Timonel: En la pascua de Monseñor Carlos - MAR ADENTRO - Seminario de Información y Evangelización de la Arquidiócesis de Acapulco

Breaking

sábado, 8 de agosto de 2026

Timonel: En la pascua de Monseñor Carlos

TIMONEL:  EN LA PASCUA DE MONSEÑOR CARLOS

Mons. Leopoldo González González

El pasado jueves, 6 de agosto, muy de mañana, en la fiesta de la Transfiguración del Señor Jesús, Mons. Carlos Garfias Merlos fue llamado a la Casa del Padre. La noche anterior, ya tarde, minutos después de las diez de la noche, nos envió un mensaje al grupo de sacerdotes condiscípulos suyos. Luego de saludarnos, felicitarnos y encomendarnos al Santo Cura de Ars, así se despedía: “Me encomiendo a su oración, agradezco su cercanía en mi aniversario episcopal. Dios los bendiga”. Fue ésta la última palabra que nos dijo. Tal vez la última que escribió. La semana anterior, al despedirnos al teléfono, le dije: “Maestro, bendíceme”. “Te bendiga Dios Todopoderoso Padre, Hijo y Espíritu Santo”. Fue la última palabra suya que escuché. Dos días antes de su muerte, agradecía al grupo Inquietud, que de recién ordenados era el grupo juvenil en la Rectoría de “Las Tres Ave Marías”, la invitación que le hacían a la fiesta, se disculpaba por su salud y les decía: “Saludos a toda la comunidad. Dios les bendiga”. Fue su última palabra al grupo y a la comunidad. 

Cuando el Señor Jesús, después de entregar su vida por nosotros y resucitar para nuestra salvación, volvió a la Casa del Padre, lo hizo “mientras bendecía a sus discípulos”. El Señor Jesús nos dice que sólo bendiciendo se puede ir a la Casa del Padre, porque sólo haciendo el bien se puede ir tras Él. Mons. Carlos se fue a la Casa del Padre bendiciendo. ¿Ya sabía que el Señor lo llamaría ese día? No, pero así buscaba vivir sus días, bendiciendo, siendo un bien de Dios para los demás, pidiendo cada día perdón por las faltas y pecados cometidos y volviendo de nuevo a buscar hacer el bien. Los invito a pedir a Dios nuestro Padre, que perdone sus pecados y lo acoja en la bienaventuranza eterna, y también los invito a dar gracias a Dios por tanto bien que nos hizo a través de Mons. Carlos. 

+ Personalmente es muy mucho lo que he de agradecer a Dios Padre por tanto que me bendijo a través de Mons. Carlos. El regalo de compartir la vida durante muchos años: desde 1964 a 1996, en la misma casa, el Seminario, primero como alumnos (12 años), luego otros 20 años como formadores, el cuidar y ser cuidados por la comunidad de la Rectoría de Tres Ave Marías por más de 14 años, vernos rodeados de familias y sacerdotes en el Encuentro Matrimonial, y compartir fraternalmente las alegrías y también los momentos de dolor y duelo de nuestras familias… y luego de su ordenación episcopal, el compartir continuó hasta ahora. Tenía la gran virtud del Buen Samaritano: mirar la realidad, dejarse conmover por la necesidad y ayudar. Al final de la Misa de mi Ordenación Episcopal, al ir bendiciendo a la comunidad, yo llevaba el báculo levantado, casi como lanza, y al pasar junto a él, me dijo: “Que toque el piso, maestro”. El báculo, signo del ministerio episcopal, signo del cuidado pastoral, ha de tocar el piso. El Papa Francisco hablaba de las periferias existenciales. 

+ Pues sí, hay que tocar la realidad con el báculo episcopal. Y eso cuánto le agradecemos a Mons. Carlos lo haya hecho en nuestra Arquidiócesis y no sólo en ella. Algunos años antes de que él fuera enviado como arzobispo, estalló de forma muy cruel la violencia criminal en Acapulco. En 2012 la tasa de homicidios en Acapulco fue la más alta en el país. Con grande fidelidad al Señor Jesús que nos habla a través de los acontecimientos y con grande amor por la comunidad, Mons. Carlos apoyó los esfuerzos de construcción de paz que ya habían surgido en la Arquidiócesis en la atención a las víctimas de las violencias y el ir a sanar, con la oración, el signo de la cruz y la Eucaristía, los lugares donde algunas personas habían sido asesinadas o ejecutadas. Fortaleció esos esfuerzos que encontró, y no sólo amplió los proyectos de paz, sino que propuso que “construir la paz con justicia” fuera el eje transversal de la actividad pastoral diocesana, y se preocupó por capacitar a sacerdotes y laicos para ello. Hace unos cuatro años, al presentar los manuales de acompañamiento a víctimas de las violencias, un reportero preguntó a cuántas personas se había atendido en los centros de escucha: el registro entonces era de más de 4000.  Son personas que viven en la paz, buscan la verdad y la justicia que restaura, pero sin odio en su persona. He escuchado muchos testimonios. Y ha sido también muy grande el bien realizado en los demás programas de acompañamiento a víctimas de las violencias… Ha sido la Palabra de Evangelio que toca su vida y ayuda a esas personas a no convertirse en victimarios, sino en artesanos de paz.

Mucho le agradezco a Mons. Carlos la gran bendición de Dios que fue para nosotros desde la Arquidiócesis de Morelia, cuando se nos apretaron muy rudamente las cosas en el primer período de la pandemia y en los meses siguientes al huracán Otis. 

Ahora que Dios nuestro Padre lo llamó a su presencia, se fue bendiciéndonos, era su propósito de cada día. Que el Señor lo acoja en su misericordia, perdone sus pecados y le haga participar de la bienaventuranza eterna. Dale, Señor, el descanso eterno. Luzca para él la vida eterna. 

Agradezco a los Padres que en la Celebración de la Eucaristía pidan con la comunidad por el eterno descanso de Mons. Carlos. Habrá momento para reunirnos y juntos ofrecer por él, el Sacrificio de Jesús en la Eucaristía.  


Renovación del Ábside del Santuario de Padre Jesús de Petatlán

Renovación del Ábside del Santuario de Padre Jesús de Petatlán Lizeth Juárez Petatlán, Gro. — Como parte de la gran celebración en honor a P...