COMUNICADO: VI JORNADA MUNDIAL DE LOS ABUELOS Y PERSONAS MAYORES: “Yo no te olvidaré” (Is. 49,15) - MAR ADENTRO - Seminario de Información y Evangelización de la Arquidiócesis de Acapulco

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sábado, 25 de julio de 2026

COMUNICADO: VI JORNADA MUNDIAL DE LOS ABUELOS Y PERSONAS MAYORES: “Yo no te olvidaré” (Is. 49,15)

 


Mons. Leopoldo González González

Hace seis años el Papa Francisco instituyó esta Jornada y nos expresó la razón de hacerlo: “la vejez es un don y los abuelos son el eslabón entre generaciones, para transmitir a los jóvenes la experiencia de la vida y la fe. Los abuelos son a menudo olvidados y nosotros olvidamos esta riqueza de custodiar las raíces y transmitirlas”. Esa fue la razón: la gran riqueza que son los ancianos para la humanidad y el olvido en el que muchas veces se encuentran.

+ La dolorosa sensación de “ser olvidado” se encuentra en muchas personas, especialmente en los mayores. Algunos la experimentan en medio del hogar al sentirse mirados como una carga, otros al quedarse solos porque los hijos tuvieron que emigrar por razones de trabajo o para huir de amenazas de la violencia. “Casi nada más quedamos puros viejos”, me decía una persona en una comunidad. Es verdad que la cultura digital ha facilitado el estar conectados, “sin embargo, el corazón humano conserva una necesidad irreversible de proximidad” (MH 239). Sin esa cercanía humana nos miramos solos, aún en medio de muchas conexiones.

+ El Papa León XIV ha querido que su mensaje este año tenga como lema esta consoladora Palabra de Dios: “Yo no te olvidaré”: Dios tiene siempre abiertos los ojos sobre nosotros, incluso cuando pensamos que es de noche… En cualquier edad, aunque hayamos crecido alejados de Él, es posible descubrirnos siempre como sus hijas, como sus hijos, amados con ese su infinito amor paterno que tiene la ternura maternal, y recurrir a Él con filial confianza, porque no ha dejado de ser nuestro Padre. Ser expresión de ese amor para nuestros abuelos y ancianos es luminosa misión que el Señor nos confía.

+ “Que esta jornada sea un estímulo para todos, especialmente para los más jóvenes y así retomar la bella costumbre de visitar a los propios abuelos, los mayores de la familia y también a aquellos que no reciben ninguna visita”. No olvidemos que el encuentro fecundo de abuelos y nietos, de jóvenes y ancianos es fundamento imprescindible para la sociedad: Las personas mayores “entregan al presente un pasado que es necesario para construir el futuro”. Este ha sido el camino de la humanidad y hemos de vivirlo en la alianza entre generaciones.

Para motivar esta proximidad a nuestros abuelos y a las personas mayores, el Papa Francisco nos hacía ver esta realidad que a veces olvidamos: Los ancianos son hombres y mujeres, padres y madres que nos han precedido en nuestras mismas calles, en nuestra misma casa, en nuestra batalla cotidiana por una vida digna. Son hombres y mujeres de quienes hemos recibido mucho. El anciano no es un extraterrestre. El anciano somos nosotros: dentro de poco, dentro de mucho, inevitablemente de todos modos, aunque no lo pensemos. Y si nosotros no aprendemos a tratar bien a los ancianos, así nos tratarán a nosotros”. “Donde no hay honor para los ancianos, no hay futuro para los jóvenes”, su abatimiento quita amor a todos.

Si todavía les es posible vivir esta bendición, los invito a visitar a sus abuelos y, junto al gozo del encuentro, llevar estas dos consignas: aprender de ellos una habilidad o destreza y preguntarles de sus papás, abuelos y bisabuelos, no sólo su nombre, sino un recuerdo. Son raíces de familia. Todos miremos en derredor, ¿hay alguna persona mayor que nadie visita? Démosle esa la alegría y que su gozo sea parte importante de la luminosidad de nuestro día.

+ Los invito a orar por las personas que en estos días, en nuestra Patria y en nuestra región, han sido ejecutadas, asesinadas o desaparecidas. Ha habido crímenes muy crueles. Pidamos por sus familiares y sus amigos. Que conocida la verdad, se restaure en la medida de lo posible la justicia dañada, y que, conforme a derecho, quien perpetró el crimen o delito no pueda seguir cometiéndolo, reciba la ayuda necesaria para recapacitar, cambiar de conducta y luego volver a la sociedad a realizar el bien.

Esta semana, desde nuestro hogar, todos artesanos de paz: en nuestra mente, pensamientos de paz; en nuestro corazón, sentimientos de paz; en nuestros labios, palabras de paz.

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