ECCLESIA | COMO RECUPERAR NUESTRA VIDA ESPIRITUAL – LA CONFESION (5) - MAR ADENTRO - Seminario de Información y Evangelización de la Arquidiócesis de Acapulco

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sábado, 5 de septiembre de 2026

ECCLESIA | COMO RECUPERAR NUESTRA VIDA ESPIRITUAL – LA CONFESION (5)

 



L.C. Héctor García A.| Codipacs Chilpancingo-Chilapa


Y finalmente, hablemos rápidamente de la recuperación y la mejora de la salud espiritual. ¿Qué implica retomar la vida espiritual? El verbo que utilizamos es retomar. Yo recuerdo cuando inicie en mi caminar espiritual, que hace fue que eso fue hace aproximadamente 45 años, y yo me acuerdo el propósito que yo sentía.

Yo quiero tener una vida espiritual, y muchos en las primeras etapas de nuestro caminar, hemos tenido como esos impulsos, ¿no? Quiero ser santo, quiero realmente mejorar mi vida. Bueno, pero tal vez lo hemos dejado de lado, tal vez nos descuidamos, tal vez los golpes de la vida, tal vez el cansancio, tal vez lo rutinario mal vivido nos ha impactado.

Entonces, ¿cuál es nuestro propósito? Retomar la vida espiritual. ¿Qué implica? reactivar la voluntad, la inteligencia, el amor bajo la acción del Espíritu Santo. No es simplemente mi voluntad, no es simplemente mi esfuerzo, no es simplemente mi propósito. Yo reactivo mi voluntad y reactivo mi inteligencia y reactivo mi capacidad de amar que está unida a la voluntad, pero todo bajo la acción del Espíritu Santo.

Tomar en serio al Espíritu Santo, tomar en serio que él nos puede dar un fuego, un fuego nuevo, pedir esa gracia del Espíritu Santo.

Veamos algunas recomendaciones prácticas sobre la base de que creemos en Dios, esperamos en él y lo amamos.

Primero, sobre todo si hace tiempo hemos descuidado el sacramento de la Reconciliación, comenzar con una buena confesión acompañada de un examen de conciencia sincero, es un buen inicio.

Darme cuenta que yo me he descuidado, darme cuenta que, yo me daba cuenta que, estaba entibiándome, que estaba bajando la intensidad de la oración y por ende, mi relación con Dios y no hice nada. Dicho de otra manera, asumir la responsabilidad y hacer una buena confesión, un deseo humilde, humilde, pero muy firme, de una buena conversión.

Este gran filósofo, Paul Ricoeur (1913-2005), filósofo de la acción, lo llaman algunos, tenía una expresión muy bonita, él hablaba de la segunda inocencia, en su obra clásica de 1960, El simbolismo del mal. Este concepto describe la capacidad humana de recuperar la fe, el sentido de la vida y el valor de los símbolos tras haber pasado por el filtro de la crítica destructiva y la duda racional.

En el pensamiento de Ricoeur en esto me parece interesante, Él decía que la primera inocencia, la que asociamos, por ejemplo, con los niños, está unida muchas veces a la ingenuidad. Es decir, el niño es bueno, tiene un hogar feliz y él cree que todos los hogares son felices, él recibe amor y cree que hay amor por todas partes. A él lo tratan con respeto y él cree que todo el mundo es respetuoso. Por supuesto, eso es ingenuo. Entonces, la primera inocencia, la inocencia del niño, de la niña, es una inocencia ingenua. Esa inocencia ingenua nos sigue enseñando Ricoeur, esa esa eh esa inocencia ingenua la destruye el error, la ignorancia, el pecado y sobre todo la traición.

Sobre todo la traición. Por ejemplo, yo tenía mi confianza puesta en un amigo y el tipo ese me estafó, me engaño, tuve una novia y resultó infiel, descubrí que mi papá tenía otra mujer, yo tenía gran esperanza en un partido político y resulta que roban igual que todos.

Las decepciones, las traiciones y los propios fracasos e incoherencias van destruyendo, van pulverizando la inocencia original.

Pero para no entrar en confusiones teológicas, no la llamamos inocencia original, sino la llamamos inocencia ingenua.

¿Quedó todo perdido? Según Paul Ricoeur, es posible una nueva inocencia. Y esa nueva inocencia, ¿en qué se basa? Se basa en el amor incondicional de la redención. Por supuesto, tiene un fondo cristiano muy profundo.

Si la primera inocencia está unida a la ingenuidad, la segunda inocencia está unida a la humildad. Los niños en general no tienden a ser humildes, tienen otras cualidades, pero en general no tienden a ser humildes.

La segunda inocencia es la inocencia de la humildad, ¿qué quiere decir? que Dios, sabiendo lo que somos, envió su hijo, Jesús Cristo, sabiendo lo que somos, eligió a los apóstoles, conociéndolos como los conocía, los mandó a predicar.

¿Por qué lo hizo? Porque su amor es mayor, no porque fuéramos dignos y de alguna manera en la inocencia del niño está la idea de que yo me lo merezco y por eso si no se educa bien a un niño, el niño cree que se lo merece todo y que puede exigir y puede volverse un pequeño tirano, todos conocemos esos casos.

Pero la segunda inocencia de la que nos habla este autor, la segunda inocencia está basada en la humildad.

¿En qué consiste la segunda inocencia? No es que yo supongo el mundo, no, yo asumo el mundo, pero en el mundo, tal como es, yo admito que es posible algo maravilloso que se llama conversión, algo maravilloso que se llama gracia.

Entonces, yo no me quedo mirando solamente, soy un miserable, me he equivocado, he sido un incoherente, prometí tantas cosas, no cumplí nada, yo no me quedo en eso, sino yo digo, algo puede suceder también en mi vida. y las historias de los conversos, como decir un San Agustín, un San Francisco de Asís, un Charles de Foucault, las historias de los conversos nos impactan muchísimo.

Si Dios pudo con ellos, Dios puede conmigo, entonces, yo miro a las otras personas y miro el mundo, no como historias acabadas.

Entonces, la segunda inocencia no es que yo piense que tú eres bueno o que yo piense que yo soy bueno, sino que yo pienso que tú eres una historia en construcción y que algo bueno y maravilloso puede suceder en ti.

En el fondo, no es una apuesta o un cheque en blanco al barro humano, sino al barro humano transformado, bendecido por el amor de Dios.

Entonces, esa es la base para una renovación espiritual, la segunda inocencia, que es como un volver a empezar. Observa esto que lo han destacado tantos autores, entre ellos San Agustín.

¿Qué palabra le dijo Jesús a Pedro cuando se conocieron? Sígueme. Pasaron muchas cosas, recorrieron caminos, Pedro traicionó a Cristo, Cristo murió en la cruz, Cristo fue al sepulcro, Cristo se levantó del sepulcro y ¿Qué le dice Cristo a Pedro ya resucitado? ¿Qué le dice junto al mar de Galilea? Sígueme. Esa es la imagen de la segunda inocencia.

En el primer sígueme, Pedro se podía imaginar muchas cosas. Vamos a hacer esto, vamos a hacer esto otro, quién sabe qué se imaginaría él, con la idea de Mesías que tenían ellos en ese tiempo. En el segundo, sígueme, Pedro sabía que el precio pasa por la sangre, la cruz, el desprecio, la exclusión, ese segundo sígueme es el que renueva nuestra vida espiritual.

Ya me conoces, Jesús. Ya sabes que soy capaz de traición. Decía San Felipe Neri, sosténme, Señor, si no me sostienes, te traiciono peor que Judas. Entonces, soy consciente de mi miseria, soy consciente de que puedo traicionar, soy consciente de que puedo violentar al inocente, empezando por el inocente que es Cristo mismo.

Entonces ahí empieza un camino nuevo y por consiguiente así miro a mi hermano, incluyendo el que me cae mal. Es una historia en construcción.

La Segunda recomendación es la oración diaria y estructurada, eso es innegociable. Pero de ello hablaremos la próxima semana. Dios te Bendiga y te Guarde…

 

 

 

 

 

 

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