TIMONEL: "El Señor que me trajo a ustedes es el mismo que ahora me lleva a otra comunidad".
Mons. Leopoldo González González
Ciertamente, dejar una comunidad o un oficio implica generalmente un sacrificio al tener que separarse de personas con quienes se ha convivido, al interrumpir ciertos proyectos. Simplemente tener que empacar las pertenencias y poner en orden los documentos es ya toda una faena. Sin embargo, los traslados de parroquia y el asumir nuevos cargos son parte muy importante en la vida de los sacerdotes y para la vida de la comunidad.
A los sacerdotes, estos cambios nos dan la oportunidad de sentir más vivamente la presencia de Dios, pues por Él es por quien nos trasladamos, Él es quien va marcando nuestro itinerario. También nos dan la oportunidad de unirnos de una manera más intensa al Misterio Pascual del Señor Jesús, pues el traslado es realmente un morir para vivir una vida nueva, no solo por las nuevas circunstancias en que hemos de encontrarnos, sino por nuestra conversión personal y pastoral. Nos hacen preguntarnos: ¿a qué desprendimiento estoy llamado para transparentar a Jesús? Y junto a todo esto, los traslados nos permiten ampliar nuestros horizontes misioneros: la presencia de más personas y comunidades en nuestra mente y en nuestro corazón amplían nuestra disponibilidad a acoger. Nuestra misión será acoger a la nueva comunidad y caminar con ella hacia el Señor.
Nos decía el Papa Francisco: "las parroquias, a partir de sus estructuras y de la organización de su vida, están llamadas a concebirse principalmente al servicio de la misión que los fieles llevan adelante en el interno de la sociedad, en la vida familiar y laboral, sin concentrarse exclusivamente en las actividades que desarrollan hacia dentro y sobre sus necesidades organizativas". Por eso es necesario que las comunidades parroquiales sean cada vez más lugares desde los cuales los bautizados parten como discípulos misioneros y a donde regresan, llenos de alegría, para compartir las maravillas obradas por el Señor a través de su testimonio.
Nos unamos en oración para que el Señor bendiga a las comunidades en la persona y en el ministerio de sus nuevos párrocos, cercanos a su pueblo al estilo de Dios, que "se acerca con compasión y ternura".
Los invito a leer con mucho cariño y apertura de corazón el Mensaje de la Conferencia del Episcopado Mexicano ante el centésimo aniversario del inicio del conflicto religioso de 1926 en nuestra Patria. Ya ha sido puesto en la página de nuestra Arquidiócesis y aparece como "Comunicado" en esta edición de "Mar Adentro".