Hace seis años el Papa Francisco instituyó
esta Jornada y nos expresó la razón de hacerlo: “la vejez es un don y los abuelos son el eslabón entre
generaciones, para transmitir a los jóvenes la experiencia de la vida y la fe.
Los abuelos son a menudo olvidados y nosotros olvidamos esta riqueza de
custodiar las raíces y transmitirlas”. Esa fue la razón: la gran riqueza que son los ancianos
para la humanidad y el olvido en el que muchas veces se encuentran.
+ La dolorosa
sensación de “ser olvidado” se encuentra en muchas personas, especialmente en
los mayores. Algunos la experimentan en medio del hogar al sentirse mirados
como una carga, otros al quedarse solos porque los hijos tuvieron que emigrar
por razones de trabajo o para huir de amenazas de la violencia. “Casi nada más
quedamos puros viejos”, me decía una persona en una comunidad. Es verdad que la
cultura digital ha facilitado el estar conectados, “sin embargo, el corazón
humano conserva una necesidad irreversible de proximidad” (MH 239). Sin esa
cercanía humana nos miramos solos, aún en medio de muchas conexiones.
+ El Papa León
XIV ha querido que su mensaje este año tenga como lema esta consoladora Palabra
de Dios: “Yo no te olvidaré”: Dios tiene siempre abiertos los ojos sobre
nosotros, incluso cuando pensamos que es de noche… En cualquier edad, aunque
hayamos crecido alejados de Él, es posible descubrirnos siempre como sus hijas,
como sus hijos, amados con ese su infinito amor paterno que tiene la ternura
maternal, y recurrir a Él con filial confianza, porque no ha dejado de ser
nuestro Padre. Ser expresión de ese amor para nuestros abuelos y ancianos es
luminosa misión que el Señor nos confía.
+ “Que
esta jornada sea un estímulo para todos, especialmente para los más jóvenes y
así retomar la bella costumbre de visitar a los propios abuelos, los mayores de
la familia y también a aquellos que no reciben ninguna visita”. No olvidemos
que el encuentro fecundo de abuelos y
nietos, de jóvenes y ancianos es fundamento imprescindible para la sociedad: Las personas mayores “entregan al presente un pasado que es necesario para construir el
futuro”. Este ha sido el camino de la
humanidad y hemos de vivirlo en la alianza entre generaciones.
Para
motivar esta proximidad a nuestros abuelos y a las personas mayores, el Papa
Francisco nos hacía ver esta realidad que a veces olvidamos: “Los
ancianos son hombres y mujeres, padres y madres que nos han precedido en
nuestras mismas calles, en nuestra misma casa, en nuestra batalla cotidiana por
una vida digna. Son hombres y mujeres de quienes hemos recibido mucho. El
anciano no es un extraterrestre. El anciano somos nosotros: dentro de poco,
dentro de mucho, inevitablemente de todos modos, aunque no lo pensemos. Y si
nosotros no aprendemos a tratar bien a los ancianos, así nos tratarán a
nosotros”. “Donde no hay honor para los ancianos, no hay futuro para los
jóvenes”, su abatimiento quita amor a todos.
Si todavía les es posible
vivir esta bendición, los invito a visitar a sus abuelos y, junto al gozo del
encuentro, llevar estas dos consignas: aprender de ellos una habilidad o
destreza y preguntarles de sus papás, abuelos y bisabuelos, no sólo su nombre,
sino un recuerdo. Son raíces de familia. Todos miremos en derredor, ¿hay alguna
persona mayor que nadie visita? Démosle esa la alegría y que su gozo sea parte
importante de la luminosidad de nuestro día.
+ Los invito a orar por
las personas que en estos días, en nuestra Patria y en nuestra región, han sido
ejecutadas, asesinadas o desaparecidas. Ha habido crímenes muy crueles. Pidamos
por sus familiares y sus amigos. Que conocida la verdad, se restaure en la
medida de lo posible la justicia dañada, y que, conforme a derecho, quien
perpetró el crimen o delito no pueda seguir cometiéndolo, reciba la ayuda
necesaria para recapacitar, cambiar de conducta y luego volver a la sociedad a
realizar el bien.
Esta semana, desde nuestro hogar, todos
artesanos de paz: en nuestra mente, pensamientos de paz; en nuestro corazón,
sentimientos de paz; en nuestros labios, palabras de paz.