El
próximo miércoles, 19 de agosto, celebramos el Día Mundial de la Asistencia
Humanitaria. Esta celebración tiene varias intenciones: la primera, reconocer,
aplaudir y agradecer a las personas que arriesgan sus vidas llevando ayuda a
quienes se encuentran afectados por alguna crisis humanitaria, es decir, en una
situación de emergencia que amenaza la salud, la seguridad o el bienestar de
una comunidad o grupo de personas de un país o una región. La segunda intención
es invitar a los gobiernos de las naciones para que apoyen a las personas que
ayudan en las crisis que se sufren en tantas partes del mundo. Recordar y
exigir que conforme al derecho internacional, en los conflictos armados, las
partes que desgraciadamente están enfrentadas deben permitir y facilitar la prestación
de ayuda humanitaria a las personas necesitadas, y que las personas civiles,
incluido el personal humanitario y médico, deben ser respetadas y protegidas. Y la tercera intención es celebrar la humanidad que
nos une, ese lazo entrañable que nos hace condolernos de quien sufre y nos
impulsa a tenderle la mano en su necesidad.
+ En
las crisis humanitarias que hemos sufrido a causa de los huracanes y sismos
muchas personas se han acercado a nosotros para tendernos la mano. Volvamos a
recordarlas con gratitud y admiración. También recordemos con alegría todos
aquellos gestos que nosotros pudimos tener para cuidar y ayudar a quienes
estaban en situación más difícil que nosotros. Caigamos a la cuenta que esas
actitudes hacen luminosa nuestra vida, al recordarlas nos dan energía y
arraigan la esperanza. Esto nos refuerce en esa orientación. Las situaciones
críticas son ocasión para sacar lo mejor de nosotros mismos y dándonos la mano
salir adelante.
+ También
miremos con gratitud a todas aquellas comunidades que, han acogido a grupos y
poblaciones que al ser desplazadas por la violencia se han visto en situaciones
de emergencia. Desgraciadamente en algunas de nuestras regiones hay pueblos que
han ido quedando casi solos por amenazas o por la violencia ejercida por grupos
criminales. Ayudar en esas crisis, acercarnos a esas personas en su
sufrimiento, nos hace caer a la cuenta de que el cuidado del bien común ciertamente
incluye la seguridad para poder quedar en nuestra casa, en nuestro pueblo, como
lo dijo una de estas víctimas. Nos dice
el Papa León XIV: “Dar
espacio, en la información y en la educación, a la mirada y a la voz de las
víctimas ayuda a tomar verdadera conciencia del abismo de maldad que encierra
la guerra y, en general, toda forma de violencia; a no aceptar como normal la
lógica del conflicto; a no apartar la mirada cuando se comete una afrenta
contra la dignidad humana; y a devolver a las personas afectadas la dignidad de
ser reconocidas y escuchadas” (D H).
+ Esta
conmemoración sea también ocasión para “celebrar y fortalecer la humanidad
que nos une”. Asistir al necesitado no es asunto de unos cuantos sino de
todos. Es punto central de humanidad. Atender a las personas en estas
situaciones críticas ha de ser una acción comunitaria, de la sociedad en su
conjunto. Enseñaba San Juan Crisóstomo que nuestra oración no ha de ser: ‘No nos hagas necesitar de nadie’, sino más bien: ‘No permitas que
cuando nos hallemos necesitados, se nieguen a socorrernos los que lo pueden
hacer’. Pues no es un mal necesitar de las riquezas de otro, sino dilapidar lo
que es de los demás”, es decir aquello que no nos es necesario a nosotros. Cada uno podemos realizar algo para hacer nuestro
mundo más humanitario.
Guardemos
una gratitud muy grande a las personas que arriesgan su vida por ayudar a los
demás en situaciones críticas, y esa gratitud nos mueva a sumarnos a su labor
en lo que esté en nuestras manos realizar.