COMUNICADO
DOMINGO DEL MAR:
“Más allá de la carga y el comercio: el rostro humano
del mar”.
El día de hoy, segundo domingo de julio, la Iglesia celebra
desde 1975, el “Domingo del Mar”. La intención primera es hacernos más
conscientes de la importancia del trabajo que realizan las personas que laboran
en el mar: marineros, estibadores, pescadores… y también más cercanos a ellos
con nuestro afecto y oración. Son más de un millón de personas que hacen
posible que lleguen a nosotros muchos productos necesarios para nuestro vivir
diario, el de nuestras familias y de nuestros pueblos, y bien sabemos que su
trabajo es parte muy importante en la economía mundial. Las deplorables crisis
internacionales de navegación en algunos sitios en días pasados nos lo han
mostrado.
Comparto con Ustedes dos partes del mensaje que para
este día nos envió el Cardenal Michel Czerny, Prefecto del Dicasterio
para el Servicio del Desarrollo Humano Integral.
+ No olvidar que
quienes con su trabajo en el mar ponen a nuestro alcance gran parte de las
cosas necesarias para nuestro vivir de cada día, son “personas humanas
creadas a imagen y semejanza de Dios y dotadas de una dignidad inviolable. Cada
uno con una historia única, marcada por esperanzas y temores, cargas y
resiliencia, relaciones y sueños que merecen ser vistos, honrados y
apreciados”. Y muchos de ellos enfrentan una creciente incertidumbre y
dificultad: “El mar, que durante mucho tiempo ha unido a pueblos y naciones,
está cada vez más marcado por la tensión, la inseguridad, la guerra y el miedo.
Muchos tripulantes no sólo afrontan los peligros inherentes del mar y de las
vías navegables, sino que también se han visto recientemente afectados por
conflictos armados que han dado lugar a su confinamiento virtual a bordo, a la
escasez de alimentos e incluso al temor por sus propias vidas. Esto ha
acentuado su sensación de soledad, su aislamiento de la sociedad en general, su
separación de sus seres queridos y su agotamiento emocional… Necesitan una
presencia. Necesitan saber que se les recuerda, que son bienvenidos, que
se les escucha y que se les quiere.” Si en nuestro entorno tenemos la
oportunidad de acercarnos, saludar y agradecerles su trabajo, no dejemos de
hacerlo.
+ “La vida marítima
puede erigirse como un testimonio vivo de que personas de diversas naciones,
culturas y creencias siguen siendo capaces de fraternidad, solidaridad, respeto
mutuo e interdependencia pacífica… el propio mar enseña a la humanidad que nos
pertenecemos unos a otros. Los océanos no dividen a las personas; las conectan.
Cada día, quienes trabajan en los mares y las vías navegables se convierten en
puentes entre naciones, culturas, religiones y economías. En un mundo herido
por el conflicto y la fragmentación, sus vidas dan testimonio de la posibilidad
perdurable de la cooperación, la solidaridad y la convivencia pacífica”.
Quienes vivimos en la costa, cada día miramos el océano. Su inmensidad
nos recuerde que es posible unir realidades sumamente distantes e intercambiar
nuestros bienes a pesar de las lejanías.
+ Nuestra profunda
gratitud a todos los marinos, pescadores y trabajadores marítimos, así como a
sus familias. Agradecemos la entrega de su vida cada día. “Sus sacrificios
sostienen el comercio global, la seguridad alimentaria y el bienestar de
innumerables comunidades”. “Encomendándolos
al cuidado de María, Estrella del Mar, oramos por la seguridad, la dignidad, la
paz y la esperanza de todos los que viajan y trabajan sobre las aguas”.
+ Tengamos en
nuestra oración a nuestros hermanos de Venezuela, que han sufrido esos sismos
tan violentos. Les tendamos la mano en su necesidad. He pedido a los Padres que
la colecta de una celebración de la Eucaristía de este domingo se destine a
ellos a través de Caritas.