L.C.
Héctor García A.| Codipacs Chilpancingo-Chilapa
Y finalmente,
hablemos rápidamente de la recuperación y la mejora de la salud espiritual.
¿Qué implica retomar la vida espiritual? El verbo que utilizamos es retomar. Yo
recuerdo cuando inicie en mi caminar espiritual, que hace fue que eso fue hace
aproximadamente 45 años, y yo me acuerdo el propósito que yo sentía.
Yo
quiero tener una vida espiritual, y muchos en las primeras etapas de nuestro
caminar, hemos tenido como esos impulsos, ¿no? Quiero ser santo, quiero
realmente mejorar mi vida. Bueno, pero tal vez lo hemos dejado de lado, tal vez
nos descuidamos, tal vez los golpes de la vida, tal vez el cansancio, tal vez
lo rutinario mal vivido nos ha impactado.
Entonces, ¿cuál
es nuestro propósito? Retomar la vida espiritual. ¿Qué implica?
reactivar la voluntad, la inteligencia, el amor bajo la acción del
Espíritu Santo. No es simplemente mi voluntad, no es simplemente mi
esfuerzo, no es simplemente mi propósito. Yo reactivo mi voluntad y reactivo mi
inteligencia y reactivo mi capacidad de amar que está unida a la voluntad, pero
todo bajo la acción del Espíritu Santo.
Tomar en serio
al Espíritu Santo, tomar en serio que él nos puede dar un fuego, un fuego
nuevo, pedir esa gracia del Espíritu Santo.
Veamos algunas
recomendaciones prácticas sobre la base de que creemos en Dios, esperamos en él
y lo amamos.
Primero, sobre todo si hace tiempo
hemos descuidado el sacramento de la Reconciliación, comenzar con una buena
confesión acompañada de un examen de conciencia sincero, es un buen inicio.
Darme cuenta
que yo me he descuidado, darme cuenta que, yo me daba cuenta que, estaba
entibiándome, que estaba bajando la intensidad de la oración y por ende, mi
relación con Dios y no hice nada. Dicho de otra manera, asumir la
responsabilidad y hacer una buena confesión, un deseo humilde, humilde,
pero muy firme, de una buena conversión.
Este gran
filósofo, Paul Ricoeur (1913-2005),
filósofo de la acción, lo llaman algunos, tenía una
expresión muy bonita, él hablaba de la segunda inocencia,
en su obra clásica de 1960, El simbolismo del mal.
Este concepto describe la capacidad humana de recuperar la fe, el sentido de
la vida y el valor de los símbolos tras haber pasado por el filtro de la
crítica destructiva y la duda racional.
En el
pensamiento de Ricoeur en esto me parece interesante, Él decía que la primera inocencia,
la que asociamos, por ejemplo, con los niños, está unida muchas veces a la
ingenuidad. Es decir, el niño es bueno, tiene un hogar feliz y él cree que
todos los hogares son felices, él recibe amor y cree que hay amor por todas
partes. A él lo tratan con respeto y él cree que todo el mundo es respetuoso.
Por supuesto, eso es ingenuo. Entonces, la primera inocencia, la inocencia del
niño, de la niña, es una inocencia ingenua. Esa inocencia ingenua nos sigue
enseñando Ricoeur, esa esa eh esa inocencia ingenua la
destruye el error, la ignorancia, el pecado y sobre todo la traición.
Sobre todo la
traición. Por ejemplo, yo tenía mi confianza puesta en un amigo y el tipo ese
me estafó, me engaño, tuve una novia y resultó infiel, descubrí que mi papá
tenía otra mujer, yo tenía gran esperanza en un partido político y resulta que
roban igual que todos.
Las
decepciones, las traiciones y los propios fracasos e incoherencias van
destruyendo, van pulverizando la inocencia original.
Pero para no
entrar en confusiones teológicas, no la llamamos inocencia original, sino la
llamamos inocencia ingenua.
¿Quedó todo
perdido? Según Paul Ricoeur, es posible una nueva inocencia. Y esa nueva inocencia, ¿en qué se
basa? Se basa en el amor incondicional de la redención. Por supuesto, tiene un
fondo cristiano muy profundo.
Si la primera
inocencia está unida a la ingenuidad, la segunda inocencia está unida a la
humildad. Los niños en general no tienden a ser humildes, tienen otras
cualidades, pero en general no tienden a ser humildes.
La segunda
inocencia es la inocencia de la humildad, ¿qué quiere decir? que Dios, sabiendo
lo que somos, envió su hijo, Jesús Cristo, sabiendo lo que somos, eligió a los
apóstoles, conociéndolos como los conocía, los mandó a predicar.
¿Por
qué lo hizo? Porque su amor es mayor, no porque fuéramos dignos y de alguna
manera en la inocencia del niño está la idea de que yo me lo merezco y por eso
si no se educa bien a un niño, el niño cree que se lo merece todo y que puede
exigir y puede volverse un pequeño tirano, todos conocemos esos casos.
Pero la segunda
inocencia de la que nos habla este autor, la segunda inocencia está basada en
la humildad.
¿En qué
consiste la segunda inocencia? No es que yo supongo el mundo, no, yo asumo el
mundo, pero en el mundo, tal como es, yo admito que es posible algo maravilloso
que se llama conversión, algo maravilloso que se llama gracia.
Entonces, yo no
me quedo mirando solamente, soy un miserable, me he equivocado, he sido un
incoherente, prometí tantas cosas, no cumplí nada, yo no me quedo en eso, sino
yo digo, algo puede suceder también en mi vida. y las historias de los
conversos, como decir un San Agustín, un San Francisco de Asís, un Charles de
Foucault, las historias de los conversos nos impactan muchísimo.
Si Dios pudo
con ellos, Dios puede conmigo, entonces, yo miro a las otras personas y miro el
mundo, no como historias acabadas.
Entonces, la
segunda inocencia no es que yo piense que tú eres bueno o que yo piense que yo
soy bueno, sino que yo pienso que tú eres una historia en construcción y que
algo bueno y maravilloso puede suceder en ti.
En el fondo, no
es una apuesta o un cheque en blanco al barro humano, sino al barro humano
transformado, bendecido por el amor de Dios.
Entonces, esa
es la base para una renovación espiritual, la segunda inocencia, que es como un
volver a empezar. Observa esto que lo han destacado tantos autores, entre ellos
San Agustín.
¿Qué palabra le
dijo Jesús a Pedro cuando se conocieron? Sígueme. Pasaron muchas
cosas, recorrieron caminos, Pedro traicionó a Cristo, Cristo murió en la cruz,
Cristo fue al sepulcro, Cristo se levantó del sepulcro y ¿Qué le dice Cristo a
Pedro ya resucitado? ¿Qué le dice junto al mar de Galilea? Sígueme.
Esa es la imagen de la segunda inocencia.
En el
primer sígueme, Pedro se podía imaginar muchas
cosas. Vamos a hacer esto, vamos a hacer esto otro, quién sabe qué se
imaginaría él, con la idea de Mesías que tenían ellos en ese tiempo. En
el segundo, sígueme, Pedro sabía que el precio pasa por la sangre, la
cruz, el desprecio, la exclusión, ese segundo sígueme es el que renueva
nuestra vida espiritual.
Ya me conoces, Jesús. Ya sabes que soy
capaz de traición. Decía San Felipe Neri, sosténme, Señor, si no me sostienes,
te traiciono peor que Judas. Entonces, soy consciente de mi miseria, soy
consciente de que puedo traicionar, soy consciente de que puedo violentar al
inocente, empezando por el inocente que es Cristo mismo.
Entonces ahí empieza un camino nuevo y por
consiguiente así miro a mi hermano, incluyendo el que me cae mal. Es una
historia en construcción.
La Segunda recomendación es la
oración diaria y estructurada, eso es
innegociable. Pero de ello hablaremos la próxima semana. Dios te Bendiga y te
Guarde…