viernes, 31 de julio de 2026

ECOS PROVINCIALES - La enfermedad mortal: La Desesperación

LA ENFERMEDAD MORTAL: LA DESESPERACIÓN

Pbro. Dr. Jorge Amando Vásquez Rodríguez

Cómo se llega a la desesperación, al aburrimiento, tan socorrido hoy por hoy. Habría muchas respuestas pero una de las más acertadas es la que dio Søren Kierkegaard a lo largo y ancho de su obra literaria y que Mariano Fazio hace un excelente resumen en su libro, Kierkegaard. Una introducción (RIALP 2023). Así es como Fazio dedica el capítulo IV titulado Los estadios existenciales y delinea lo que se llama la evolución dinámica a través de los estadios existenciales, que no son otra cosa que describir este proceso del ser humano en tres pasos: El hombre estético, ético y religioso. 

EL HOMBRE ESTÉTICO

Por hombre estético Kierkegaard lo entiende como el nivel más bajo de vida humana: es el esteticismo como falta de espíritu y pone de manifiesto la inconsciencia del ser un yo.

Desde ahí empieza una descripción básica del vivir humano, en lo elemental sin ningún tipo de preocupación más allá de lo ordinario, vive su situación en la que el hombre es aquello que es, y lo compara al estadio ético, en el que el hombre llega a ser aquello en lo que se convierte. 

Por supuesto que no está mal el dedicarse a lo que se es, pero esa no sería la vocación del hombre sino llegar a lo que podría llegar a ser, que no estaría encuadrada con solo conformarse con lo que se es, y esta propuesta es el germen de la desesperación y el aburrimiento. 

Kierkegaard es un convencido de que “el hombre es un hacerse, debe alcanzar su telos (fin) –realizar la síntesis del espíritu-, si se queda en lo que simplemente es, sin poner en movimiento el proceso ético de autoconstitución del espíritu, permanece estancado en lo inmediato, en el esteticismo” (Fazio, pp.109-110)

No podemos más que estar de acuerdo pues el hombre no es un producto terminado en ningún momento mientras esté vivo, porque podemos decir que el hombre es un continuo insatisfecho y esto es totalmente sabido por todos nosotros, siempre estamos abiertos a algo más, pero cuando sólo buscamos lo elemental, o sea, lo estético, en términos de Kierkegaard, así es como caemos en un vacío y no tan solo existencial sino que nada nos satisface, porque buscamos mal.

Kierkegaard abunda más en la conceptualización del esteticismo para después ocuparnos de sus distintos representantes:

“El esteticismo es una enfermedad espiritual: la sufre el hombre que adolece de interioridad, porque no ha logrado realizar la síntesis entre los elementos que lo componen. El esteta es el hombre que lleva consigo una ruptura interior, que se debe recomponer […] la tipología de esta enfermedad, es decir los distintos síntomas que pone de manifiesto que el esteta le falta un yo y que se encuentra, sabiéndolo o no, en la desesperación” (Fazio, p.110)

Así pues un signo o tipología de ser un esteta es la desesperación, por lo tanto, ésta es un signo de un problema, no un problema en sí mismo. Y esto nos debe dar mucha esperanza porque si ponemos atención a nuestra tipología sabremos superar la molesta desesperación. Y digo molesta por decir lo menos porque los síntomas son más agudos y no podemos desarrollarnos de manera adecuada pensando que nuestro problema es más grave. 

TIPOS DE ESTETAS

Los distintos tipos de estetas serían los siguientes:

1. El primer tipo de esteta está muy cerca de la vida simplemente animal. “Es un número en la masa, un elemento de la multitud, que tiene como único fin de su vida revolcarse en los placeres más bastos y groseros. Este esteta, nada refinado, busca sobre todo la cantidad de placer, no la calidad. Es el esteta que tiene menos sensibilidad para las cosas del espíritu”. (Fazio, p.110)

Aquí es importante hacer una reflexión personal puesto que al vivir de manera horizontal es muy reconfortante y placentero hasta que llega el hastío

2. El segundo tipo es el hombre de negocios que vive su vida con un ritmo vertiginoso. “No tiene tiempo para los demás ni para las cosas del espíritu: solo es capaz de ver su actividad económica y profesional. Su vida transcurre superficialmente: falta profundidad. Si el primero esteta era principalmente pasivo, este segundo se identifica con el activismo. Va con prisas por el mundo, un hombre pronto para comer y pronto para obrar”. (Fazio, p.111)

3. En tercer lugar, se encuentras los estetas refinados, que no buscan la cantidad de placer, sino su calidad: “el esteta de este tipo es un ser exquisito, que pone en movimiento su capacidad de reflexión para encontrar los placeres más elegantes y originales. Su vida es una ´exquisitez´ in crecendo. Es un candidato a la desesperación consciente, ya que en los otros dos casos anteriores faltaba completamente la profundidad” (Fazio, p.111)

4. El último tipo de esteta es “el intelectual petulante, encerrado en su cultura, que escapa de la realidad de sí mismo para difundir solemnemente sus oráculos a sus discípulos”. (Fazio, p.112)

Esta descripción de los cuatro tipos de estetas tan aguda de Mariano Fazio es difícil no verse retratado en ciertos elementos que ahora podemos darle un nombre a nuestros intereses tan básicos, que por ser básicos pensamos que es lo único a lo que tenemos que dedicarnos, y aún así, consiguiéndolos nos llevarían a la insatisfacción o en términos de Kierkegaard a la desesperación, y ésta sería un primer paso para buscar algo más que a la larga es cuando aparece un nivel superior de vida que sería el ético.

LA DESESPERACIÓN

Para lograr el aspecto ético, Kierkegaard propone dar un salto si es no queremos quedarnos en una alienación, un vivir fuera de sí. Así pues el punto final de la vida estética –la desesperación- es también el punto de partida de la vida ética.

Desesperarse de uno mismo, darse cuenta de que lo inmediato no puede dar un sentido a la vida, es la única vía de salida para afirmarse a sí mismo como fundamentado en el Absoluto. Por eso lejos de aconsejar una terapia superficial, Kierkegaard anima al esteta a la desesperación. Escoger la desesperación: he aquí el comienzo de la vida auténtica. (Fazio, p.116)

La desesperación tiene que llevar al arrepentimiento. La desesperación no serviría de nada sino nos lleva al arrepentimiento. 


ECCLESIA 2026 | Laudato Si´, hacia una conversión ecológica desde la Pastoral Social

ECCLESIA 2026 | LAUDATO SI', HACIA UNA CONVERSIÓN ECOLÓGICA DESDE LA PASTORAL SOCIAL

L.C. Héctor García | Codipacs Chilpancingo Chilapa.

En vista del comunicado 18/2026, que emitió Mons. José de Jesús González Hernández OFM,  en el que exhorta a la comunidad Diocesana a que se evite el uso de materiales desechables de un solo uso en reuniones, convivencias, fiestas patronales, kermeses, retiros, encuentros de formación y demás actividades pastorales, hoy seguimos reflexionando sobre la carta encíclica Laudato si', sobre el cuidado de la casa común, del Papa Francisco.

La ecología integral como desafío pastoral

Desde la perspectiva de la Pastoral Social, la ecología integral constituye un verdadero programa de evangelización. No basta con promover campañas ocasionales de limpieza o reciclaje; es necesario formar una conciencia cristiana que comprenda el cuidado de la creación como una dimensión constitutiva de la fe.

Las comunidades eclesiales están llamadas a:

  • promover una educación ambiental inspirada en el Evangelio; 
  • fomentar estilos de vida sobrios y responsables; 
  • impulsar proyectos de reforestación y conservación del agua; 
  • reducir el consumo innecesario y el desperdicio; 
  • acompañar a las comunidades afectadas por la degradación ambiental; 
  • participar en iniciativas de desarrollo sostenible; 
  • promover una ciudadanía activa en la defensa del bien común. 


Esta acción pastoral encuentra continuidad en la exhortación apostólica Laudate Deum (2023), donde el Papa Francisco insiste en la urgencia de adoptar medidas concretas frente al cambio climático y denuncia la insuficiencia de muchas respuestas políticas y económicas.

Una llamada a la conversión

La ecología integral no propone únicamente cambios estructurales; exige una transformación interior. Francisco habla de una conversión ecológica, entendida como la recuperación de una relación armoniosa con Dios, con los demás y con toda la creación (Laudato si', nn. 216-221).

Esta conversión implica reconocer que el cuidado de la casa común forma parte de la vocación cristiana. Cada gesto cotidiano —ahorrar agua, evitar el desperdicio de alimentos, reducir el consumo de plásticos, proteger los bosques, respetar la biodiversidad o participar en proyectos comunitarios— adquiere una dimensión ética y espiritual cuando se realiza como expresión del amor a Dios y al prójimo.

En definitiva, la ecología integral propuesta por Laudato si' ofrece un marco teológico y pastoral para afrontar la crisis socioambiental desde una perspectiva cristiana. Al afirmar que "todo está conectado", el Papa Francisco recuerda que el destino de la humanidad y el de la creación son inseparables. Cuidar la casa común no es una tarea opcional, sino una exigencia de la fe, de la justicia y del amor al prójimo.

Conversión ecológica: un llamado espiritual

Uno de los aspectos más profundos y novedosos de Laudato si' es la invitación a una conversión ecológica, entendida no simplemente como la adopción de prácticas ambientalmente responsables, sino como una auténtica transformación interior que renueve la relación del ser humano con Dios, con los demás, consigo mismo y con toda la creación. El Papa Francisco dedica el capítulo sexto de la Encíclica a este tema (nn. 202-246), afirmando que la crisis ecológica es, en su raíz más profunda, una crisis espiritual y moral.

La conversión ecológica nace del reconocimiento de que la creación no es fruto del azar ni una realidad destinada exclusivamente al aprovechamiento humano, sino un don amoroso de Dios. Desde las primeras páginas de la Sagrada Escritura, el universo aparece como expresión de la sabiduría y de la bondad del Creador: "Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el mundo y todos sus habitantes" (Sal 24,1).

Esta verdad fundamental conduce a una actitud de humildad. El hombre deja de verse como dueño absoluto de la naturaleza para reconocerse administrador de unos bienes que pertenecen a Dios y que han sido confiados a su responsabilidad. Como enseña el Génesis, el ser humano fue colocado en el jardín "para cultivarlo y cuidarlo" (Gn 2,15), una misión que implica tanto el trabajo creativo como la custodia responsable de la creación.

El Papa Francisco advierte que gran parte de la crisis ambiental tiene su origen en una visión antropocéntrica desordenada, que considera a la naturaleza únicamente como un objeto de explotación y reduce el progreso al crecimiento económico y al consumo ilimitado. Esta lógica ha favorecido la denominada "cultura del descarte", que no solo afecta a los bienes materiales, sino también a las personas más vulnerables, tratadas como si fueran prescindibles cuando dejan de ser útiles (Laudato si', nn. 22 y 123).

Frente a esta realidad, la conversión ecológica supone un cambio profundo de mentalidad. No basta con modificar hábitos externos; es necesario renovar la manera de comprender la relación entre el ser humano y el resto de la creación. 

En este sentido, el Papa afirma: "La conversión ecológica que se requiere para crear un dinamismo de cambio duradero es también una conversión comunitaria" (Laudato si', n. 219).

Esta afirmación destaca que la respuesta a la crisis ecológica no puede limitarse al ámbito individual. Las familias, las parroquias, las escuelas, las empresas, las instituciones públicas y las comunidades políticas están llamadas a asumir conjuntamente la responsabilidad del cuidado de la casa común. La conversión ecológica posee, por tanto, una dimensión personal y otra comunitaria, ambas inseparables.

Desde una perspectiva teológica, esta conversión implica recuperar una espiritualidad de la creación. El universo no es simplemente un conjunto de recursos naturales; es un espacio donde se manifiesta la gloria de Dios. 

El libro de la Sabiduría enseña que "por la grandeza y hermosura de las criaturas se llega, por analogía, a contemplar a su Autor" (Sab 13,5). Del mismo modo, san Pablo afirma que la creación revela el poder y la divinidad de Dios (Rm 1,20). Contemplar la naturaleza con ojos creyentes conduce a la alabanza, a la gratitud y a la responsabilidad.

En este contexto adquiere especial relevancia el ejemplo de San Francisco de Asís, cuya espiritualidad inspira el título mismo de la Encíclica. Para el santo de Asís, todas las criaturas eran hermanas porque compartían un mismo Padre. Su Cántico de las criaturas expresa una relación de fraternidad universal que supera cualquier actitud de dominio o apropiación.

El Papa Francisco presenta esta espiritualidad como un modelo de equilibrio entre la contemplación, la pobreza evangélica y el compromiso con los más necesitados (Laudato si', n. 10).

La conversión ecológica también exige una revisión crítica del estilo de vida contemporáneo. El consumismo, la acumulación innecesaria de bienes, el desperdicio de alimentos, el uso irresponsable del agua y la energía, así como la indiferencia frente a la contaminación y la pérdida de biodiversidad, son signos de una cultura que ha olvidado el valor de la sobriedad. Francisco propone redescubrir esta virtud no como una renuncia empobrecedora, sino como un camino hacia una existencia más libre y plenamente humana: "La sobriedad que se vive con libertad y conciencia es liberadora" (Laudato si', n. 223).

Desde la espiritualidad cristiana, la sobriedad permite reconocer que la felicidad no depende de la acumulación de bienes materiales, sino de la capacidad de vivir en comunión con Dios, con los demás y con la creación. Esta enseñanza encuentra un sólido fundamento en el Evangelio, cuando Jesucristo invita a no poner el corazón en las riquezas pasajeras, sino en los tesoros del Reino (Mt 6,19-21).

La conversión ecológica se expresa también mediante prácticas concretas que poseen un profundo significado espiritual. Ahorrar agua, reducir el consumo de plásticos, reciclar, plantar árboles, proteger los bosques, evitar el desperdicio de alimentos o utilizar responsablemente la energía no son únicamente acciones técnicas; constituyen actos de justicia, de solidaridad y de respeto hacia el Creador. El Papa señala que "pequeñas acciones cotidianas rompen la lógica de la violencia, del aprovechamiento y del egoísmo" (Laudato si', n. 230). Estos gestos educan el corazón y fortalecen una cultura del cuidado.

La conversión ecológica desde la Pastoral Social

En el ámbito de la Pastoral Social, la conversión ecológica debe traducirse en procesos permanentes de formación y acción. Las parroquias, movimientos y comunidades cristianas pueden promover programas de educación ambiental, jornadas de limpieza y reforestación, proyectos de manejo responsable de residuos, campañas para el cuidado del agua y la energía, así como iniciativas de apoyo a comunidades afectadas por la degradación ambiental. De este modo, la evangelización integra de manera concreta la defensa de la dignidad humana y el cuidado de la creación.

Asimismo, esta conversión ecológica encuentra una expresión privilegiada en la vida litúrgica y sacramental de la Iglesia. La Eucaristía, "acto de amor cósmico" (Laudato si', n. 236), une el cielo y la tierra en la ofrenda de Cristo y anticipa la reconciliación definitiva de toda la creación. En ella, los dones de la tierra y del trabajo humano son asumidos por Dios y devueltos como alimento de vida eterna, recordando que toda la creación está llamada a participar en la plenitud del Reino.

Finalmente, la conversión ecológica posee una dimensión escatológica. La esperanza cristiana no conduce a desentenderse del mundo presente, sino a comprometerse activamente con su transformación. San Pablo afirma que "la creación entera gime y sufre dolores de parto" esperando ser liberada (Rm 8,22). El cuidado de la casa común anticipa esa reconciliación definitiva entre Dios, la humanidad y toda la creación prometida en Cristo.

En consecuencia, la conversión ecológica no puede entenderse como una moda ambientalista ni como una simple estrategia de sostenibilidad. Es una exigencia de la fe cristiana que brota del reconocimiento de Dios como Creador, del mandato de custodiar la creación y del compromiso con la justicia y el bien común. Implica una renovación integral de la persona y de la sociedad, orientada a construir una cultura del cuidado donde el respeto por la naturaleza sea inseparable del amor a Dios y del servicio a los hermanos, especialmente a los más pobres.


Remando juntos en Familia - SEXTING

SEXTING

Pbro. Alvaro Sánchez Quevedo

Una de las consecuencias negativas del uso de la tecnología es la práctica del sexting, el cual consiste en el envío de imágenes o videos íntimos a través de dispositivos electrónicos, este fenómeno se ha vuelto más común en el mundo de los adolescentes y jóvenes en parte por el acceso cada vez más fácil que tienen de contar con un celular. En la encíclica del Papa Leon XIV Magnificas Humanitas en su número 94 dice “Si el desarrollo tecnológico avanza sin una adecuada maduración ética y social, puede suceder que aumenten los medios sin que crezca en la misma medida la humanidad”

El término sexting se empleó por primera vez en el año 2005, y se trata de una acronimia anglosajona compuesta por las palabras ‘sex’ (sexo) y ‘texting’ (textear). Existen dos categorías: a) Sexteo Activo: consiste en el rol que toma una persona al hacerse y enviar contenido sexual, sin importar si se trata de imágenes o vídeos, y b) Sexteo Pasivo: es el papel desempeñado por quien recibe las fotografías, vídeos u otros contenidos de índole sexual.

Entre las causas que originan esta acción por parte de algunos adolescente y jóvenes, se pueden señalar: a) la curiosidad y desarrollo sexual: una de las características de la etapa de la adolescencia es el descubrimiento y exploración de todo lo concerniente a la sexualidad, aunado a ello llevamos más de una década donde en los niños se ha permeado una cultura hipersexualizada (forma de vestir, música, baile, caricaturas, etc), favoreciendo su curiosidad y desinhibición. b) búsqueda de aceptación: existe toda una presión por parte del grupo de amigos y compañeros para unirse a enviar imágenes o videos de contenido sexual, y el adolescente para ganar la aprobación y sentirse aceptado por el grupo o de alguien en quien está interesado, termina con unirse a esta práctica. c) exhibicionismo: influenciados por algunos generadores de contenido, el auge de la plataforma de OnlyFans que incitan al exhibicionismo y con la finalidad de llamar la atención de los internautas, ser materia de conversación, convertirse en alguien “popular”, deciden exponer sus cuerpos en la red.

Esta inadecuada acción por parte de algunos adolescentes y jóvenes tiene sus consecuencias y sus riesgos, que debido a su corta edad y a influencias no positivas, no alcanzan a percibir y no son consciente de ello. Una de las consecuencias es la pérdida de privacidad, pues una imagen enviada y subida a la red puede ser fácilmente compartida por otras personas sin el consentimiento de quien la compartió, quedando expuestos a situaciones incómodas y perjudiciales.

Dentro de los riesgos también se puede señalar el ciber acoso y chantaje, cuantas historias existen de varios adolescentes y jóvenes que, presionados por delincuentes y personas sin escrúpulos, han tenido que pagar grandes cantidades de dinero, prostituirse y ser un blanco perfecto para la trata de personas.

Debido a esta exhibición de sus cuerpos, también están expuestos al bullyng, generándoles inseguridad, vergüenza, ansiedad, depresión y varios problemas emocionales. Muchas familias han tenido que emigrar a otras ciudades o estados del país para “poner tierra de por medio” y así manejar mejor la situación.

Algunos especialistas de la conducta humana recomiendan que todo este fenómeno del sexting se puede abordar con estas acciones:

  1. Educación y comunicación abierta: Hablar dentro de las familias abiertamente sobre sexualidad, no únicamente sobre prevención de embarazo, sino motivar una auténtica educación de esta dimensión humana de la sexualidad. Además ser bastante claro sobre todas las consecuencias del sexting.
  2. Establecer límites claros: Definir dentro del hogar y fuera de él reglas claras sobre el uso de dispositivos y redes sociales.
  3. Fomentar la autoestima: Ayudar a los adolescentes y jóvenes a desarrollar una imagen positiva de sí mismos, fortalecer su autoimagen, autoconcepto y autovalor, para que no busquen validación a través del sexting.
  4. Vigilancia y supervisión: que los padres de familia no pequen de ingenuos y a pesar de las molestias o reclamos de los adolescentes, supervisen el uso de dispositivos y fomenten la educación sobre el uso seguro de internet.


«Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado» (Jn 17,3).

 «Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado» (Jn 17,3).

Seminarista Audel Teresa Barrera

Últimamente he estado escribiendo sobre algunos aspectos de la dimensión intelectual, ya que muchas veces se considera que esta es menos importante que las demás y porque para algunos el estudio es una carga muy pesada. Sin embargo, el estudio constituye un verdadero camino de encuentro con el Señor. El aula, no sólo es un espacio donde se transmiten conocimientos, sino que es un lugar privilegiado donde Dios continúa revelándose a quienes desean conocerlo, amarlo y anunciarlo.

¿Por qué estudiamos? Porque queremos conocer a Cristo para amarle y anunciarle. Es muy cierto que toda vocación sacerdotal nace de un encuentro personal con Jesucristo. Sin embargo, ese encuentro necesita profundizarse continuamente mediante la oración, la vida sacramental y también mediante el estudio. Nadie puede ignorar que en el Evangelio se muestra cómo Jesús dedicó tiempo a enseñar a sus discípulos. No solamente los llamó a seguirlo, sino que los fue introduciendo progresivamente en el conocimiento del Reino de Dios. La predicación de Cristo no apelaba únicamente a los sentimientos; sino que iluminaba la inteligencia y transformaba el corazón de aquellos a los que él llamó.

Descubrimos que mediante el programa de estudio de Las Sagradas Escrituras, de la teología, de la filosofía, de la historia de la Iglesia, del derecho canónico y de las demás disciplinas eclesiásticas se nos vislumbra la riqueza inagotable del misterio de Cristo. Así, cada clase, cada lectura y cada investigación representan una oportunidad para contemplar más profundamente a Aquel que será el centro de toda nuestra vida sacerdotal. Podemos aplicar muy atinadamente las palabras de san Jerónimo: «Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo», ya que esta expresión resume el sentido profundo del estudio en el seminario: no se estudia simplemente para aprobar exámenes, sino para conocer cada vez mejor al Señor.

¿Qué debemos guardar en nuestra mente y nuestro corazón? Que el aula es un lugar sagrado. Con frecuencia se identifica la capilla como el principal lugar de encuentro con Dios dentro del seminario, y efectivamente lo es. Sin embargo, el aula también posee un profundo significado espiritual. En ella se escucha la verdad, se dialoga, se aprende a pensar con la Iglesia y se busca comprender el misterio de Dios con humildad y apertura. Allí la inteligencia se pone al servicio de la fe y la razón se deja iluminar por la Revelación. También, el aula es sagrada porque en ella se cultiva el amor a la verdad. Quien entra con espíritu de fe comprende que cada lección puede convertirse en una ocasión para descubrir un nuevo aspecto del rostro de Cristo.


El profesor es un formador que nos acompaña en la búsqueda de la verdad. Y nosotros como seminaristas, no solo somos simples receptores de contenidos, sino  discípulos llamados a crecer en sabiduría para servir mejor al Pueblo de Dios. Así como el altar es el lugar donde Cristo se hace presente sacramentalmente, el aula la podemos entender como el espacio donde el mismo Cristo, Maestro, continúa enseñando a quienes ha llamado para anunciar su Evangelio. Me gusta pensar: mi escritorio es el altar donde ofresco al Padre en el Hijo un sacrificio agradable. «Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado» (Jn 17,3).

Nunca olvidemos que el estudio es acto de amor. Cada hora de estudio que ofrecemos con rectitud de intención, puede convertirse en una verdadera oración. La disciplina intelectual educa virtudes indispensables para el ministerio sacerdotal: la perseverancia, la humildad, la paciencia, la capacidad de escucha y el deseo permanente de aprender. Como siempre digo a los jóvenes: quien ama desea conocer más profundamente a la persona amada. Del mismo modo, quien ha sido llamado por Cristo busca conocerlo cada vez mejor para anunciarlo con fidelidad.

Por último, existe una profunda continuidad entre el aula, la capilla y la misión. En la capilla se contempla a Cristo; en el aula se profundiza en su misterio; en la misión se anuncia con la palabra y el testimonio. Desde el Seminario del Buen Pastor, le deseamos a todos una feliz y bendecida semana.

MENSAJE A CIEN AÑOS DE AQUEL 1926 | El conflicto religioso en México callaron las campanas de los templos, habló su sangre

MENSAJE A CIEN AÑOS DE AQUEL 1926 | EL CONFLICTO RELIGIOSO EN MÉXICO CALLARON LAS CAMPANAS DE LOS TEMPLOS, HABLÓ SU SANGRE


 

Memoria de nuestros mártires, libertad religiosa y construcción de la paz 

«Rodeados por tal nube de testigos […] con la mirada siempre fija en Jesús» (Hb 12,1-2); «ustedes se acercaron […] a Jesús, mediador de la nueva alianza, y a la aspersión de una sangre purificadora mucho más elocuente que la de Abel» (Hb 12,22.24); «por la fe, Abel habla todavía aún después de muerto» (Hb 11,4). 

Al Pueblo de Dios que peregrina en México, a nuestros hermanos de otras confesiones y religiones, a las autoridades de nuestra Patria y a todas las personas de buena voluntad 

I. Una fecha que no podemos dejar pasar en silencio 

1. El 31 de julio de 1926 entró en vigor la ley reglamentaria en materia de culto —conocida como «Ley Calles»— que penalizaba la vida ordinaria de la Iglesia y sometía el ministerio de los sacerdotes al control del Estado. Días antes, el 25 de julio, los obispos de México publicaron una carta pastoral colectiva por la que, ante la imposibilidad de ejercer libremente el ministerio, se suspendía el culto público en todos los templos del país a partir de aquella fecha. Al amanecer del 1.º de agosto de 1926 México despertó sin Misas públicas: los templos quedaron abiertos y silenciosos, custodiados por los propios fieles. Se abría así uno de los capítulos más dolorosos de nuestra historia, que se convirtió en una lucha armada de 1926-1929, hasta los «arreglos» de junio de 1929 y en una segunda etapa de hostilidad que se extendió hasta finales de los años treinta. 

2. Cien años después, los obispos de México queremos dirigirnos a ustedes. No para reabrir heridas, sino para curarlas; no para juzgar a los muertos, sino para servir a los vivos. Hemos elegido inaugurar un tiempo de memoria agradecida y de discernimiento eclesial que nos acompañará en los próximos años, hasta el jubileo guadalupano de 2031 y el jubileo de la Redención de 2033. Lo hacemos convencidos de que un pueblo que no recuerda queda a merced de quienes escriben la historia por él, y de que la memoria cristiana no es nostalgia del pasado: es fuerza para el presente. 

3. Recordamos también que apenas siete meses antes, el 11 de diciembre de 1925, el papa Pío XI había instituido la fiesta de Cristo Rey con la encíclica Quas primas. Aquella enseñanza sobre la realeza de Cristo —que no se impone con las armas, sino que reina desde la cruz— se convirtió en México en un grito popular que ningún ejército pudo apagar: «¡Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe!». Cien años después, ese grito sigue siendo un programa: reconocer que ningún poder humano es absoluto, porque sólo Dios es Señor de la conciencia y de la Historia. 

II. Lo que conmemoramos y lo que no conmemoramos 

4. Queremos decirlo con toda claridad, para que nadie se equivoque ni instrumentalice nuestra palabra. No conmemoramos una guerra ni celebramos una victoria; no exaltamos las armas ni idealizamos la violencia, de dondequiera que haya venido. No convocamos a la revancha, no alimentamos el resentimiento y no ponemos esta memoria al servicio de ningún proyecto político ni partidista. Tampoco reducimos aquellos años a un pleito de sacristía: fue un drama nacional que atravesó familias, pueblos, escuelas y campos enteros donde el gobierno Federal atacó a sus propios ciudadanos. 

5. Conmemoramos, en cambio, tres cosas. Primero, la fidelidad de un pueblo creyente que, en medio del miedo, siguió rezando en las casas, bautizando a sus hijos a escondidas, protegiendo a sus sacerdotes y mantuvo viva la fe cuando no había templos abiertos: la fe de nuestras abuelas es el primer patrimonio de esta memoria. Segundo, el testimonio de los mártires, que no mataron por Cristo, sino que murieron por Él perdonando a sus verdugos. Y tercero, la lección aprendida a un precio altísimo: que la libertad religiosa no es un privilegio del clero, sino un derecho de toda persona humana, y que su negación siempre termina costando sangre. 

6. Un memorial cristiano no repite el pasado: lo purifica y lo entrega sanado a las nuevas generaciones. El magisterio reciente nos pide favorecer «procesos de sanación de la memoria colectiva» como parte de la justicia que repara los vínculos rotos (cf. León XIV, Magnifica humanitas, 79). A eso nos comprometemos: a una memoria que no justifica la injusticia, pero que tampoco se alimente del odio. 

III. La herida fratricida: «¿Dónde está tu hermano?» 

7. La primera pregunta que Dios dirige al hombre después del pecado original no es sobre Dios, sino sobre el hermano: «¿Dónde está tu hermano Abel?» (Gn 4,9). Y la respuesta de Caín —«¿Acaso yo soy guardián de mi hermano?»— es la fórmula exacta de toda violencia. Lo que ocurrió en México hace un siglo tiene ese rostro trágico: no fue una nación invadida por extraños, sino un pueblo que se dividió contra sí mismo. Del lado de las trincheras y del lado de los batallones había hijos de la misma tierra, bautizados en las mismas parroquias, herederos de la misma cultura, con la misma Madre en el pecho, la Virgen de Guadalupe. Hermanos que se mataron entre hermanos. Esa es la definición más exacta de una tragedia. 

8. Como pastores, no podemos hacer esta memoria desde la comodidad de la propia inocencia. Con humildad reconocemos que en aquellos años, junto al heroísmo, hubo también entre algunos católicos dureza de corazón, cálculos políticos, palabras que encendieron los ánimos y decisiones tomadas sin la lucidez que hoy pedimos a los demás; y que la Iglesia misma, en algunos momentos de la historia, no siempre ha sabido servir a la verdad con los medios apacibles del Evangelio (cf. san Juan Pablo II, Tertio millennio adveniente, 35). Pedir perdón por lo propio no debilita la denuncia de lo ajeno: la hace más creíble. 

9. Y por eso lo decimos con firmeza profética: la persecución contra la Iglesia fue real. Hubo templos cerrados y profanados, sacerdotes fusilados sin proceso, religiosas expulsadas, laicos ahorcados en los postes de los caminos, miles de asesinados, deportaciones, delaciones y niños convertidos en víctimas. Nombrar estas injusticias no es agraviar a nadie: es cumplir el deber de la verdad, sin la cual no hay reconciliación posible, sólo silencio impuesto. La sangre del hermano clama a Dios desde la tierra (cf. Gn 4,10); pero la sangre de Cristo —y con ella la de sus mártires— es «mucho más elocuente que la de Abel» (Hb 12,24): no pide venganza, es una entrega para que haya vida. Callaron entonces las campanas de los templos; habló su sangre, y su voz ha llegado hasta nosotros. 

IV. Los mártires: testigos que edifican el Reino y la nación 

10. «Mártir» significa, sencillamente, «testigo». Antes de designar al que muere, la palabra designa al que ha visto y no puede callar. El primero que la merece es Cristo, «el testigo fiel» (Ap 1,5), que ante Pilato declara haber nacido y venido al mundo «para dar testimonio de la verdad» (Jn 18,37). Todo bautizado recibe esa vocación el día de su bautismo: «para que sean mis testigos […] hasta los confines de la tierra» (Hch 1,8). Hay un martirio cotidiano —la honradez que no cede ante la tentación, el perdón que se repite ante el agravio, la fidelidad sin aplausos— que prepara y hace posible el martirio definitivo. 

11. El martirio no es una derrota: es una Pascua. Benedicto XVI enseñó que el mártir es la persona más libre que existe, porque nadie puede arrebatarle lo que él ya ha entregado por amor (cf. Audiencia general, 11 de agosto de 2010). Por eso el Apocalipsis no describe a los mártires como vencidos por el mal, sino como vencedores: «Ellos mismos lo vencieron por la sangre del Cordero y por la palabra que testimoniaron» (Ap 12,11). Quien da la vida no pierde: siembra. No hay «un amor más grande que el que da su vida por sus amigos» (Jn 15,13). 

12. México tiene un martirologio propio y verificado por la Iglesia: los veinticinco mártires canonizados por san Juan Pablo II el 21 de mayo del año 2000, encabezados por san Cristóbal Magallanes; los trece beatificados en Guadalajara el 20 de noviembre de 2005, entre ellos el beato Anacleto González Flores —abogado, catequista, padre de familia y apóstol de la resistencia pacífica, declarado por esta Conferencia patrono de los laicos mexicanos—; san José Sánchez del Río, canonizado el 16 de octubre de 2016; el beato Miguel Agustín Pro, S.J., fusilado el 23 de noviembre de 1927 con los brazos en cruz; san Luis Batis Sáinz y los laicos de Chalchihuites, que quisieron morir juntos, el sacerdote ofreciéndose por el padre de familia y el padre de familia negándose a abandonar a su sacerdote. Junto a ellos, la inmensa multitud de los que nadie inscribió en ninguna lista y cuyos nombres sólo Dios conoce. 

13. Ellos construyeron la nación. No con las armas, sino con lo que sostiene a un pueblo por dentro: la convicción de que hay verdades por las que vale la pena vivir y morir, la certeza de que el poder tiene límites y la libertad de una conciencia que no se vende. Y construyeron sobre todo el Reino de Dios, que no es un territorio conquistado, sino la vida en Cristo haciéndose historia entre nosotros. La memoria de los mártires no pertenece a un grupo ni a una región: es patrimonio espiritual de todos los mexicanos. 

V. La libertad religiosa: un derecho humano fundamental, todavía inconcluso 

14. El Concilio Vaticano II enseñó que la libertad religiosa se funda en la dignidad misma de la persona: nadie debe ser obligado a actuar contra su conciencia, ni impedido de buscar y profesar la verdad ya sea en público o en privado observando el respeto social (cf. Dignitatis humanae, 2). El papa León XIV ha reafirmado que este derecho debe estar garantizado por el ordenamiento jurídico y que sigue siendo un criterio decisivo para construir sociedades plurales y pacíficas (cf. Magnifica humanitas, 34). No pedimos un privilegio para los católicos: defendemos un derecho de todos —creyentes de cualquier confesión y también de quienes no creen—, reconocido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en nuestra Constitución. 

15. Reconocemos con gratitud y con sentido histórico los pasos dados por nuestro país: las reformas constitucionales de enero de 1992, la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público en julio del mismo año, el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con la Santa Sede y la reforma al artículo 24 constitucional en 2013. México dejó atrás la etapa del enfrentamiento y la simulación. Agradecemos a cuantos, desde el gobierno y desde la sociedad civil, han hecho posible un clima de respeto y de colaboración por el bien común forjando un Estado mexicano con mayor libertad. 

16. Y sin embargo, decimos con serenidad y sin agravio que la libertad religiosa en México aún no es plena. Persisten restricciones que no corresponden a una democracia madura: límites al ejercicio ordinario del culto fuera de los templos, la imposibilidad de que las asociaciones religiosas accedan a concesiones de radio y televisión, restricciones a la libertad de los padres para elegir la educación religiosa de sus hijos ante la imposición de modelos educativos sin consenso, y una actitud de la clase política que no ha asimilado la nueva cultura constitucional de la libertad religiosa permaneciendo en un clima de desconfianza e impidiendo que los creyentes defiendan y vivan en el ámbito público sus convicciones. Más grave aún es cuando el Estado permite que el crimen organizado se convierta en un gobierno paralelo que controla territorios, donde se anulan todos los derechos humanos: secuestra, extorsiona, asesina, deforma la conciencia de los jóvenes. Ese clima de violencia generalizada afecta a toda la sociedad y también impide que algunas comunidades vivan libremente su fe.  La sangre de sacerdotes asesinados en el ejercicio de su ministerio —entre ellos nuestros hermanos jesuitas de Cerocahui, el padre Marcelo Pérez en San Cristobal de las Casas, y otros más— nos dice que la lista de los testigos no se cerró en 1929. 

17. Existe además un riesgo nuevo: que los derechos se proclamen de manera puramente formal mientras avanzan, disimuladas, otras violaciones de la dignidad humana (cf. Magnifica humanitas, 56). Hoy la conciencia puede ser coaccionada sin cerrar un solo templo: mediante la manipulación de la información, la reducción de la persona a un perfil de consumo, la captura de la atención por algoritmos que polarizan y las nuevas esclavitudes de la era digital. Custodiar hoy la libertad religiosa es también custodiar el derecho de cada persona a buscar a Dios sin ser reducida a un dato. 

VI. El valor de la persona: la clave que ilumina todo 

18. Al fondo de todo lo que decimos hay una sola convicción: la grandeza de la persona humana. San Juan Pablo II inauguró su magisterio recordando que la persona es «el camino primero y fundamental de la Iglesia» y que sólo en el misterio del Verbo encarnado se esclarece el misterio del ser humano (cf. Redemptor hominis, 14). Casi cincuenta años después, el papa León XIV retoma esa herencia en su primera encíclica, Magnifica humanitas, dedicada a la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial, y nos recuerda que la dignidad no se gana ni se demuestra: es un don que precede y excede a la persona, y que ninguna exclusión, ningún fracaso y ningún poder puede suprimir (cf. Magnifica humanitas, 50-53; Dignitas infinita, 1). 

19. Esta es la razón profunda por la que el martirio nos importa. El mártir es la afirmación más radical del valor de la persona: prefiere perder la vida antes que perder su rostro y su conciencia. Y es también la razón por la que rechazamos toda violencia, la de ayer y la de hoy: porque el que mata a un hermano no destruye solamente un cuerpo, destruye una imagen de Dios. Denunciamos por ello la ideología, tan actual, que mide el valor de la persona por su utilidad, su eficiencia o su rendimiento, y que convierte a los pobres, los enfermos, los migrantes, los ancianos y los no nacidos en material descartable. 

VII. Unidad de la nación y construcción de la paz: de Babel a Nehemías 

20. El papa León XIV ha puesto ante los ojos de la Iglesia dos imágenes bíblicas para discernir nuestro tiempo: la torre de Babel, obra del orgullo humano que excluye a Dios y termina en dispersión; y la reconstrucción de los muros de Jerusalén con Nehemías, que antes de actuar  invoca a Dios y después convoca a las familias y confía a cada una un tramo de muralla, de modo que la ciudad renace por la responsabilidad compartida de todo el pueblo (cf. Magnifica humanitas, 7-10). En esa reconstrucción, los vínculos sociales se levantan antes que las piedras. 

21. México necesita hoy el camino de Nehemías. Nuestra Patria vive fracturada por la violencia, la desaparición de personas, la impunidad, la desigualdad que humilla y una polarización provocada por estrategias políticas que causa la división entre los mexicanos y que ha hecho del adversario un enemigo. Cien años después, la lección del conflicto religioso es exactamente ésta:cuando el otro deja de ser hermano, el país entero pierde. La unidad de la nación no se decreta ni se impone: se teje reconociendo que compartimos una misma identidad, una fe, un corazón y una cultura común, y que nadie sobra. 

22. Construir la paz no es callar los conflictos, sino transformarlos. «El fruto de la justicia será la paz» (Is 32,17), y «dichosos los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios» (Mt 5,9). Por eso reafirmamos nuestro compromiso con el Diálogo Nacional por la Paz, con las caminatas y jornadas diocesanas de oración por la paz, con el acompañamiento a las víctimas —cuya mirada debe orientar toda política pública— y con una cultura del encuentro que desarme primero las palabras. Pedimos a los legisladores y a las autoridades leyes y prácticas que garanticen plenamente la libertad religiosa; y pedimos a los católicos que no reclamen para sí lo que no estén dispuestos a defender para los demás. 

VIII. Un tiempo de gracia que ya ha comenzado 

23. Queremos decirles algo que nos llena de esperanza: esta conmemoración no se está organizando desde un escritorio. Ya está ocurriendo, y está ocurriendo en manos del pueblo. Son los laicos —familias, jóvenes, maestros, profesionistas, catequistas, hombres y mujeres de nuestras parroquias— quienes están tomando en sus manos esta memoria, igual que hace cien años tomaron en sus manos la fe cuando las campanas de los templos callaron. Y así debe ser: la mayoría de nuestros mártires fueron laicos. 

24. A lo largo y ancho del país, en estos años, nuestras comunidades vivirán jornadas de oración por la paz de México y por la libertad de las conciencias; caminatas y peregrinaciones por la paz, en las que caminar juntos es ya un modo de reconciliarnos; celebraciones y romerías en el Santuario de los Mártires, en el Cerro del Cubilete y en tantos lugares que guardan la memoria de la entrega; y esas expresiones de cultura y de devoción popular —cantos, obras de teatro, películas,  retablos, fiestas patronales— que entre nosotros nunca han sido adorno, sino la manera concreta en que la fe se hace pueblo y el pueblo se hace uno. 

25. Nuestras universidades, seminarios e institutos ofrecerán diplomados de reflexión, congresos y simposios donde esta historia se estudie con rigor documental y sin apologías, porque la verdad no necesita ser maquillada para ser luminosa. Se preparan además ediciones conmemorativas que pongan al alcance de todos los documentos, los testimonios y los rostros de aquellos años. Y ya está en marcha, publicándose en nuestras redes sociales y plataformas digitales, la serie de catequesis «Testigos del Reino»: hemos querido que la memoria de nuestros mártires llegue precisamente allí donde hoy se disputa el corazón de nuestros jóvenes. 

26. Detrás de todo ello hay un anhelo que queremos hacer explícito, porque es el compromiso que los obispos de México hemos asumido para estos años. Deseamos que este tiempo nos encuentre siendo una Iglesia que escucha antes de hablar y que camina  unida, sin que nadie sobre ni nadie quede fuera; una Iglesia que despierte en cada bautizado, y de manera muy especial en los laicos, la conciencia de que su fe se vive en la familia, en el trabajo y en la vida pública; una Iglesia capaz de leer con lucidez evangélica este cambio de época, donde las amenazas a la conciencia ya no llegan con soldados sino con pantallas; y una Iglesia que ponga todas sus fuerzas en la justicia, la reconciliación y la paz. No les proponemos una agenda de actividades: les proponemos un tiempo de gracia. 

IX. Una memoria que camina hacia el Tepeyac 

27. Nuestros mártires no gritaron solamente el nombre de Cristo Rey: gritaron también el de Santa María de Guadalupe. Por eso esta memoria no camina sola. Camina dentro del gran itinerario espiritual que la Iglesia en México abrió hacia el V Centenario del acontecimiento guadalupano: la Novena Intercontinental Guadalupana, inaugurada por el papa Francisco el 12 de diciembre de 2022 en la Basílica de San Pedro y encomendada por nuestra Asamblea Plenaria a la Presidencia de esta Conferencia, en vinculación con la Arquidiócesis Primada de México. Nueve años de preparación, uno tras otro, para llegar al 2031 no solo con festejos externos, sino sobre todo convertidos en el corazón. 

28. Y queremos subrayar algo que nos parece una gracia y no una coincidencia: el centenario del conflicto religioso se vive dentro de la Novena Guadalupana. Esto significa que la memoria de nuestros mártires no es un asunto doméstico ni una nostalgia mexicana: es un don que ofrecemos a las Iglesias hermanas de América, de Filipinas y de España que caminan con nosotros hacia el Tepeyac. En ese camino nació precisamente la serie «Testigos del Reino». Invitamos, por eso, a las diócesis, parroquias, vida consagrada y sociedades de vida apostólica, universidades, movimientos y familias de México a vivir esta conmemoración dentro de la Novena, y a las Iglesias hermanas del continente a recibir a nuestros mártires como suyos: en ellos se ve lo que la Virgen de Guadalupe hace con un pueblo cuando ese pueblo la deja hacer. 

X. Bajo la mirada de Santa María de Guadalupe 

29. El que nuestros mártires expresaran a una sola voz ¡Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe! no fue una casualidad devocional: es la clave de nuestra identidad. La Madre que en el Tepeyac se inclinó ante el más pequeño y le dijo «¿no estoy yo aquí, que soy tu Madre?» es la misma que canta el Magníficat, donde Dios derriba a los poderosos y enaltece a los humildes (cf. Lc 1,46-55). Ese canto —el canto de la esperanza— es el que queremos entonar al abrir esta memoria, aprendiendo a mirar la historia con los ojos de los pequeños. 

30. Que este tiempo nos encuentre reconciliados: capaces de nombrar la verdad sin odio, de perdonar sin olvidar y de construir juntos una nación donde ninguna conciencia sea coaccionada y ninguna vida sea descartable. Que la sangre de nuestros mártires, unida a la de Cristo, siga hablando —más elocuente que la de Abel— de vida, de libertad y de paz. 

31. A todos los mexicanos, a los que han adoptado esta tierra y a los que la transitan, les decimos con corazón de pastores: no tengan miedo de la verdad de esta historia. Ahí, en medio de tanta oscuridad, hubo hombres y mujeres como nosotros que no se dejaron robar la esperanza. Somos herederos de ellos, más por la fe que por la sangre. Que su memoria nos haga mejores. 

Que Cristo Rey reine en nuestros corazones y que Santa María de Guadalupe, Madre del verdadero Dios por quien se vive, cubra con su manto a nuestra Patria. 


Ciudad de México, a 31 de julio de 2026, 

al cumplirse cien años de la suspensión del culto público en México. 



+ Ramón Castro Castro

Obispo de Cuernavaca

    Presidente


+ Héctor M. Pérez Villarreal

Obispo Auxiliar de México

Secretario General

TIMONEL: "El Señor que me trajo a ustedes es el mismo que ahora me lleva a otra comunidad".

TIMONEL: "El Señor que me trajo a ustedes es el mismo que ahora me lleva a otra comunidad".

Mons. Leopoldo González González

En estas semanas hemos vivido y viviremos varios cambios de sacerdotes que han sido trasladados de una parroquia a otra o asumen nuevos cargos en la Arquidiócesis. Aprecio y agradezco mucho la disponibilidad de la inmensa mayoría en obediencia de fe.

Ciertamente, dejar una comunidad o un oficio implica generalmente un sacrificio al tener que separarse de personas con quienes se ha convivido, al interrumpir ciertos proyectos. Simplemente tener que empacar las pertenencias y poner en orden los documentos es ya toda una faena. Sin embargo, los traslados de parroquia y el asumir nuevos cargos son parte muy importante en la vida de los sacerdotes y para la vida de la comunidad.

A los sacerdotes, estos cambios nos dan la oportunidad de sentir más vivamente la presencia de Dios, pues por Él es por quien nos trasladamos, Él es quien va marcando nuestro itinerario. También nos dan la oportunidad de unirnos de una manera más intensa al Misterio Pascual del Señor Jesús, pues el traslado es realmente un morir para vivir una vida nueva, no solo por las nuevas circunstancias en que hemos de encontrarnos, sino por nuestra conversión personal y pastoral. Nos hacen preguntarnos: ¿a qué desprendimiento estoy llamado para transparentar a Jesús? Y junto a todo esto, los traslados nos permiten ampliar nuestros horizontes misioneros: la presencia de más personas y comunidades en nuestra mente y en nuestro corazón amplían nuestra disponibilidad a acoger. Nuestra misión será acoger a la nueva comunidad y caminar con ella hacia el Señor.

Nos decía el Papa Francisco: "las parroquias, a partir de sus estructuras y de la organización de su vida, están llamadas a concebirse principalmente al servicio de la misión que los fieles llevan adelante en el interno de la sociedad, en la vida familiar y laboral, sin concentrarse exclusivamente en las actividades que desarrollan hacia dentro y sobre sus necesidades organizativas". Por eso es necesario que las comunidades parroquiales sean cada vez más lugares desde los cuales los bautizados parten como discípulos misioneros y a donde regresan, llenos de alegría, para compartir las maravillas obradas por el Señor a través de su testimonio.

Nos unamos en oración para que el Señor bendiga a las comunidades en la persona y en el ministerio de sus nuevos párrocos, cercanos a su pueblo al estilo de Dios, que "se acerca con compasión y ternura".

Los invito a leer con mucho cariño y apertura de corazón el Mensaje de la Conferencia del Episcopado Mexicano ante el centésimo aniversario del inicio del conflicto religioso de 1926 en nuestra Patria. Ya ha sido puesto en la página de nuestra Arquidiócesis y aparece como "Comunicado" en esta edición de "Mar Adentro".


sábado, 25 de julio de 2026

Cuidar la imagen para cuidar la fe: la restauración de Padre Jesús de Petatlán

 Cuidar la imagen para cuidar la fe: la restauración de Padre Jesús de Petatlán

Seminarista Alejandro Estrada

Una imagen religiosa no es un adorno. Es un Evangelio tallado. Cuando la tocamos con fe, cuando le ponemos una veladora, cuando la vestimos, la estamos haciendo parte de nuestra historia. Por eso también necesita cuidado. Y por eso, al restaurarla, no la estamos “arreglando”, la estamos devolviendo a su verdad.

Con motivo de la próxima fiesta, queremos contar lo que se le hizo a nuestro Padre Jesús y dar gracias a quienes lo hicieron con manos expertas.

1. Tres siglos de cuidado

Al revisar la base de la escultura, barnizada y con un herraje donde se sostiene la cruz, encontramos la memoria de nuestro pueblo: inscripciones hechas a mano que registran restauraciones anteriores.

1ª restauración – 1864, con el P. Mateo Molina. En tiempos de la Diócesis de Michoacán, cuando Petatlán aún era doctrina lejana. El pueblo ya entendía que la imagen necesitaba manos que la preservaran.

2ª restauración – 1990, con el P. Gregorio Bello. Después del sismo de 1943 que tiró la torre y dejó solo paredes cuarteadas, la imagen también fue restaurada.

3ª restauración – 2010, con el P. Emmanuel Villalobos. Una intervención de devoción, pero que con el tiempo dejó repintes y materiales que alteraron su policromía original.

2. ¿Qué presentaba la imagen antes de esta intervención?


El informe técnico del proyecto actual, encabezado por la Mtra. Claudia Alejandra Garza Villegas, describe una escultura en madera policromada, probablemente del siglo XVIII, que representa a Jesucristo en su tercera caída: semidesnudo, con solo un cendal o paño de pureza, hincado sobre una rodilla, sosteniendo la cruz con el brazo derecho, con ojos de vidrio en forma de media cazuela y cabello no tallado porque porta peluca y vestimentas. Su anatomía es de complexión mediana, muy bien trabajada, de madera maciza, sin ahuecar.

La escultura presentaba deterioros que comprometían su estabilidad y modificaban sus valores artísticos, históricos y tecnológicos. Estaba en un estado alterado, muy diferente a como fue concebida, con dos intervenciones inadecuadas: una de 1990 y otra de 2010. Había pérdidas de la capa pictórica, craqueladuras, barnices oxidados y resanes gruesos que le daban volumen que no le corresponde.

3. ¿Qué se le hizo ahora?

El trabajo no fue repintar, fue revelar. Con criterio de conservación y con supervisión, el equipo realizó:

a) Limpieza y consolidación. Se estabilizaron las capas de preparación y color que se estaban

desprendiendo para que no se perdiera más policromía original.

b) Resane. Las áreas con pérdidas fueron resanadas con pasta de carbonato de calcio y cola de conejo, aplicada con pinceles y espátulas. Una vez seca, se dio acabado liso con lijas y paños. Donde la base de preparación original estaba expuesta, se decidió solo resanar los faltantes más bajos para no volver a cubrir el estrato original y no darle volumen falso a la escultura.

c) Reintegración cromática. Para devolverle integridad visual, los faltantes fueron reintegrados con pinturas al barniz y, en zonas donde era necesario oscurecer el blanco del resane. Se había propuesto la técnica de rayado visible (rigatino), pero por la cantidad de lagunas y por ser una imagen de alto valor devocional, se determinó, junto con la supervisión, realizar un sistema mimético que le devolviera su rostro sereno sin inventar nada.

Hoy, Padre Jesús vuelve a mirar como al inicio: con ojos de vidrio que parecen húmedos, la sangre no exagerada, la encarnación limpia, el cuerpo en su justa medida. Se ve frágil y fuerte a la vez, como el día que lo encontraron bajo la parota.

4. Gracias

Agradecemos de corazón a quienes pusieron su ciencia al servicio de la fe:

Mtra. Claudia Alejandra Garza Villegas, Licenciada en Restauración por la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía “Manuel del Castillo Negrete”, responsable del proyecto. Quien colabora tambien en la Comisión de Arte Sacro y Bienes Culturales de la CEM.

Rest. Naitzá Santiago Gómez y Rest. Ixchel Luna Coria, por sus horas de trabajo fino, con lupa y pincel.

Gracias porque no solo restauraron madera. Nos ayudaron a seguir creyendo que Dios se deja tocar.

Si quieres escuchar todo el informe por parte de la responsable del proyecto te invitamos a mirar la transmisión de manera integra: https://www.youtube.com/live/bzxBVM4yIIA?si=9btLM5P9IEfG8T9N




Fiesta en Honor a Padre Jesús en Petatlán 2026

 Fiesta en Honor a Padre Jesús en Petatlán 2026

Lizeth Rodríguez

Petatlán, Guerrero. El Santuario de Padre Jesús, ubicado en la Parroquia de San Pedro Apóstol de Petatlán, extiende una cordial invitación a todos los fieles, peregrinos y visitantes a participar en la tradicional Fiesta en Honor a Padre Jesús, que se llevará a cabo del 1 al 6 de agosto de 2026.

Durante estos días de celebración, la comunidad vivirá una intensa jornada de fe con actividades religiosas, encuentros juveniles, peregrinaciones, talleres formativos, procesiones y celebraciones eucarísticas que fortalecerán la devoción al venerado Padre Jesús, una de las manifestaciones de fe más significativas de la región.

Las festividades iniciarán el sábado 1 de agosto con un encuentro deportivo regional de adolescentes y jóvenes, seguido de la Santa Misa. A lo largo de la semana se recibirán peregrinaciones provenientes de diversas comunidades, se impartirá un taller sobre la historia y espiritualidad de Padre Jesús, y se realizará una solemne procesión con la sagrada imagen.

El momento culminante tendrá lugar el jueves 6 de agosto, día principal de la festividad, con las tradicionales mañanitas, diversas celebraciones eucarísticas y la Misa Solemne presidida por Monseñor Leopoldo González, durante la cual se llevará a cabo la bendición del ábside del templo. La jornada concluirá con la tradicional quema del castillo, símbolo de alegría y celebración para todos los asistentes.

El Santuario de Padre Jesús invita a la comunidad católica y al público en general a unirse a esta gran fiesta religiosa, viviendo momentos de oración, convivencia y renovación espiritual en honor a quien ha sido fuente de esperanza y consuelo para generaciones de fieles.

“Padre Jesús nos espera para compartir juntos esta gran celebración de fe y gratitud.”




Remanso Dominical | Domingo XVII del Tiempo Ordinario A: “Lleno de alegría, va y vende cuanto tiene” (Mt 13, 44-52)

 Domingo XVII del Tiempo Ordinario A 

“Lleno de alegría, va y vende cuanto tiene” 

(Mt 13, 44-52) 


Pbro. Lic. Bulmaro Hernández Morales

INTRODUCCIÓN 

“Jesús trataba de comunicar a la gente su experiencia de Dios y de su gran proyecto de ir haciendo un mundo más digno y dichoso para todos. No siempre lograba despertar su entusiasmo. Estaban demasiado acostumbrados a oír hablar de un Dios sólo preocupado por la Ley, el cumplimiento del sábado o los sacrificios del Templo. Jesús les contó dos pequeñas parábolas para sacudir su indiferencia. Quería despertar en ellos el deseo de Dios. Les quería hacer ver que encontrarse con lo que él llamaba "reino de Dios" era algo mucho más grande que lo que vivían los sábados en la sinagoga del pueblo: Dios puede ser un descubrimiento inesperado, una sorpresa grande” (J.A. Pagola). 

TEXTO DEL EVANGELIO Mt 13, 44-52 

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: "El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo. El que lo encuentra lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, va y vende cuanto tiene y compra aquel campo. El Reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una perla muy valiosa, va y vende cuanto tiene y la compra. También se parece el Reino de los cielos a la red que los pescadores echan en el mar y recoge toda clase de peces. Cuando se llena la red, los pescadores la sacan a la playa y se sientan a escoger los pescados; ponen los buenos en canastos y tiran los malos. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: vendrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los arrojarán al horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación. ¿Han entendido todo esto?'' Ellos le contestaron: "Sí". Entonces él les dijo: "Por eso, todo escriba instruido en las cosas del Reino de los cielos es semejante al padre de familia, que va sacando de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas". 

ELEMENTOS PARA SU COMPRENSIÓN

  • Resucitar la generosidad y la alegría. Este domingo nos encontramos con dos parábolas propias de Mateo: la del tesoro y la perla preciosa. Ambas parábolas intentan responder a un par de preguntas que rondaban en la cabeza de los discípulos: ¿Vale la pena seguir a Jesús? ¿Tendrá sentido luchar por el proyecto del Reino? Estas parábolas Jesús las dirige a los discípulos, personas que han realizado la experiencia de dejarlo todo por seguir a Jesús. Pero ahora, se encuentran en un momento de crisis. En este sentido, las parábolas intentan restaurar la generosidad, el entusiasmo y la alegría con la que han iniciado.
  • “Un tesoro escondido”. La clave para comprender esta parábola está en las palabras: “Por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra aquel campo”. Desbordado por una inmensa alegría, se desprende todo con tal de adquirir aquel campo. Para aquel pobre hombre que de forma inesperada encuentra aquel tesoro, todo le parece sin valor en comparación con lo que ha encontrado. Así sucede con el Reino de los Cielos; quien lo encuentra se desborda de una inmensa alegría que lo impulsa hasta el sacrificio absoluto de sí mismo y de todo lo personal, con tal de adquirir el Reino.
  • “Al encontrar una perla muy valiosa, va y vende cuanto tiene y la compra”. La perla valiosa es signo del Reino de los Cielos. El que la encuentra, se llena de alegría, pero también de un inmenso valor, y es capaz de desprenderse de todo con el fin de conseguirlo. Al igual que la parábola del tesoro escondido, estas parábolas son una invitación a seguir a Jesús y a luchar por la construcción del proyecto del Reino de los Cielos: “vale la pena venderlo todo por Él”. “Vale la pena jugarse la vida por el Reino de los Cielos”. “Vale la pena entregar la vida por Jesucristo”.
  • “Ponen los buenos en canastos y tiran los malos”. La tercera parábola es la de la red: la comparación con el Reino no estando con la red, que contiene peces buenos y malos, sino con la acción final de separar unos de otros. La parábola tiene un primer carácter escatológico (Juicio final). En el Reino de Dios, en su fase terrestre, habrá buenos y malos, pero al final tendrá que haber una separación. La tercera parábola también tiene un carácter más existencial o terrenal. En la comunidad hay hermanos que no viven de acuerdo a los valores del Reino, que no mantiene esa experiencia de haber descubierto un tesoro o una perla. ¿Qué hacer con ellos? La respuesta es muy dura, pero conviene completarla con Mt 25 31 – 46, donde se nos dice quiénes son los buenos y los malos. Los buenos son quienes, sabiéndolo o no, se preocupan de los débiles y necesitados de la comunidad. 

DISCERNIMIENTO PERSONAL O COMUNITARIO 

(Hay tres pasos fundamentales para el discernimiento. Primer paso: “Me escucho; segundo paso: “escucho a los demás”; tercer paso: “escucho a Dios”). 

Preguntas

  1. ¿Valdrá la pena entregar la vida por Jesucristo? 
  2. ¿Es el Reino de Dios mi principal motivación y tarea? 

«Amar a Dios con toda la mente» (cf. Mt 22,37): La importancia de la dimensión intelectual en la formación sacerdotal

 «Amar a Dios con toda la mente» (cf. Mt 22,37)

La importancia de la dimensión intelectual en la formación sacerdotal 

Por el seminarista Audel Teresa Barrera 

Ya en otros artículos hemos dicho que la formación sacerdotal es un proceso integral que busca configurar al seminarista con Cristo, Buen Pastor, mediante el desarrollo armónico de las dimensiones humana, espiritual, intelectual y pastoral. Sabemos que estas cuatro dimensiones, no pueden entenderse de manera aislada, sino como aspectos complementarios de una misma vocación. En esta ocasión hablaremos sobre la dimensión intelectual, la cual ocupa un lugar privilegiado, pues proporciona las herramientas necesarias para comprender, profundizar, anunciar y defender la fe en un mundo cada vez más complejo y desafiante.

La Iglesia ha insistido constantemente en que el futuro sacerdote debe poseer una sólida preparación intelectual, no como un simple requisito académico, sino como una auténtica exigencia de la misión evangelizadora. La inteligencia, iluminada por la fe, se convierte en un instrumento indispensable para el anuncio del Evangelio y el servicio al Pueblo de Dios. De ahí que podamos aplicar aquel pasaje bíblico: «amarás a Dios con toda tu mente ».

La inteligencia debe estar siempre al servicio de la fe, la fe cristiana no se opone a la razón; por el contrario, ambas se enriquecen mutuamente. San Juan Pablo II, en la encíclica Fides et Ratio, afirmó que "la fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad". Esta enseñanza constituye el fundamento de la formación intelectual en los seminarios. El estudio de la filosofía ayuda al seminarista a desarrollar un pensamiento crítico, ordenado y capaz de dialogar con las distintas corrientes culturales. Posteriormente, la teología permite profundizar en el misterio de Dios revelado en Jesucristo, ofreciendo una comprensión cada vez más madura de la Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio de la Iglesia. Los estudios en el seminario tiene la misión de hacer  que los seminaristas sean capaces de responder con sabiduría a las preguntas y desafíos de los hombres y mujeres de nuestro tiempo.

Los estudios como una respuesta a los desafíos actuales. Somos testigos de que la sociedad contemporánea presenta profundas transformaciones culturales, éticas y religiosas. El avance de la ciencia y la tecnología, la secularización, el relativismo moral, la inteligencia artificial, las nuevas formas de comunicación y el pluralismo religioso exigen sacerdotes intelectualmente preparados. Nadie puede negar que ante esta realidad espera respuestas claras y fundamentadas sobre cuestiones relacionadas con la bioética, la familia, la dignidad humana, la justicia social, el cuidado de la creación, el sentido del sufrimiento y muchos otros temas que interpelan la conciencia cristiana. Sin una formación intelectual seria, el sacerdote corre el riesgo de ofrecer respuestas superficiales o insuficientes. Por ello, el estudio se convierte en un acto de caridad pastoral: cuanto más conoce el ministro la verdad de Cristo, mejor puede comunicarla y acompañar a quienes buscan sentido para sus vidas.

Un aspecto muy importante que no podamos perder de vista es: el estudio es camino de santificación. En ocasiones puede pensarse que el estudio es únicamente una obligación académica. Sin embargo, la tradición de la Iglesia ha considerado siempre el estudio como una forma de oración y de servicio. Santo Tomás de Aquino enseñaba que el conocimiento de la verdad conduce al amor de Dios. De igual modo, san Agustín recordaba que quien ama desea conocer más profundamente a Aquel que ama. Nadie puede amar a quien no conoce. Por ello, las horas dedicadas al estudio no son un tiempo perdido para la vida espiritual, sino una oportunidad para contemplar con mayor profundidad el misterio de Dios. La lectura de la Escritura, la reflexión teológica y la investigación científica pueden convertirse en auténticos espacios de encuentro con Cristo cuando se realizan con humildad y espíritu de fe.

Nunca hay que perder de vista que la auténtica formación intelectual no consiste en acumular conocimientos, sino en permitir que la verdad transforme nuestra vida. El estudio debe traducirse en sabiduría, prudencia pastoral y capacidad para discernir la voluntad de Dios.

En el seminario no estudiamos únicamente para aprobar exámenes, sino para servir mejor a la Iglesia.  No olvidemos que el conocimiento cuando permanece unido a la humildad, la oración y la caridad, produce ministros cercanos, preparados y profundamente humanos. 

Desde el Seminario del Buen Pastor,  deseamos a todos una bendecida semana, unidos en oración.


Envejecer saludablemente

Remando juntos en Familia

ENVEJECER SALUDABLEMENTE

Pbro. Alvaro Sánchez Quevedo

Este domingo 26 de julio celebramos la VI Jornada Mundial de los Abuelos y las Personas Mayores, como dice el Papa León XIV en su mensaje: “es una oportunidad para redescubrir que la Iglesia está llamada a ser madre de todos y que en cualquier edad es posible descubrirse siempre como hijos e hijas de Dios”. Es conveniente en esta ocasión poner nuestra atención a esta etapa de la vida de todos los seres humanos, el proceso de envejecimiento es heterogéneo, continuo e irreversible.


Como dice el salmo 90 “enséñanos a calcular nuestros años, para que nuestro corazón alcance la sabiduría”, que recomendable es aprender a envejecer. Algunas personas toman una actitud de resistencia y de no aceptación al proceso natural de nuestra vida, recurriendo a las cirugías estéticas que ponen en riesgo algunas veces la propia vida y tan solo evidencian el paso del tiempo, otros de manera irresponsable intentan perpetuar un estilo de vida juvenil donde desafortunadamente tienen que pagar cuotas muy elevadas pues su organismo y sus relaciones sociales y familiares se deterioran considerablemente.

Los geriatras coinciden que cuando se entra en la etapa de convertirse en un adulto mayor, hay que poner especial atención a la alimentación, ya no se puede dar uno el lujo de comer cualquier cosa, de darse demasiado permiso a los “antojitos”, por el contrario, es necesario escuchar la voz de los expertos para conocer que tipos de alimentos son más recomendables y provechosos para un organismo de más de 60 años. Otro aspecto que recomiendan es el ejercicio regular, la persona necesita evitar a toda costa el mantener un estilo de vida sedentario. La socialización es también importante para los adultos mayores, pues en ocasiones debido a dificultades con su movilidad, a que no les resulta fácil desplazarse y salir de sus hogares, muchos de ellos permanecen casi solos viviendo en sus hogares, y su vida social queda reducida a la convivencia con sus cuidadores y si acaso a familiares y amigos que los visiten en casa.

Merece una especial atención, el señalar la importancia de fortalecer una salud emocional, algunos geriatras recomiendan no descuidar estos tres aspectos:

  1.  AUTOESTIMA: hay que tener presente que el adulto mayor por la disminución de sus actividades, la pérdida del vigor de su cuerpo, la presencia de algunas enfermedades, etc corre el riesgo de presentar una baja autoestima, consintiendo ideas de autocompasión como “pobre de mí”, “ya no sirvo para nada”, “soy una carga para mis hijos”, las cuales provocan sentimientos de tristeza. Es recomendable como familiar o amigo, motivar a la persona a que su estado de ánimo no se desestabilice con ideas negativas, que él/ella descubra que también esta etapa de la vida tiene cosas bonitas que ofrecerle. 
  2. RESILIENCIA: si todas las personas necesitamos impulsar esta capacidad para recuperarnos de situaciones difíciles, salir de crisis, de momentos complicados que se nos presentan, con mayor razón los adultos mayores, los cuales hay que motivarlos a tener un actitud resiliente ante la vida, pues tienen que enfrentar situaciones de enfermedad, la pérdida de seres queridos, la disminución de actividades en el día a día; las ciencias de la salud ratifican que la estabilidad emocional es uno de los factores que influyen para fortalecer el sistema inmunológico de todo individuo. 
  3. CAPACIDAD DE ADAPTACION: Charles Darwin observó en su investigación para formular su teoría de la evolución, que una de las características de las especies que no morían y sobrevivían, era su capacidad de adaptación, mientras el comportamiento es más rígido e intolerante a los cambios, es más propenso a sucumbir. El adulto mayor necesita fortalecer esta capacidad para adaptarse a los nuevos estilos de vida que tendrá, al tamaño de su habitación, a tener que ser acompañado para realizar algunas actividades (comer, bañarse), a la visita más frecuente al médico, a tomar medicamentos y suplementos alimenticios, a dejarse ayudar cuando ya sus fuerzas son limitadas, etc. 

El Papa Francisco en uno de sus mensajes se dirigía a los adultos mayores diciendo: “¡no tengan miedo de la fragilidad! Propiamente esta debilidad lleva consigo una nueva potencialidad que ilumina también las demás edades de la vida. De hecho, cuando es aceptada y reconocida, la fragilidad «abre el corazón a la ayuda mutua y a la invocación de Aquel que puede dar lo que ningún poder humano es capaz de garantizar”.

Pidamos por todos los adultos mayores, para que Dios les conceda Sabiduría, Paciencia, Fortaleza emocional, y experimenten la alegría de recibir el hermoso don de la vida.


La ley de la oración es...

ECOS PROVINCIALES - LA LEY DE LA ORACIÓN ES…

Pbro. Dr. Jorge Amando Vásquez Rodríguez

Neutralizar al secularismo y al relativismo es una tarea prioritaria para la Iglesia católica y en este afán se ha acarreado infinidad de enemigos que atacan de manera permanente y el desprestigio de la que es objeto se deja sentir en nuestros ambientes comunes. Pero esto, lejos de desanimar a la Iglesia, ésta no ha dejado de lado su misión especialmente desde la liturgia que cada vez debe cuidar el culto partiendo del principio Lex orandi, lex credendi, (del latín: "la ley de la oración es la ley de la fe") y este principio es totalmente válido en la actualidad.

A pesar de los muchos intentos de descuidar el culto divino y ponerlo en un segundo o tercer nivel en las prioridades de la Iglesia, conviene tomarse más en serio el papel que tiene la Iglesia de darle el culto de justicia que le corresponde a Dios. Conviene recordar lo dicho por San Pablo VI el 29 de junio de 1972, en la Basílica de San Pedro, cuando pronunció un sermón que captó la atención de millones de personas en todo el mundo, tanto católicas como no católicas. Lamentando el estado caótico de la Iglesia posterior al Vaticano II, el pontífice declaró: “A través de alguna fisura, el humo de Satanás ha entrado en el Templo de Dios”, como lo recuerda Charles Theorore Murr en su libro, Asesinato en el grado 33. La investigación de Gagnon sobre la masonería en el Vaticano, (2022). Este libro tuve la oportunidad de leerlo por recomendación de algunos amigos. Al principio me resistía a leerlo porque no es una línea de trabajo que me haya ocupado nunca, pero creo que conviene leerlo para entender el contexto que recientemente hemos vivido desde del desarrollo de la Iglesia. 

Después de una lectura rápida me quedo con la impresión que tenemos que poner mayor énfasis en lo verdaderamente medular en la Iglesia: conservar íntegro el mensaje de salvación que Dios mismo nos ha confiado a pesar de los intereses ajenos que siempre han existido a lo largo y ancho de la historia de la Iglesia. Que gran parte del desempeño eclesiástico tiene que partir de la mejor escucha de Dios, hacer mayor énfasis en la oración y cuidar con el máximo empeño el culto divino y así alejar los oscuros intereses que sean ajenos a la Iglesia misma. 

Ser conscientes de la importancia de la liturgia, -a pesar de escuchar voces aparentemente, -“autorizadas” de decir lo contrario-, nos tiene que ocupar gran parte de nuestro esfuerzo cotidiano, nuestro diario vivir, no podemos dejar de lado la Ley de la oración.

El hilo conductor del libro de Murr es la infiltración de la masonería en la Iglesia y las repercusiones que habría tenido en la celebración del Concilio Vaticano II así como su influencia en las autoridades que en gran parte lo llevaron a cabo, por eso el libro tiene el subtítulo de La investigación de Gagnon sobre la masonería en el Vaticano, (y ciertamente no leí este libro por esa curiosidad que nunca he alimentado ese tipo de literatura en mis lecturas). Informe del cual dice Murr que lo vio pero nunca tuvo acceso a él y por lo tanto sólo da pinceladas obscuras de dicho informe que fue presentado a diferentes Papas: Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II, que parece ser por la lectura del libro no tuvo repercusiones medibles lo cual ocasionó la renuncia fulminante del Gagnon que dio al traste los tres años de trabajo de sus investigaciones. 

Con respecto a quien estuvo a cargo de la reforma litúrgica que pedía el Concilio como fue el arzobispo Annibale Bugnini, el autor del libro Murr afirma que esa reforma excedía lo pedido por los padres conciliares y dice lo siguiente:

“El arzobispo Bugnini dirigió las reformas litúrgicas después del Concilio, yendo mucho más allá del mandato de los Padres Conciliares, creando de hecho nuevos ritos litúrgicos y sacramentales. Invitó a eruditos protestantes para que participaran en la “renovación” de la liturgia romana, una renovación que parece más bien una reinvención. La “experimentación” litúrgica ha sido desenfrenada, haciendo un juego de los ritos más solemnes de la Iglesia. Y él presidió esta revolución”. (Murr, p.127)

Así se consigna en el libro y señala a Bugnini en ese momento (1969) secretario de la Sagrada Congregación para el Culto, y “orgulloso arquitecto del Novus Ordo Missae (1969), la llamada “Nueva Misa”, fue destituido por vínculos con la masonería. 

Estos señalamientos son delicados porque si el Novus Ordo tiene estas características, me llama la atención que no se haya dicho o hecho algo al respecto después de casi 60 años de distancia. 

El tema de la liturgia, al ser un tema esencial dentro de la Iglesia, en estos últimos meses ha sido fuente del más reciente cisma dentro de la Iglesia católica al ser ordenados 4 obispos sin mandato pontificio, hasta ahí ha escalando la dificultad hasta ahora pendiente dentro de la Iglesia. 

El diagnóstico generalizado sobre la participación de los fieles a la Santa Misa dominical es de un claro abandono. Y se quiere justificar sobre la pervivencia del aspecto secularizado y relativista de la sociedad, pero esto sólo sería una cara de la moneda. Todos tendríamos que analizar más a fondo sobre el ser y quehacer de nuestras celebraciones. Y cuando digo todos, me refiero a todos: la jerarquía así como los fieles laicos.

La jerarquía tiene la obligación de revisar de la mejor manera las normas litúrgicas por un lado y la correcta celebración de los ritos sacramentales.

A los fieles les correspondería una participación activa, con verdadera devoción dejando de lado aspecto que no corresponden a una celebración litúrgica y evitar que esta sea todo un espectáculo musical o uso indebido de una escenografía poco decorosa que por todos lados se observa. 

No podemos perder de vista este aspecto de cuidar nuestras celebraciones litúrgicas porque es la comunicación con Dios mismo lo que debe procurase, por decir lo menos. A lo largo y ancho de las Sagradas Escrituras está presente este aspecto religioso de ofrecer sacrificios agradables a Dios uno de ellos es el Job: “Sus hijos tenían por costumbre juntarse para comer en casa de uno de ellos, por turnos; y mandaban llamar a las tres hermanas para que comieran con ellos.

5 Una vez acabados estos días de fiesta, Job los llamaba para purificarlos; al día siguiente, de madrugada, ofrecía un holocausto por cada uno de ellos, pues pensaba que a lo mejor habían pecado maldiciendo a Dios en su interior. Siempre hacía lo mismo”. (Job, 1, 4-5)

Las citas podrían multiplicarse por cientos sobre la importancia del culto a Dios para la purificación, y nuestra sociedad no está tan lejos de hacer lo mismo.