Timonel - EL PRESEMINARIO, DESTELLO DEL LLAMADO DE JESUS A CADA UNO. “ENVIA, SEÑOR, OBREROS A TU MIES” - MAR ADENTRO - Seminario de Información y Evangelización de la Arquidiócesis de Acapulco

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jueves, 9 de julio de 2026

Timonel - EL PRESEMINARIO, DESTELLO DEL LLAMADO DE JESUS A CADA UNO. “ENVIA, SEÑOR, OBREROS A TU MIES”


Mons. Leopoldo González González

Ha llegado este tiempo tan especial de bendición de Dios, que es el preseminario. Esta semana algunos adolescentes y jóvenes que sienten inclinación a la vida sacerdotal se reunirán en el Seminario del Buen Pastor, para orar, reflexionar y escuchar el llamado que Dios les hace. Son días de grande esperanza.

Hace ocho días mirábamos cómo estos jóvenes nos recuerdan algo muy luminoso de nuestra persona: cada uno somos amados, elegidos y llamados por Dios a la existencia, con nuestro ser personal único, en este tiempo preciso y siempre necesitados unos de otros. Esto nos hace ver muy claro la misión que Dios nos confía: Somos un bien suyo para los demás. Y también mirábamos que desde nuestro bautismo, al hacernos hijos suyos, Dios nos ha llamado a ser santos. Ser santos, nos decía el Papa Benedicto XVI mostrándonos a Jesús, “es hacer nuestras sus actitudes, sus pensamientos, sus comportamientos” en el matrimonio, en la vida consagrada, en el sacerdocio, en la soltería según el Señor los llame.

+ Muchos jóvenes sueñan con encontrar a la persona con quien formar una familia y juntos construir una sola vida. El enamorarse es la manera como el Señor les llama a recorrer el camino del noviazgo que los prepare para el matrimonio, y formar ellos dos, hombre y mujer, una sola carne, una sola vida. El Señor también sigue llamando a niños, adolescentes y jóvenes al sacerdocio y a la vida consagrada. “En el discernimiento de una vocación no hay que descartar la posibilidad de consagrarse a Dios en el sacerdocio, en la vida religiosa o en otras formas de consagración. ¿Por qué excluirlo? Ten la certeza de que si reconoces un llamado de Dios y lo sigues, eso será lo que te hará pleno” (Papa Francisco). Estos muchachos que vienen al preseminario sienten esa inquietud en su corazón.

+ La manera como el Señor Jesús hace sentir la atracción al sacerdocio y a la vida consagrada es sumamente variada. A muchos los ha atraído desde que eran monaguillos o formaban parte del grupo juvenil o eran integrantes del coro parroquial o “Tarsicios” en la Adoración Nocturna…  Conozco un Padre que era del Ballet Folklórico de Amalia Hernández. En una función que daban en Mérida vio ahí al entonces Sr. Obispo de Tapachula, don Felipe Arizmendi, y se acercó a saludarlo. Cuenta que Don Felipe le dijo: “Jesús también necesita jóvenes que le bailen”. Sonrió y aquella palabra quedó resonando en su corazón. Al año siguiente entró al Seminario. Un muchacho me dijo que sintió deseos de entrar al seminario al ver a algunos padres y seminaristas descargando los tráileres y subiendo la ayuda a las camionetas que las llevarían a comunidades necesitadas en los días del desastre causado por el huracán Otis. Hace años cuatro niños estaban atrás de la portería del equipo del Seminario de Morelia, que jugaba contra el equipo de su pueblo, y echaban piedritas al campo para que se raspara el portero. Al final del partido el portero se despidió de ellos. Estos cuatro chiquillos llegaron al preseminario y dos de ellos son sacerdotes. Jesús tiene maneras de llamar.

+ El Señor nos habla en el silencio de la oración, cuando meditamos su Palabra, a través de los buenos deseos que Él nos inspira. Pero también nos llama por medio de las necesidades que sufren nuestros hermanos. El Buen Pastor, también a través de nosotros, quiere acercarse a tantas familias desintegradas, a los muchos jóvenes que no encuentran sentido a su vida, a hombres y mujeres esclavos en sus vicios, a las víctimas de la absurda violencia que sufrimos, y a quienes la perpetran para llamarlos a la conversión. Quiere acercarse a cada uno de quienes formamos la sociedad para hacernos ver que somos bendición suya unos para otros.

Nos dice el Papa León XIV: “Queridos jóvenes, ¡escuchen esa voz! Escuchen la voz del Señor que los invita a vivir una vida plena, realizada, haciendo fructificar los propios talentos y clavando en la cruz gloriosa de Cristo los propios límites y debilidades. Por lo tanto, dediquen tiempo a la adoración eucarística, mediten asiduamente la Palabra de Dios para vivirla cada día, participen activa y plenamente en la vida sacramental y eclesial. De este modo conocerán al Señor y, en la intimidad propia de la amistad, descubrirán cómo entregarse a los demás, en el camino del matrimonio, o del sacerdocio, o del diaconado permanente, o en la vida consagrada, religiosa o seglar: toda vocación es un don inmenso para la Iglesia y para quien la acoge con alegría. Conocer al Señor significa sobre todo aprender a confiar en Él y en su Providencia, que sobreabunda en toda vocación”.

Sigamos en oración por los jóvenes que esta semana participarán en el Preseminario, que con oídos atentos escuchen la voz del Señor y con gran generosidad respondan a su llamado.

 


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