? Para responder a esta pregunta, puede ayudar en buena medida la siguiente sentencia de San Hesiquio de Jerusalén: “La atención es el apaciguamiento del corazón, purificado de todo pensamiento”. Cuando logra tal estado, el corazón invoca continuamente a la persona de Jesucristo.

Mi8entras permanece atento, el corazón puede hacer la experiencia de ser tomado por Cristo, que lo llena de su divinidad.

Según San Marcos el Eremita, este esfuerzo de atención del corazón exige para ser eficaz que estemos dispuestos a aceptar el sufrimiento, sean maltratos o humillaciones provenientes de la crueldad de quienes nos rodean.

No basta con conservar nuestro corazón en la humildad, igualmente hemos de estar dispuestos a rechazar a nuestros enemigos (el mundo, la carne y el demonio), a reflexionar sobre la hora de nuestra muerte y a pedir socorro a Jesucristo, lo cual, según San Hesiquio, es la condición para hacernos dignos de la iluminación.

Continuará. . . .

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