Sem. Alejandro Estrada Celestino
Después de contar el origen de la imagen y
la historia de la parroquia, hoy nos detenemos en lo central: ¿qué nos dice la
fe de nuestro pueblo sobre Nuestro Padre Jesús de Petatlán?
1. La imagen no es el milagro, el Señor
sí
La tradición que nos heredaron los mayores
es clara: “Los milagros no los hace la escultura como tal, si no Jesucristo
nuestro señor, a través de la devoción de su imagen”.
Este es el primer dato teológico que
sostiene toda la devoción. La imagen de madera, con su perfil espigado, sus
ojos dulcemente tristes, la sangre en la frente y las rodillas en el piso, es
signo. El que actúa es Jesucristo, el Señor. La imagen nos lleva a Él, no lo
sustituye. Por eso la veneramos, pero adoramos solo a Cristo.
2. El misterio de la redención en la vía
dolorosa
El mismo relato señala que la imagen
representa a “nuestro Redentor en la vía dolorosa”. La piedad de los misioneros
de la Nueva España fue fundar santuarios en los que se honraba de preferencia a
Jesús en el misterio de su redención.
Así, Padre Jesús no es un Cristo
cualquiera. Es el Cristo que cae con la cruz al hombro, que hace esfuerzo por
levantarse y seguir caminando, pero no puede. Es el Divino Nazareno que, “con
su mirada dulcemente triste, parecía invitar a los creyentes a que le ayudaran
a llevar la cruz”. Teológicamente, el centro está en la redención: Dios que se
abaja, que se cansa, que cae, para levantarnos.
3. Aprender a cargar con la propia cruz
“Aunque no sepamos a ciencia cierta el
verdadero origen de la imagen, de lo que sí podemos estar seguros es de las
innumerables gracias y bendiciones que hemos recibido de nuestro Señor
Jesucristo, quien en esta imagen nos ha dejado un recuerdo de que todos debemos
aprender a cargar con nuestra propia cruz”.
Aquí está el sentido filial de la devoción:
no vamos al Santuario solo a pedir que nos quiten el peso. Vamos a aprender,
mirando a Padre Jesús, cómo se carga. Él, que está “cansado el pobre con su
cruz al hombro”, nos enseña que la cruz no se evita, se abraza. Y que no se
carga solo: Él invita a que le ayudemos, y al ayudarle, descubrimos que Él nos
ayuda a nosotros.
Por eso el pueblo le dice “Padre”. No
porque confunda a las Personas divinas, sino porque en esa imagen reconoce al
Señor que lo paterniza en el dolor, que le enseña a ser hijo en la prueba.
La espiritualidad
de Padre Jesús de Petatlán cabe en tres líneas de nuestro díptico:
- Cristo es quien hace el milagro.
- Se nos muestra en el misterio de
su redención, caído en la vía dolorosa.
- Nos deja el recuerdo y la tarea: cargar con nuestra propia
cruz.