La espiritualidad de Nuestro Padre Jesús de Petatlán - MAR ADENTRO - Seminario de Información y Evangelización de la Arquidiócesis de Acapulco

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jueves, 9 de julio de 2026

La espiritualidad de Nuestro Padre Jesús de Petatlán

 


Sem. Alejandro Estrada Celestino

Después de contar el origen de la imagen y la historia de la parroquia, hoy nos detenemos en lo central: ¿qué nos dice la fe de nuestro pueblo sobre Nuestro Padre Jesús de Petatlán?

1. La imagen no es el milagro, el Señor sí

La tradición que nos heredaron los mayores es clara: “Los milagros no los hace la escultura como tal, si no Jesucristo nuestro señor, a través de la devoción de su imagen”.

Este es el primer dato teológico que sostiene toda la devoción. La imagen de madera, con su perfil espigado, sus ojos dulcemente tristes, la sangre en la frente y las rodillas en el piso, es signo. El que actúa es Jesucristo, el Señor. La imagen nos lleva a Él, no lo sustituye. Por eso la veneramos, pero adoramos solo a Cristo.

2. El misterio de la redención en la vía dolorosa

El mismo relato señala que la imagen representa a “nuestro Redentor en la vía dolorosa”. La piedad de los misioneros de la Nueva España fue fundar santuarios en los que se honraba de preferencia a Jesús en el misterio de su redención.

Así, Padre Jesús no es un Cristo cualquiera. Es el Cristo que cae con la cruz al hombro, que hace esfuerzo por levantarse y seguir caminando, pero no puede. Es el Divino Nazareno que, “con su mirada dulcemente triste, parecía invitar a los creyentes a que le ayudaran a llevar la cruz”. Teológicamente, el centro está en la redención: Dios que se abaja, que se cansa, que cae, para levantarnos.

3. Aprender a cargar con la propia cruz

“Aunque no sepamos a ciencia cierta el verdadero origen de la imagen, de lo que sí podemos estar seguros es de las innumerables gracias y bendiciones que hemos recibido de nuestro Señor Jesucristo, quien en esta imagen nos ha dejado un recuerdo de que todos debemos aprender a cargar con nuestra propia cruz”.

Aquí está el sentido filial de la devoción: no vamos al Santuario solo a pedir que nos quiten el peso. Vamos a aprender, mirando a Padre Jesús, cómo se carga. Él, que está “cansado el pobre con su cruz al hombro”, nos enseña que la cruz no se evita, se abraza. Y que no se carga solo: Él invita a que le ayudemos, y al ayudarle, descubrimos que Él nos ayuda a nosotros.

Por eso el pueblo le dice “Padre”. No porque confunda a las Personas divinas, sino porque en esa imagen reconoce al Señor que lo paterniza en el dolor, que le enseña a ser hijo en la prueba.

La espiritualidad de Padre Jesús de Petatlán cabe en tres líneas de nuestro díptico:

  1. Cristo es quien hace el milagro.
  2. Se nos muestra en el misterio de su redención, caído en la vía dolorosa.
  3. Nos deja el recuerdo y la tarea: cargar con nuestra propia cruz.

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