LUJURIA MUDA DE NO TENER
Si, estoy cansado,
Y sonriéndome por dentro,
De que el cansancio sea tan solo esto:
Unas ganas de sueño en el cuerpo,
Un deseo de no pensar en el alma,
Y sobre todo, una tranquilidad lúcida
Del entendimiento retrospectivo…
¿Y esta lujuria muda de no tener ya
esperanza?
Este
es un poema de Álvaro de Campos que cita Juan Evaristo Valls Boix en su libro
Metafísica de la pereza, (NED, España 2022) y que refleja algunos aspecto del
cada vez menos reconocido cansancio que está por todas partes de nuestro cuerpo
y el cual admitimos en voz baja ante pocas personas que sabemos no nos
castigarán con su filosofía de la productividad y los altos estándares de
perfección que nos han inyectado los mercenarios del mercado y no pocos
esbirros que siempre tienen la palabra felicidad en la punta de la lengua.
Es por eso que la lectura de Juan Evaristo
Valls es tan necesaria, o yo más bien diría indispensable para gente
insatisfecha y ansiosa con su propia vida y así los describe Valls:
“Hay, también, cuerpos exhaustos que jamás
se habrían reconocido en su fatiga de no disponer de las palabras con que
nombrar su malestar. De ahí que convenga pensar el cansancio en su intensidad,
y la fatiga como un desánimo que, intrínseco a las relaciones neoliberales de
autosuperación y competitividad, no forma parte de lo calculable, sino de lo
estructural, que no cesa mientras aquellas tensiones no cesen. Puesto que el
cansancio es un estado, y no un accidente, ha de ser también un lugar en que
reconocerse”. (Valls, p.p58)
Así pues las cosas, todos reconocemos que
el cansancio es visto como un accidente consecuencia del exceso de trabajo o
tensión ante los desafíos de la vida e intentaremos a como dé lugar quitarnos
de encima, como un mal necesario y no querido en orden a seguir produciendo y
mantenerse en el candelero del éxito que cada vez es más exigente y agotador.
Por otro lado, si el cansancio lo
observamos como un estado inherente a nuestro ser humano, el tratamiento al
mismo será diferente puesto que se le atenderá como parte de nuestro propio ser
humano y como tal dialogar desde ahí en orden a un crecimiento y aprendizaje
básico.
EL
CANSACIO COMO ESTADO
“El cansancio se afirma como una forma de
resistencia pasiva. No es una tara, sino un deseo; no un decaimiento, sino una
afirmación” (Valls, p.59), o dicho de otra forma, que sepamos cuáles son
nuestros límites, vulnerabilidades y hasta dónde lo humano nos acompaña y lo
demás sería un abuso, un rompernos para dejar de ser las personas que somos y
desconectarnos con nuestras emociones y sentimientos llevándonos a nuestros
seres queridos a un baile que ellos no quieren bailar: violencia, gritos,
insultos, desprecios, fruto de nuestra frustración de no ver lo básico del amor
que ellos nos tienen.
“El deseo fatigado es, ante todo una
rendición: “ganas de sueño”, “deseo de no pensar”, “lujuria muda de no tener”.
El cansancio del cuerpo viene aquí a tumbarnos con el ímpetu del bostezo y el
temblor de los párpados; no es una caída de la energía o un dolor que se tiene
y ha de calmarse, sino una pasión que acontece, el momento en que mi cuerpo
sigue sus propios ideas, unas ideas que mi yo competitivo jamás acogería,
porque constituyen su íntima amenaza. Si se habita como un estado y se sitúa en
él el pensamiento, el cansancio es ante todo un avisador de incendios: una
oportunidad para huir del fuego y cambiar de vida”. (Valls, p.69)
De esto se puede desprender la enseñanza de
qué poco dialogamos con nuestro cansancio, que a pesar que nos está avisando de
un incendio y salvarnos la vida, lo acallamos y seguimos en las mismas con las
consecuencias previsibles que no tardan en aparecer.
Si nos vamos a la etimología de la palabra
“cansar” se remonta al latín campsare,
un préstamo del griego “kámpto” que
refiere, en el argot marinero, a la acción de doblar un cabo navegando, de
desviar la trayectoria de una nave, con el fin recurrente de detenerse para
reponer fuerzas.
La palabra misma por lo tanto refleja ese
estado y no un accidente de cuando desviar la trayectoria y tomar otro rumbo,
no descansar y seguir en lo mismo y de la misma manera, sino muy por el
contrario habla de un desvío de la ruta, una derrota o derrotero, para mentar
luego simplemente el agotamiento y la extenuación, aquel lugar al que se llega
cuando el timón se tuerce.
“El cansancio no es, un mero resultado
cuantificable, sino una experiencia: la vida que gusta detenerse para
reorientarse, que se despreocupa y se desprende todo lo que le sobra para
permanecer tumbada, para no caerse”. (Valls, p.60)
Cómo
descansar sin sentirse culpable es otro de los temas importantes a tomar en
cuenta, el remordimiento de conciencia nos dice que tenemos que ser productivos
a toda hora y rendir lo máximo, porque “vida sólo una” y a descansar “al
camposanto”, pero si nos detenemos pensar, el cansancio sólo es esa oportunidad
para reorientarnos, desprendernos de lo que nos sobra y continuar con nuevos
bríos hacia adelante.
DEPRESIÓN: ACCESO AL VACÍO
Valls propone la comparación con la
depresión que permite ver aquello que habitualmente escondemos a nosotros mismo
a través de la circulación continua de la tranquilizante narración colectiva,
la depresión es la mejor condición para acceder al vacío, la última verdad, es
también, una posibilidad de apertura, un deseo de destitución: mi cuerpo se
cansa y me inclina” (Valls, pp.60-61)
Que gran verdad: tengo un cuerpo también
que atender y sanar y sin él nada será posible.

