El día de hoy, en el aniversario de su
martirio, celebramos la fiesta del Beato Fray Bartolomé Días Laurel, patrono de
la catequesis en nuestra Arquidiócesis. Lo sentimos muy nuestro, uno de
nosotros, de esta tierra. El Barrio del Pozo de la Nación escuchó su risa y su
llanto de niño, la hermosura de la bahía abrió su corazón a la Belleza que está
más allá de lo que nuestros ojos miran, y este mar fue el camino que luego lo llevó
a encontrarse con el Señor Jesús en una colina de Nagasaki, donde por amor a Él
entregó su vida.
En las circunstancias que vivimos quisiera
resaltar tres rasgos suyos:
+ Fue
un catequista misionero y un misionero catequista. Se encargaba de dar las
primeras lecciones a los catecúmenos. ¿Cuáles son las primeras lecciones para
aquellas personas que piden ser admitidas a la Iglesia mediante la recepción de
los sacramentos de la iniciación cristiana? El Beato Bartolomé las impartía en
el siglo XVI, pero desde el siglo IV ya formaban parte del proceso
evangelizador: el primer anuncio y el kerigma. San Francisco de Asís lo decía
de esta forma: “Los hermanos que van (entre no cristianos) pueden comportarse
espiritualmente de dos maneras entre ellos. Un modo es que no promuevan pleitos
ni enfrentamientos, sino que se sometan a toda humana creatura por Dios y que
confiesen que son cristianos. Otro modo es que, cuando vieren que agrada al
Señor, proclamen la Palabra de Dios, para que crean en Dios omnipotente, Padre,
Hijo y Espíritu Santo, Creador de todas las cosas, en el Hijo Salvador y
Redentor, para que se bauticen y se hagan cristianos…” (Rnb 16, 5-7).
El primer anuncio consiste en atraer con el
testimonio, con la Buena Nueva del Evangelio transparentada en el modo de ser,
de vivir, de tratar; y luego viene la proclamación explícita del kerigma: “Se
anuncia abiertamente y con decisión al Dios vivo y a Jesucristo, enviado por él
para salvar a todos los hombres, a fin de que los no cristianos, al disponerles
el corazón el Espíritu Santo, crean, se conviertan libremente al Señor y se
unan con sinceridad a él quien por ser el camino, la verdad y la vida, satisface
todas sus exigencias espirituales, es más las supera infinitamente” (A.G.13).
El primer anuncio y la proclamación explícita
del kerigma nunca son una etapa superada en la vida del discípulo-misionero de
Jesús, nunca son una etapa superada en nuestra vida, porque llevan al encuentro
con Jesús, que es la raíz de nuestra conversión a Él y de nuestro seguimiento
de Él como discípulos, en la comunidad que celebra los sacramentos y se
esfuerza por vivir cada día la solidaridad fraterna. Es puerta de entrada a la
formación integral de discípulos misioneros que miramos como un desafío central
de la evangelización en nuestra Arquidiócesis.
A la intercesión del Beato Bartolomé, nuestro
Patrono de la Catequesis, confiamos el fortalecimiento de nuestros catequistas
en su ministerio. Eso le pediremos a Dios nuestro Padre en la Celebración de la
Eucaristía este lunes 17, a las 10 horas, en la Nueva Catedral, y haremos de
nuevo ofrenda al Señor de sus cursos de verano casi recién concluidos.
+ Fue un muy buen enfermero: el Beato Fray Bartolomé Días Laurel practicó
la medicina y la enfermería desde cuando era hermano lego en el convento de San Buenaventura en Valladolid, hoy
Morelia, y luego en Filipinas. Ahí “el convento tenía anexo un hospital en el que
se daba acogida a los marineros y comerciantes japoneses que arribaban enfermos
a la ciudad”. Llegó
a ser un notable profesional en la atención a los enfermos. Sin duda la palabra
de San Francisco de Asís resonaba en su interior y motivaba su cuidado a los
enfermos: “Dichoso aquel que sobrelleva a su prójimo en su debilidad de la
misma forma que quisiera ser él sobrellevado si se hallase en una situación
semejante” (Adm 18,1).
Muchos médicos, enfermeras y enfermeros,
muchas madres y padres de familia, muchas hijas e hijos han actuado de esa
manera con sus pacientes y con sus familiares enfermos. El Señor llene su
corazón de la gran dicha. El Beato Fray Bartolomé Días Laurel abra nuestros
ojos para mirar y disponga nuestro corazón para hacernos fraternalmente
solidarios con nuestros familiares, vecinos y conocidos enfermos y confiemos a su
intercesión la salud de estos hermanos nuestros.
+ Entregó su vida por Cristo:
A los 28 años de edad, por vivir su fe, murió quemado vivo, a fuego lento, el
17 de agosto de 1627 en una colina de Nagasaki en Japón. Así culminó su unión
con el Señor Jesús como lo pedía San Francisco: “Pongamos atención todos los
hermanos al Buen Pastor, que por salvar a sus ovejas soportó el suplicio de la
cruz. Las ovejas del Señor le siguieron en la tribulación y en la persecución,
en el sonrojo y el hambre y en la tentación y en todo lo demás, y por todo eso
recibieron del Señor la vida eterna”.
Como discípulos de Jesús, también
nosotros hemos de entregar la vida por Él y por el Evangelio. ¿Cómo vivir esta
entrega? Nos decía el Papa Francisco: “también
está el martirio cotidiano, que no comporta la muerte pero que también es un
“perder la vida” por Cristo, cumpliendo el propio deber con amor, según la
lógica de Jesús, la lógica de la donación, del sacrificio. Pensemos: ¡cuántos
papás y mamás cada día ponen en práctica su fe ofreciendo concretamente su
propia vida por el bien de la familia! Pensemos en esto. ¡Cuántos sacerdotes,
religiosos y religiosas desarrollan con generosidad su servicio por el Reino de
Dios! ¡Cuántos jóvenes renuncian a sus propios intereses para dedicarse a los
niños, a los minusválidos, a los ancianos…! ¡También estos son mártires,
mártires cotidianos, mártires de la cotidianidad!” (Papa Francisco).
+ Encomendemos al Beato Bartolomé: la
paz en nuestro Estado y en nuestra ciudad. Él, que vivió la vida de familia y
de barrio en nuestra ciudad, fortalezca los lazos de unidad en nuestros hogares
y nos ayude a construir comunidad en cada barrio y en cada colonia. Nos ayude a
poner en la sociedad aquellas condiciones de verdad, justicia y misericordia
que hacen posible la paz. Él, que fue víctima de la violencia, consuele a
quienes sufren la pérdida de sus seres queridos ejecutados, asesinados o
desaparecidos; él que recorrió las calles, mercados y playas de nuestra ciudad
libere a quienes sufren la extorsión, el cobro de piso, el pago de cuota, la
destrucción de sus bienes.
Beato Bartolomé Días Laurel, ruega por
nosotros.