Pbro. Carlos Alejandro Molina Ramírez
Promotor vocacional diocesano
Durante esta semana, el Seminario del Buen Pastor abre sus puertas para recibir a jóvenes que desean vivir la experiencia del Preseminario Mayor. Es una oportunidad especialmente dirigida a aquellos varones que sienten en su corazón una inquietud por la vocación sacerdotal y desean descubrir con mayor claridad lo que Dios puede estarles pidiendo.
Pero ¿qué es un preseminario?
No es solamente una semana de charlas, actividades o convivencia. Tampoco significa tomar de inmediato la decisión de ingresar al seminario. El preseminario es, ante todo, una experiencia de encuentro con Jesucristo, con Aquel que llama, cautiva el corazón e invita a seguirlo.
En medio del ruido de la vida cotidiana, esta experiencia permite detenerse, hacer silencio y preguntarse con sinceridad: «Señor, ¿qué quieres de mí?». Por medio de la oración, la Eucaristía, la Palabra de Dios, la convivencia y el acompañamiento de sacerdotes y seminaristas, el joven puede comenzar a reconocer la voz de Dios en su propia historia.
El preseminario también ayuda a conocerse mejor, expresar las dudas, miedos e inquietudes que existen en el corazón y comprender que el discernimiento vocacional no se vive en soledad. Durante esta semana, los participantes se encuentran con otros jóvenes que también desean buscar la voluntad de Dios.
Además, es una oportunidad para conocer desde dentro la vida del seminario: su ambiente de oración, estudio, fraternidad, servicio y formación. De este modo, el joven puede descubrir que la vocación sacerdotal es un camino exigente, pero también profundamente alegre y lleno de sentido.
Vivir un preseminario no obliga a convertirse en sacerdote. Significa tener el valor de escuchar, preguntar y dejarse acompañar. Tal vez sea el momento en el que un joven confirme una inquietud que lleva desde hace tiempo, o quizá descubra que necesita continuar discerniendo. En cualquier caso, abrirle el corazón a Dios nunca será una pérdida de tiempo.
El lema de este año nos recuerda la experiencia de los discípulos de Emaús: «Con razón nuestro corazón ardía» (Lc 24,32). También hoy Jesús continúa caminando junto a los jóvenes, escuchando sus preguntas y encendiendo sus corazones.
Por eso, a quien siente una inquietud vocacional le decimos: no tengas miedo. Atrévete a vivir la experiencia, a escuchar la voz de Dios y a descubrir el camino al que Él te llama.
