COMUNICADO: Atender las medidas preventivas ante la remporada de lluvias - MAR ADENTRO - Seminario de Información y Evangelización de la Arquidiócesis de Acapulco

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sábado, 8 de agosto de 2026

COMUNICADO: Atender las medidas preventivas ante la remporada de lluvias

COMUNICADO: ATENDER LAS MEDIDAS PREVENTIVAS ANTE LA TEMPORADA DE LLUVIAS.

Mons. Leopoldo González González

Se nos ha indicado que este año, la temporada de lluvias en nuestra región será más intensa en los meses de agosto, septiembre y octubre, con probabilidad de cinco o seis huracanas de categoría uno y dos, y entre cuatro y cinco de categoría entre tres y cinco. Por ello es bueno recordar algunas de las medidas preventivas que tantas veces nos han recomendado: 

1.- En el territorio de nuestra Arquidiócesis tenemos una parte de sierra, donde el riesgo se presenta como deslaves que obstruyen los caminos o dañan viviendas. Esto nos obliga a estar atentos a la consistencia de las laderas donde se han construido algunos de nuestros pueblos y caseríos. Hay otra parte entre la sierra y la costa, cuyo peligro más inmediato son los escurrimientos, por lo que se ocupa estar atentos al caudal de los ríos y arroyos, para evitar exponernos a ser arrastrados por la corriente; y en la región de la costa, el riesgo mayor son los huracanes que azotan, arrastran cosas y hacen crecer el caudal de los ríos. Cuando sea muy probable la llegada de alguno de ellos, la Autoridad nos dará oportunamente las indicaciones pertinentes para ponernos a resguardo. Hemos de estar atentos a sus indicaciones y obedecerlas. En algunas ciudades también se corre el riesgo de que la basura tape las coladeras o el drenaje y el agua entre a las casas. También por esto es una contribución muy importante al bien común no tirar basura a la calle. 

Con la temporada de lluvia aumenta el peligro de las descargas eléctricas por los rayos. Sobre todo en el campo es necesario observar las recomendaciones que se nos han dado. Realizar las labores por la mañana y regresar temprano a casa. En caso de estar bajo tormenta, alejarnos de todo lugar elevado, no buscar guarecernos bajo árboles aislados, ni acercarnos a postes, alejarnos de objetos metálicos. Apagar nuestro celular. Llevar nuestro hule para cubrirnos y ponernos en cuclillas con las manos en las rodillas mientras pasa la tempestad. 

2.- Un riesgo que abarca las tres regiones de nuestra Arquidiócesis son los sismos. Esto nos exige ser diestros para salir a los espacios más seguros en cuanto inicie un temblor, porque no sabemos de qué intensidad o duración va a ser. Más vale que nos pongamos a buen resguardo, aunque el temblor resulte benigno, y no que por “confiados” no nos protejamos en uno que sí lo requiera.

3.- Todos hemos de tener muy claro qué hemos de hacer en un caso de emergencia, hacia dónde ir, cómo reunirnos, de qué forma localizarnos. Es necesario haber localizado los lugares más seguros a donde dirigirnos en caso de una emergencia o los albergues temporales que la comunidad o la sociedad ofrece para las familias. Sería muy conveniente que los papás se reunieran con sus hijos y platicaran cómo actuar en un caso de emergencia: a dónde ir, dónde encontrarse, cómo comunicarse, qué llevarse. 

4.- Hemos de tener los documentos importantes en una bolsa de plástico y en un lugar bien identificado; lo mismo que alimentos, como frijol, harina de maíz, arroz, pastas, aceite, enlatados y agua embotellada. Una linterna de pilas es indispensable.

5.- Estar atentos a las noticias y recomendaciones que nos den las autoridades. Obedecer sus indicaciones. Si se vive en el campo, atender los niveles de los ríos y la estructura de las laderas.

6.- Conservar la tranquilidad para pensar y actuar de manera prudente, y así no poner en riesgo la propia seguridad o la de la familia.

7.- He pedido a las comunidades parroquiales, para un caso de emergencia, estar en la disponibilidad de acoger en algún espacio y tener una despensa básica para brindar alimentos los dos primeros días de la emergencia. Nos dice el Papa León XIV en su encíclica M. H.: la misión que se le ha confiado lleva a la Iglesia “a no permanecer distante de los sufrimientos concretos de los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Su cercanía no nace de la intención de suplir a las instituciones, ni mucho menos de una crítica implícita a su labor, sino de la caridad evangélica que la impulsa a acercarse a las heridas de la humanidad en los momentos en que estas se manifiestan con mayor gravedad. Cuando interviene, lo hace imitando al buen samaritano, con discreción y cercanía, consciente de que lo que surge de una necesidad inmediata no puede convertirse en norma, ni sustituir las responsabilidades institucionales propias de la comunidad civil”. 

Cada día nos encomendemos al Señor y confiemos en su Divina Providencia. 


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