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sábado, 26 de septiembre de 2026

Hacia una madurez psicológica y espiritual 2026 | Cuidar el corazón espiritual del hombre

HACIA UNA MADUREZ PSICOLOGICA Y ESPIRITUAL 2026| CUIDAR EL CORAZÓN ESPIRITUAL DEL HOMBRE (segunda parte)

Mtra. Psic. Olga Margarita Rivera

5.- UN CORAZÓN ORDENADO.


El estado de vigilancia se opone al atontamiento, al aturdimiento producido por la droga o la embriaguez del alcohol. Si el corazón del hombre no se hay purificado por medio de la vigilancia, no tiene ninguna posibilidad de crecer espiritualmente, ya que lo que sucede en el corazón actúa en todas las dimensiones de la persona.

Si el hombre levanta los ojos y el corazón hacia el cielo, mientras que el corazón no está purificado, se arriesga a perderse en el dominio de la imaginación. 

San Simeón el Nuevo Teólogo compara el proceso de purificación del corazón con la construcción de una casa: es imposible empezar por el tejado. Lo mismo ocurre con las realidades espirituales. Si alguna quiere construir una casa espiritual, debe en primer lugar poner el cimiento espiritual de la casa, es decir, ordenar su corazón y romper con toda clase de codicia. 

Nicetas Stéthatos enseña que gracias a la vigilancia y al ordenamiento del corazón podemos hacer de mane consciente la experiencia del Espíritu Santo, que renueva la llama de nuestro deseo de las bendiciones celestiales. El encuentro del hombre con Dios se produce en el corazón, pues allí es donde Dios se manifiesta como el fuego purificador y como la luz que ilumina el corazón y lo hace semejante a Él.

6.- UN CORAZÓN LUCHADOR

Estos métodos para purificar el corazón (como la vigilancia y el orden del corazón) suponen un conocimiento, aun elemental de la estrategia del demonio, puesto que solo en ese caso serán eficaces en el combate espiritual, en su lucha contra el hombre los malos espíritus emplean una estratagema: salen del corazón por cierto tiempo y se esfuman. Se proponen de este modo que relajemos nuestra vigilancia y dejemos de atender a nuestros pensamientos. Cuando se dan cuenta de que lo han logrado, atacan al alma sin previo aviso, toman posesión de ella y la incitan a cometer toda clase de pecados, peores que los cometidos con anterioridad. Solo vigilando constantemente nuestro corazón y practicando las virtudes podemos desenmascarar la maldad de los enemigos.

En el combate espiritual resulta especialmente útil hallar en la Escritura un método y aplicarlo a nuestro corazón a modo de vendaje protector, los Padres de la Iglesia nos recomiendan mantenernos desde el alba junto a nuestro corazón, para monta guardia en él y dar muerte a los pensamientos insidiosos. Para vencer en el combate espiritual, es indispensable destruir los pensamientos enemigos en cuanto sobrevengan

Solo el que rompe conscientemente con el mal y se aparta de él con disgusto puede de verdad ver sus pecados, este nivel de crecimiento espiritual se manifiesta por el don de las lágrimas y por un sentimiento de vergüenza debido a la concupiscencia y al apego a las pasiones.

7.- UN CORAZÓN ORANTE


Hacer que la oración descienda al corazón para pelear dentro de él contra satán, constituye la tarea más importante para todo cristiano, el descenso a las profundidades del corazón es posible con la ayuda de Dios a través de la oración, después del descenso al corazón la primera tarea es desalojar a los tres temibles gigantes: El olvido, La pereza y La ignorancia; Pues mientras acampen en el corazón, mantendrán las “hordas de filisteos demoniacos” incitando a actuar a las malas pasiones.

San Gregorio Palamas postula que es necesario establecer la Ley del Corazón no sólo en el corazón, sino también en el cuerpo (Rom. 7,23).

Por consiguiente, es de gran importancia que, mediante la oración continua, la buena tierra del corazón haga brotar flores divinas: rosas, imagen de la realidad inmaterial, lirios, símbolo de la luminosidad de la realidad corporal y violetas, imagen de los juicios de Dios; por medio de esta imagen, San Elias el Sacerdote describe una de las prácticas espirituales más importantes: el descenso de la oración al corazón.

¿De qué modo podemos hacer que la oración descienda al corazón? En respuesta a esta pregunta San Gregorio Palamas insiste en los movimientos que acompañan este proceso y distingue dos: uno lineal y otro circular.

Aquel que se esfuerza por recogerse para meditar, únicamente puede lograrlo introduciendo su corazón en un movimiento circular; esta forma de movimiento repetitivo en el nivel del corazón está ligado a la respiración, cuando este estado se prolonga, la atención se aparta de las preocupaciones del mundo, de las imágenes y de los pensamientos, para volverse a las profundidades del corazón, habitado por Dios.

Aquel que, por el contrario, tiene la atención dispersa, se somete a las leyes del movimiento lineal; lo esencial de este movimiento consiste en orientar la conciencia del individuo hacia las realidades del mundo visible.

La meditación como forma de orar ligada a la respiración, tenía como tarea vigilar el corazón mediante la “oración de Jesús”, con todo, antes hay que llevar la oración hasta el corazón y eso se consigue con la respiración. ¿Cómo sucede? San Nicéforo el Eremita ha descrito así el proceso: “siéntate, concéntrate en tu corazón y condúcelo por el camino de la inspiración, que tu aliento se dirija hacia el corazón, insiste, persevera y obliga a la oración a penetrar en tu corazón con el aire inspirado”.

De estas palabras se deduce que la respiración desempeña un doble papel: contribuye al mantenimiento de la vida biológica y hace que la oración entre en el corazón; a este respecto, hay que recordar que el corazón debe ser comprendido en su integridad, y como tal es órgano del cuerpo y centro de la vida espiritual del hombre.

Hasta que la oración permanezca en el corazón de forma habitual, hay que ejercitarse en ello sistemáticamente, esto sin duda supone para la oración, sobre todo al principio, una limitación grande, pero cuando consiga acostumbrarse, ya no querrá abandonar jamás el interior del corazón. En este estadio la concupiscencia de la carne ya no ejerce ninguna influencia sobre él, y se aparta de los atractivos del mundo; vive en el Espíritu Santo y vigila eficazmente el fortalecimiento de las virtudes, de modo que los ataques de los demonios no obtienen resultados.

Todos los creyentes, sin excepción, pueden logarlo, ya que todos están llamados a conservar la Ley del Espíritu Santo grabadas en las tablas de su corazón.

San Gregorio el Sinaíta ha distinguido dos vías para entrar en la oración interior, ambas inspiradas por el Espíritu Santo: en la primera vía, el corazón se une directamente al Señor, mientras que, en la segunda, la oración se va alimentando progresivamente de la alegría espiritual, atrae poco a poco el corazón hacia ella y lo une a Dios mediante la invocación del nombre de Jesús.

Según el metropolita Kallistos Ware, la tradición del oriente cristiano comprende la oración del corazón en un sentido muy amplio; esta no se limita a los sentimientos y a las pasiones, sino que el cuerpo también está implicado. Es pues, una oración de la persona entera, ya que el corazón en sentido teológico, no es solo el centro físico del organismo, sino también el centro de la vida espiritual, el lugar donde reside la oración.

¿Cuál es la característica principal de la oración de Jesús, ósea, de la oración auténtica del corazón? La respuesta a esta pregunta nos la brindan los escritos de San Gregorio el Sinaíta: la “oración de Jesús” se caracteriza ante todo porque brota en el corazón como una fuente de agua del Espíritu que devuelve a la vida, va acompañada de calor. Ese fuego quema la codicia y llena el alma de alegría y de delicias.

Es preciso separarse por completo de todo, concentrarse decididamente en la oración (que consiste en cantar los salmos manteniéndose de pie) y no interrumpir el trabajo del corazón; se trata, por tanto, de permanecer concentrado en una oración constante.

Se atribuía un importante papel terapéutico al canto de los salmos y a la lectura del Evangelio en alta voz- ¡de pie ¡-, así como a la meditación interior.

Antes de ir a dormir se recomendaba igualmente recitar el acto de fe, debido a la convicción de que la verdadera fe en Dios es la fuente y la guardiana de todas las bendiciones.

Continuará . . . .