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sábado, 26 de septiembre de 2026

Timonel: Octubre, un mes de gracia especial

TIMONEL: OCTUBRE, UN MES DE GRACIA ESPECIAL 

Mons. Leopoldo González González


El mes de octubre trae una carga especial de bendición de Dios: es el mes del Rosario y el mes de las Misiones. La celebración de la fiesta de San Francisco nos da este año la posibilidad de ganar la Indulgencia Plenaria por el VIII Centenario de su muerte. En nuestra Arquidiócesis, viviremos los encuentros de zonas pastorales, camino a nuestra Asamblea Diocesana, en la búsqueda de nuestra formación integral como discípulos misioneros de Jesucristo, artesanos de paz. La celebración de la Jornada Mundial de la No Violencia, el día dos, nos una al Santo Padre el Papa León XIV que de manera tan constante nos ha invitado a orar por la paz y ser un don de paz en el mundo. 

+ Octubre, Mes del Rosario, es un tiempo muy propicio para orar por la paz. El Papa San Juan Pablo II nos decía que el rosario es una oración que de suyo está orientada a la paz. No sólo porque nos lleva a pedir a Dios este don, apoyados en la intercesión de la Virgen María, sino porque con el ritmo tranquilo de la repetición del avemaría, pacifica nuestro corazón y lo abre a la gracia que salva, nos dispone para asimilar y comprometernos en el proyecto de paz del Señor Jesús. Unámonos a toda la Iglesia en la oración del rosario, en la cual con los ojos de la Virgen María contemplamos a Jesús, que es nuestra paz. Se nos invita a rezarlo con los niños en nuestras familias o comunidades, de modo especial el día 7, fiesta de Nuestra Señora del Rosario, y unirnos en todo el mundo para suplicar al Señor la paz. 

+ Con la celebración de San Francisco de Asís, ahora en los 800 años de su muerte, Octubre es también un mes que nos ayuda a fortalecer en nuestro vivir diario, actitudes constructoras de paz. San Francisco es para todo mundo un don de la paz de Cristo Jesús. Sus exhortaciones, fruto de su vida según el evangelio, nos orientan a vivir la fraternidad. Son de una sencillez y transparencia verdaderamente franciscana. La paz de cada uno consigo mismo solo puede construirse en el encuentro sincero con su propia realidad, iluminados con la mirada amorosa de Dios nuestro Padre. Escribe San Francisco: “Dichoso aquel que no se tiene por mejor cuando es engrandecido y exaltado por los hombres, que cuando es tenido por vil, simple y despreciable, porque cuanto es el hombre delante de Dios tanto es y nada más”. A final de cuentas, ante Dios siempre somos sus hijos muy amados, y en la conciencia de ese amor suyo incondicional, podemos escuchar la invitación que a diario nos hace a la conversión. Por ello nos dice San Francisco: “Dichoso aquel que acepta de buena gana la reprensión, se somete respetuosamente, con humildad confiesa y con gusto repara el mal hecho”. 

Construimos la paz con los demás al vivir la regla de oro que el Señor Jesús nos dejó en el Evangelio de tratar a los demás como nosotros queramos ser tratados al encontrarnos en situación semejante. San Francisco nos presenta esta regla aplicada en cosas muy concretas: “Dichoso aquel que ama y respeta a su hermano tanto cuando está lejos de él como cuando está con él, y no dice detrás de él nada que no pueda decir con caridad delante de él”. Y en relación a la solidaridad con los más necesitados, que es una expresión práctica de la fraternidad, nos dice: “Los hombres pierden todo lo que dejan en este mundo, pero llevan consigo la recompensa de la caridad y las limosnas que hicieron, por las cuales obtendrán del Señor el premio y una digna recompensa”. “Nada de ustedes retengan para ustedes mismos, a fin de que los reciba eternamente el que a ustedes se ha entregado por completo”. Con San Francisco, artesanos de paz. 

+ Mes de las Misiones. Octubre aviva nuestra conciencia de ser discípulos misioneros del Señor Jesús: nos impulsa a realizar cada día la misión que somos, avanzar juntos en el compromiso de la evangelización, ser agradecidos con quienes nos llevaron a Jesús y apoyar a nuestros hermanos en “tierra de misión”. En su Mensaje el Papa León XIV nos exhorta “a toda la Iglesia a continuar con alegría y celo en el Espíritu Santo el camino misionero, que requiere corazones unificados en Cristo, comunidades reconciliadas y, en todos, disponibilidad para colaborar con generosidad y confianza”. Cada uno somos una misión de Dios y cada día el Señor tiene confianza en nosotros.

Primero Dios, durante este mes de octubre, en el “Timonel” de “Mar Adentro”, reflexionaremos en el Mensaje del Papa para renovar en nosotros el fuego de nuestra vocación misionera.


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